En Yucatán, aqueólogos descubrieron una estructura rectangular que habría funcionado como espacio de reunión comunitaria hace más de dos mil años, acompañada de ofrendas fundacionales vinculadas con la fertilidad, la abundancia y el sustento.
El hallazgo ocurrió en la localidad de Yaxché de Peón, en el municipio de Ucú, en Yucatán, y ofrece nuevas pistas sobre el pensamiento simbólico y la organización sociopolítica de las poblaciones mayas durante el periodo Preclásico Medio y Tardío (1000 a.C.–250 d.C.).
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Una estructura que reunía a la comunidad
Los especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) denominaron a la construcción descubierta Monumento TC_17294.
Se trata de una plataforma rectangular de 14 metros de largo por 10.8 metros de ancho, con una elevación de apenas 45 centímetros, edificada en un solo momento constructivo.
A diferencia de otras estructuras mayas, no presenta restos de edificaciones habitacionales encima, lo que sugiere que su función era distinta.
Su diseño abierto permitía el acceso desde cualquiera de sus lados, lo que lleva a los especialistas a considerar que sería un espacio semipúblico destinado a asambleas comunitarias o ceremonias colectivas.
Este tipo de espacios habría servido para fortalecer la cohesión social y la toma de decisiones dentro de la comunidad, según explican los arqueólogos del proyecto.
Ofrendas fundacionales bajo la estructura
Durante las excavaciones, el equipo arqueológico localizó dos contextos rituales colocados antes de la construcción, lo que indica que el lugar se consagró mediante ofrendas antes de erigir la plataforma.
En el primero de ellos se encontró una vasija fragmentada con forma de calabaza, depositada a 1.10 metros de profundidad. En la cosmovisión mesoamericana, la calabaza está asociada con la fertilidad, la agricultura y el sustento, lo que sugiere que la comunidad que habitó el lugar tenía una fuerte base agrícola.
También apareció un depósito en la roca madre, que contenía restos óseos, posiblemente de venado, fragmentos cerámicos y un fragmento de caracol marino.
La arqueóloga Susana Echeverría Castillo, coordinadora del proyecto, explicó que el uso de cavidades naturales para depositar ofrendas era una práctica ritual que vinculaba el mundo terrenal con el inframundo, uno de los principios fundamentales del pensamiento religioso maya.
Además, los restos de venado encontrados en el depósito refuerzan su valor simbólico.
“La presencia de restos de venado sugiere implicaciones simbólicas de la vinculación del animal en el pensamiento maya, como un ser conectado con la vivencia humana, señor de los montes y dador de bienestar al ser humano”, explicó Echeverría Castillo.
Evidencias del inicio de la vida comunitaria
Un segundo depósito ritual se localizó aproximadamente un metro al oeste del primero, con cerámica del periodo Preclásico Medio/Tardío, restos óseos de venado y una cuenta circular de piedra caliza.
Para los especialistas, la combinación de elementos asociados con fauna, agricultura y ofrendas cerámicas indica que el espacio deliberadamente se consagró antes de su construcción, en un acto simbólico que marcaba el inicio de la vida comunitaria en ese sector.
La secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza, destacó que este tipo de hallazgos permiten profundizar en la historia de las civilizaciones mesoamericanas.
“Cada hallazgo arqueológico nos permite comprender mejor la profundidad histórica de las culturas que dieron forma a este territorio”, señaló.
Hallazgo ligado a trabajos del Tren Maya
El descubrimiento se realizó el 21 de enero de 2026 como parte del Proyecto de Salvamento Arqueológico del Libramiento Ferroviario Multimodal Mérida–Progreso, vinculado al Tren Maya.
Las investigaciones comenzaron en junio de 2025 y continuarán hasta mediados de 2026, bajo la dirección del arqueólogo Manuel Pérez Rivas, con un equipo conformado por especialistas como Ricardo Antorcha Pedemonte y Luis Ángel Hernández Libreros.
De acuerdo con el INAH, este hallazgo contribuirá a comprender mejor el uso del espacio y las actividades que definieron los primeros conjuntos arquitectónicos comunitarios del mundo maya, ofreciendo nuevas claves sobre cómo se organizaban social y simbólicamente estas antiguas poblaciones.






