El conflicto en Medio Oriente iniciado el 28 de febrero entre Estados Unidos, Israel e Irán disparó los precios internacionales del petróleo que podrían provocar nuevos «gasolinazos» en México.
Al 8 de marzo, el crudo de referencia WTI subió 60% y el Brent 49%, ambos por encima de los 100 dólares por barril.
En tanto, la Mezcla Mexicana de Exportación (MME) aumentó 30%, alcanzando niveles por arriba de 80 dólares por barril no vistos desde enero de 2025.
Este repunte recuerda al shock de 2022, cuando la invasión de Rusia a Ucrania llevó al crudo a superar rápidamente los 100 dólares por barril.
Impacto en México
Un mayor precio del petróleo genera ingresos adicionales para el gobierno federal.
Según el Paquete Económico 2026, cada dólar extra en el precio del crudo representa cerca de 11.6 mil millones de pesos adicionales.
Sin embargo, este beneficio puede diluirse si se activan estímulos fiscales al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) para contener el precio de las gasolinas.
En 2022, los apoyos fiscales costaron 395.4 mil millones de pesos, prácticamente anulando los ingresos adicionales por petróleo.
Posibles medidas del gobierno
La presidenta Claudia Sheinbaum adelantó que su administración analiza aplicar estímulos fiscales para evitar aumentos abruptos en los combustibles.
Recordó que este mecanismo fue utilizado en 2022 por el expresidente Andrés Manuel López Obrador, tras contener un posible “gasolinazo” tras la volatilidad en el mercado petrolero tras la invasión de Rusia a Ucrania.
Además, el gobierno federal firmó un acuerdo con gasolineras para mantener estable el precio de la gasolina Magna en 24 pesos por litro, lo que en términos reales implicaría una disminución al considerar la inflación.
Riesgos fiscales
De aplicarse estímulos amplios al IEPS, los ingresos presupuestarios podrían reducirse significativamente.
En escenarios de apoyo sostenido, el déficit público podría elevarse hasta 5.3% del Producto Interno Bruto (PIB) PIB en 2026, presionando la deuda y los requerimientos financieros del sector público.
Así, el repunte del petróleo abre una disyuntiva para México: aprovechar mayores ingresos petroleros o destinarlos a subsidios que eviten gasolinazos.
La decisión dependerá de la estrategia fiscal y energética que adopte el gobierno en las próximas semanas.






