A pocos días del 8 de marzo, cuando el espacio público vuelve a ser un lugar para recordar a las mujeres que faltan, resulta indispensable hablar de Sofía Salgado. No se hará desde la lástima, sino desde el reconocimiento absoluto a una mujer, madre, fotógrafa, activista y poeta que ha transformado la herida más profunda en una trinchera de resistencia comunitaria.
Para entender la inmensidad de su fuerza, hay que mirar el universo que le fue fracturado y escuchar la voz que ha construido desde el dolor. Sofía compartió un recuerdo que atraviesa el pecho: «Tuve gemelas, Zoe fue la segunda, la más pequeña y vulnerable de salud, y desde que nació se aferró a la vida; por eso la llamé Zoe, que significa llena de vida». Era la mitad de un latido compartido, una chispa expansiva de apenas 17 años.

La crueldad que fracturó su universo
El 19 de enero de 2024, la vida de Sofía habitaba uno de los instantes de mayor luz, pues atravesaba el posparto arrullando a su tercer hijo. Justo en ese momento de dar vida, la crueldad machista le arrebató a Zoe; dos hombres de la confianza de su hija, Gael R. y Omar T., la drogaron, abusaron de ella, la grabaron para exhibir el horror y, finalmente, la asesinaron.
El contraste hiela la sangre al pensar que, mientras una madre sostenía a su bebé en brazos, a su hija le arrancaban el futuro.
De acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), durante 2025 cada día fueron asesinadas siete mujeres y 34 más desaparecieron en México. Esta es una realidad asfixiante que recuerda a diario el peligro latente, pues se registraron en promedio 230 delitos contra las mujeres cada hora.
Hoy, los dos implicados en el feminicidio se encuentran detenidos. Sin embargo, a pesar de estar bajo custodia, el aparato de justicia sigue inerte y todavía no se puede llevar a cabo un juicio para dictarles sentencia. Es claro que tener a los agresores tras las rejas no es sinónimo de justicia; por ello, la vigilancia de este proceso legal debe ser un acto permanente y colectivo.

Las cuatro fotografías como salvavidas
Frente a un abismo de este tamaño, el duelo paraliza y asfixia; no obstante, para Sofía la cámara se convirtió en el único salvavidas posible.
Este proceso no empezó de golpe, sino que nació en la intimidad más cruda con una serie inicial de cuatro fotografías donde sale su bebé de fondo. Estas primeras imágenes fueron el motor que detonó todo su camino de sanación y memoria, mostrando a Sofía recostada y transitando el luto más denso bajo la mirada pura de su recién nacido. Sentir el abrazo incondicional de sus hijos y aferrarse a ellos fue lo que le impidió rendirse.

El caos en la realidad y la construcción de la memoria
Toda esta exploración desembocó en la exposición fotográfica El caos en la realidad, llamada así en honor a un tatuaje que Zoe llevaba en el cuello con la palabra «caos». Fue una huella de amor tan feroz que, hoy en día, sus amigas más cercanas también llevan en la piel para demostrar que su caos no era destrucción, sino una energía vital inextinguible que se mantiene como pura resistencia.
El pasado 19 de febrero, al cumplirse dos años y un mes del feminicidio, la muestra fue inaugurada por Sofía, quien es estudiante de comunicación y cultura en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), plantel Centro Histórico. Dicho evento se realizó en conjunto con el colectivo Chilango Izquierda Roja, del cual ella también es miembro.
Durante ese día inaugural, la memoria se desbordó. Además de la exposición, se presentaron los documentales visual y sonoro, acompañados por un poderoso performance a cargo del colectivo Hijas de la Cihuacoatl.
A su vez, la exposición fotográfica funciona como el espacio matriz que integra el resto de la experiencia colectiva. En ella se reúnen carteles, pañuelos, cartas de tarot, flores y diversos elementos que familiares, amistades y quienes compartieron su vida donaron para acuerpar la obra visual.

Un recorrido por la memoria viva
Al recorrer la muestra, destaca una fotografía en la que un símbolo feminista abraza el rostro de Zoe, tomada durante la marcha del 8M junto al colectivo feminista de la universidad. La imagen captura la primera vez que Sofi volvió a protestar tras perderla. Es profundamente impactante estar ahí, entre la fuerza de las consignas y el dolor colectivo; como ella misma comparte: «Fue un momento durísimo; en esas mismas calles siempre me la encontraba cuando se saltaba las clases para ir a protestar». Zoe siempre estaba ahí exigiendo justicia por otras, y hoy es la sociedad la que debe exigir justicia por ella.
También destacan los autorretratos de Sofi, donde la desnudez de su alma queda expuesta a través de la narrativa visual. Sus ojos operan como un espejo poético que mezcla la tristeza más honda con una fuerza inquebrantable.
Acompañan este recorrido las fotos de los tatuajes de sus amistades y las dolorosas imágenes de sus visitas al panteón, donde su hermanito menor le deja flores. El contraste se agudiza con otras fotografías capturadas en casa, en las que el pequeño aparece jugando inocentemente con un retrato de Zoe. Es una escena que asfixia y rompe el corazón, pues él no la conoció en vida y definitivamente no merecía heredar esta ausencia.

Documental sonoro: Yo soy Zoe
La exigencia también tomó forma a través del documental sonoro Yo soy Zoe, el cual fue la primera pieza presentada durante la inauguración universitaria. Algo sumamente poderoso de este trabajo es que surgió como parte de una tarea para la clase de radio de Sofía, demostrando que el aula también es una trinchera fundamental para construir memoria y no soltar la exigencia.
Un detalle que vuelve a esta pieza aún más profunda y conmovedora es que a lo largo del documental se puede escuchar la propia voz de Zoe. Esta obra fue creada por el equipo Acti-voces y cuenta con la participación de:
- Sofía Salgado: guion y voz.
- Luz Silva: investigación.
- Lucero Rodríguez: edición y entrevista.
- Joel: edición.

Documental visual: La mancha de petróleo
Posteriormente se proyectó el documental visual Quiénes se quedan, dirigido por Sofía Pontiroli, con la producción de Sebastián Lara y la asistencia de producción de Laura Buconi. Este trabajo explora el impacto expansivo de la violencia machista y le da voz a las familias que buscan preservar la memoria de quienes les fueron arrebatadas.
A través de la pantalla, se entrelazan las historias de los siguientes protagonistas:
- Gibrán Gómez, hijo de Belén Gómez, víctima de feminicidio.
- Silvia Vargas, madre de María Fernanda Rico Vargas, víctima de feminicidio.
- Sofía Salgado, madre de Zoe Salgado, víctima de feminicidio.
A estos desgarradores testimonios se suma la propia voz de la directora. Al relatar el caso de su vecina Montse, también víctima de feminicidio, Pontiroli comparte cómo esta pérdida la marcó profundamente y lanza una reflexión dolorosa y certera: «Un feminicidio es como una mancha de petróleo, salpica en muchas vidas».
Esta brutal verdad confirma que el feminicidio nunca es un evento aislado, sino una violencia que se filtra por todas las grietas del entorno. Frente a esta realidad, la memoria obliga a la sociedad a acuerpar el dolor, a limpiar el desastre en colectivo y a transformar esa oscuridad en un fuego que exija justicia.

Próximas proyecciones y espacios
Para evitar que el Estado gane la batalla del olvido, el arte se levanta como un altavoz irrompible y la ruta para acompañar a la familia ya está trazada mediante distintos formatos. La exigencia tomará los siguientes espacios:
- Domingo 22 de febrero a las 17:00 horas: evento en la librería U-Tópicas (entrada con cooperación voluntaria). Además de la proyección del documental visual Quiénes se quedan, el espacio contará con la exposición fotográfica, el documental sonoro y una sesión de preguntas y respuestas con los protagonistas del documental.
- Del 5 de marzo al 5 de abril: temporada de la exposición fotográfica El caos en la realidad en el Museo de la Mujer. La inauguración oficial será el jueves 5 de marzo a las 12:00 horas, contando con la obra de Sofía Salgado y la presentación a cargo de la Dra. Raquel Salgado, representante de la FEMU y la Escuela Feminista de Comunicación.
- Jueves 5 de marzo a las 13:00 horas: presentación presencial del documental sonoro Yo soy Zoe, el cual formará parte de la obra expuesta de forma continua en el Museo de la Mujer. También será presentado por la Dra. Raquel Salgado.
- Sábado 28 de marzo a las 16:00 horas: nueva proyección presencial del documental Quiénes se quedan en el Museo de la Mujer. Esta función contará con presentaciones especiales.
Estos lugares se encuentran en:
- Librería U-Tópicas: Felipe Carrillo Puerto 60, Coyoacán, 04000 Ciudad de México, CDMX.
- Museo de la Mujer: República de Bolivia, Número 17, Colonia Centro (área 3), C.P. 06020, entre República de Argentina y República de Brasil, Centro Histórico de la Ciudad de México.

Acuerpar la memoria: un llamado a la justicia colectiva
Estar presente en estos espacios es un acto de resistencia para acuerpar a las familias. Es mantener viva la exigencia de un juicio inmediato contra los responsables del feminicidio de Zoe y recordarle al sistema judicial que la impunidad no tiene lugar aquí.
Al final, asistir es abrazar a Sofía, pero también es acompañar a Silvia, a Gibrán y a todas las personas que enfrentan estas ausencias; es alzar la voz por Belén, María Fernanda, Montse y por cada víctima de feminicidio. Es sostener el caos hermoso de Zoe, demostrando que la memoria colectiva sigue viva y que la exigencia de justicia es para todas.
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