Aunque Michoacán tiene mil 800 sitios arqueológicos registrados, sólo seis zonas están abiertas al público y adaptadas para visitas turísticas.
Estas zonas destacan por su arquitectura purépecha, incluyendo yácatas (pirámides mixtas) y estructuras circulares, siendo el principal testimonio del imperio Purépecha.
Semana Santa es el pretexto inmediato para disfrutar del turismo cultural del estado y su legado de misticismo e historia.
Entre los principales sitios que se pueden visitar están la zona arqueológica de Tzintzuntzan, antigua capital del imperio purépecha y famosa por sus yácatas redondas.

También Ihuatzio, que con sus pirámides rectangulares, es uno de los centros ceremoniales más importantes de la región lacustre; Tingambato, que destaca por su traza urbana como las de Teotihuacán; así como las zonas arqueológicas de Huandacareo La Nopalera.
Y más…
Asimismo, los “Tres Cerritos”, uno de los pocos asentamientos excavados de manera sistemática en la cuenca de Cuitzeo.
Su apertura al público es resultado de más de 10 años de trabajos, que iniciaron en 1984 encabezados por la arqueóloga Angelina Macías.
Los datos obtenidos en este lugar han contribuido de manera significativa a comprender diversas etapas a nivel regional.
Es un sitio de arquitectura sobria que se caracteriza por plataformas de baja elevación construidas con núcleos de tierra y piedra, con muros que no presentan elementos decorativos, aunque en algunos casos se observan petrograbados adosados.
Durante los trabajos de exploración, en el Montículo 3 se localizaron algunos muros que simulaban el talud-tablero teotihuacano, pero se trata de un ejemplo aislado.
Otros espacios
Finalmente, en el oriente de la entidad está San Felipe de los Alzati, en el municipio de Zitácuaro, importante puesto de vigilancia y protección del territorio purépecha en la frontera con los mexicas, poblado ahí por otomíes, sus aliados, y ubicado en la cima del cerro Zirahuato y montañas adyacentes.

Floreció durante los siglos VIII al XV de nuestra era y formó parte de la misma cultura que se asentó en el valle de Toluca: la matlatzinca.
Fuentes históricas, entre ellas la Historia antigua de México del jesuita Francisco Javier Clavijero, mencionan que esta región fue ocupada por dicho grupo, y la arqueología lo ha constatado.
Por ello, el sitio no presenta los rasgos arquitectónicos característicos del área tarasca, como Tzintzuntzan e Ihuatzio, donde existen pirámides edificadas a base de cuerpos superpuestos con escalinatas al centro que conducen a plazas en diferentes desniveles.
Durante su época de esplendor, esta zona arqueológica ocupó una superficie de 52 hectáreas que se extienden más allá del área visitable, lo que la hace hasta ahora la más importante del oriente en el estado de Michoacán.

Además, es el único sitio abierto al público por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en esta área, cuya ubicación geográfica fue determinante en su momento dentro de la Mesoamérica precolombina.
Estos sitios arqueológicos permiten conocer la organización social, política y religiosa de las antiguas civilizaciones que habitaron el territorio michoacano, a través de recorridos culturales que conectan a los visitantes con la historia viva de la entidad.
Sectur Michoacán informó que, de manera general, las zonas arqueológicas abiertas al público en el estado cuentan con un horario de visita de martes a domingo de 9:00 a 17:00 horas.
La visita a estos espacios impulsa el turismo cultural y genera beneficios económicos en las comunidades cercanas, donde también se puede disfrutar de artesanías, gastronomía y tradiciones.
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