El déficit de maestros en Chiapas alcanza 10 mil plazas, de las cuales 5 mil 800 corresponden a educación indígena, una carencia que profundiza el rezago educativo en comunidades rurales y limita la formación básica de miles de niñas y niños.
Esta falta de maestros se combina con carencias estructurales en las escuelas, lo que impacta directamente en el aprendizaje. De acuerdo con estudios del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), tres de cada diez alumnos no desarrollan plenamente habilidades de lectura y escritura al concluir la primaria.
La situación es particularmente crítica en los Altos de Chiapas. Los docentes señalan que en esa región las condiciones de enseñanza difieren notablemente de las zonas urbanas, debido a limitaciones de infraestructura, recursos y acceso a servicios básicos.
Interinos cubren déficit de maestros en Chiapas
Ante la falta de plazas formales, las autoridades educativas recurren a docentes interinos para cubrir temporalmente la demanda. Sin embargo, estos maestros enfrentan retrasos prolongados en sus pagos, lo que complica su permanencia en las comunidades.
De acuerdo con testimonios recabados, algunos docentes reciben su salario hasta un año después. En otros casos los pagos pueden tardar dos o tres años, periodo durante el cual el ingreso pierde valor por la inflación.
Esta situación obliga a los maestros a sostener sus gastos sin ingresos regulares. Los docentes deben cubrir transporte, hospedaje y alimentación, con costos que oscilan entre 500 y 600 pesos semanales solo en pasajes, dependiendo de la distancia hacia las comunidades.
La falta de pagos oportunos provoca que algunos maestros abandonen sus funciones, lo que deja grupos sin atención y genera interrupciones constantes en el ciclo escolar.
Escuelas sin condiciones mínimas

El rezago educativo también se refleja en la falta de infraestructura básica. En diversas comunidades, las escuelas carecen de pizarrones, sillas o bancas, lo que dificulta el desarrollo de las actividades educativas.
Los apoyos institucionales suelen concentrarse en planteles cercanos a cabeceras municipales, mientras que las comunidades más alejadas continúan con recursos limitados. Esa condición amplía la brecha educativa entre zonas urbanas y rurales.
Esta falta de continuidad y condiciones adecuadas repercute directamente en el aprendizaje. Apenas 50 por ciento de los estudiantes logra desarrollar habilidades básicas de comprensión lectora al concluir la primaria, según los testimonios de docentes.
Trabajo infantil y pobreza profundizan el rezago
A las dificultades educativas se suma el contexto económico de las familias indígenas. En comunidades agrícolas, niñas y niños comienzan a participar en actividades del campo desde edades tempranas, lo que reduce su permanencia escolar.
Docentes consultados señalan que, a partir de tercer grado, algunos estudiantes se integran al trabajo agrícola familiar. Advierten que tal situación incrementa el abandono escolar y dificulta la continuidad educativa.
Agregan también que el déficit docente, la precariedad laboral, la falta de infraestructura y las condiciones socioeconómicas configuran un rezago estructural que afecta a múltiples comunidades indígenas de Chiapas, particularmente en las zonas más alejadas.
Concluyen que, sin medidas de contratación, inversión en infraestructura y regularización laboral, el sistema educativo indígena en la entidad enfrenta el riesgo de profundizar la desigualdad educativa y limitar el desarrollo de nuevas generaciones.
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