Como médico, a menudo me encuentro con un perfil de paciente que recorre un auténtico laberinto de especialistas. Son personas que llegan agotadas, con una caída de cabello inexplicable, la piel irritada o hinchazón abdominal. Han probado suplementos, han cambiado su dieta y se han hecho análisis donde, aparentemente, “todo está bien”.
Sin embargo, tras años de observación, he detectado un patrón que suele pasar desapercibido: el origen no está en la falta de sueño ni en el estrés por sí solo, sino en un estómago que ha dejado de trabajar a pleno rendimiento.
Hablemos de la hipoclorhidria o, dicho de forma sencilla, de la baja producción de ácido en el estómago. Aunque suene a término técnico y lejano, es una condición mucho más común de lo que imaginamos.
El origen de tu cansancio
El estómago no es solo un depósito; es el laboratorio principal de nuestro cuerpo. Cuando la acidez es insuficiente, el “portero” de nuestra digestión se queda dormido y las consecuencias se sienten en todo el organismo:
-El cansancio que no cesa: sin ácido, el hierro se absorbe con dificultad. Aparece esa anemia resistente o ese cansancio que no se quita ni durmiendo diez horas.
-La niebla mental: la vitamina B12 necesita el entorno ácido para liberarse de los alimentos. Si falla, llegan los despistes, los hormigueos y esa sensación de cabeza nublada.
-Huesos y músculos débiles: minerales esenciales como el calcio y el magnesio se aprovechan mucho menos.
Pero el problema va más allá de la nutrición. El ácido es nuestra primera barrera de defensa. Si el estómago no es lo suficientemente ácido, permitimos que bacterias que deberían vivir en el colon “suban” al intestino delgado (provocando los incómodos gases e hinchazón), o que microorganismos como el H. pylori o la Cándida se instalen a sus anchas.
Sigue…
Lo más curioso es que los síntomas a veces no parecen digestivos. Uñas frágiles, rosácea, acné rebelde o una caída de cabello persistente pueden ser la señal de socorro de un sistema digestivo que no está procesando lo que ingerimos.
¿Por qué perdemos nuestra capacidad digestiva? No hay una sola causa, pero el estilo de vida moderno es el principal sospechoso. El estrés crónico (que desconecta el sistema digestivo para priorizar la “supervivencia”), el propio proceso de envejecimiento, el uso prolongado y sin control de protectores gástricos como el omeprazol, o dietas muy pobres en nutrientes esenciales, van apagando nuestro fuego digestivo.
Si te has reconocido en estas líneas, lo primero es no resignarse. Mi recomendación es siempre consultar a un profesional para realizar pruebas de función gástrica y detectar posibles déficits. Mientras tanto, podemos empezar a despertar el estómago con gestos sencillos, pero poderosos: recuperar el ritual de comer, masticar despacio, evitar las comidas copiosas, escuchar al cuerpo para identificar qué alimentos nos dejan sensación de pesadez excesiva; no acostarnos inmediatamente después y gestionar el estrés con respiraciones profundas —antes de empezar a comer—, para cambiar nuestra respuesta química digestiva.
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En definitiva, debemos dejar de poner parches a los síntomas y empezar a mirar a la raíz. No todo cansancio es anemia, no todo gas es colon irritable y no toda piel inflamada es alergia. A veces, el estómago tiene mucho más que decir de lo que imaginamos. Solo tenemos que aprender a escucharlo.
¿Quién es el Dr. Luis Montel ?
es especialista en medicina deportiva, traumatología, estética, nutrición y anti-envejecimiento. Autor del libro “Los tres reinos de la longevidad: sexo, alimentación y estilos de vida”. www.DrLuisMontel.com






