• Nosotros
  • Contacto
  • Directorio
  • Aviso de Privacidad
Sin Resultados
Ver todos los resultados
AMEXI
  • Nacional
  • Voz Laboral
  • Exclusivas
  • Estados
  • Internacional
  • Economía
  • Deportes
  • Espectáculos
  • Cultura
  • Vida y Estilo
  • Opinión
  • Multimedia
    • Fotogalería
    • Infografía
    • Video
Writy.
  • Nacional
  • Voz Laboral
  • Exclusivas
  • Estados
  • Internacional
  • Economía
  • Deportes
  • Espectáculos
  • Cultura
  • Vida y Estilo
  • Opinión
  • Multimedia
    • Fotogalería
    • Infografía
    • Video
Sin Resultados
Ver todos los resultados
AMEXI
Sin Resultados
Ver todos los resultados

A la Madre

Flores para unas, palas para otras

Iris Bringas Por Iris Bringas
10 de mayo de 2026
En Un guijarro en mi bota
“A la madre”, imagen diseñada por Iris Bringas a través de IA

“A la madre”, imagen diseñada por Iris Bringas a través de IA

CompartirCompartirCompartir

A la Madre
Flores para unas, palas para otras

Iris Bringas

C

ada 10 de mayo, el país despierta convencido de que ama profundamente a las madres, siempre y cuando no tenga que escucharlas demasiado, pagarles cuidados, garantizarles salud, buscar a sus hijos, acompañarlas en la vejez o hacerse cargo de su cansancio. Es una fecha eficaz para cubrir omisiones con flores, desayuno buffet para maquillar ausencias, mariachi para silenciar reclamos, electrodomésticos para recordarles con moño que su lugar sigue estando peligrosamente cerca de la cocina.

Te Puede Interesar

Ritual Sacrifice en Teotihuacán

Ritual Sacrifice en Teotihuacán

26 de abril de 2026
Muerte digna. Para decidir sobre tu cuerpo, hay que esperar. Imagen diseñada por Iris Bringas, generada a través de I.A.

Muerte digna en un país que no puede garantizar una vida digna

12 de abril de 2026

México no celebra a las madres realmente, las sube a un pedestal una vez al año, para poder explotarlas los otros trescientos sesenta y cuatro días, con la conciencia tranquila. Se les dice “reinas” para no llamarlas trabajadoras, cuidadoras, enfermeras, sostén emocional, administradoras del dolor ajeno, archivistas médicas, buscadoras, sobrevivientes, abandonadas o mujeres exhaustas. La madre mexicana es una de las instituciones más eficientes del país que trabaja sin salario, no se jubila, no demanda prestaciones y todavía agradece las flores.

La “madrecita santa” no es sólo una figura cultural, es un método de control finísimo, instalado en las tradiciones nacionales, a la madre se le ha construido un altar, para que no pueda bajarse de él. Desde ahí debe sonreír, perdonar, cocinar, cuidar, callar, resistir, envejecer sin molestar, enfermar sin estorbar y morir, si es posible, dejando todo en orden y con las sábanas limpias. Cualquier desviación del guión se castiga: Si se cansa, es una ingrata; si exige, es conflictiva; si abandona, es monstruosa; si desea algo para sí misma, es egoísta; si no puede más, “le falta amor”.

Y aprovecho para dejar por aquí esta canción de Can, escrita en 1970 “Mother Sky” 

“Yo digo que la locura es más pura que la madre cielo”

Pero también hay otra incomodidad que casi nadie quiere tocar el 10 de mayo, quizá porque rompe la vajilla sentimental de la casa; no toda madre es santa por haber parido, la maternidad no vuelve noble a una mujer de manera automática, no la absuelve, no la purifica, no le entrega certificado de bondad vitalicia. Una madre también puede encubrir, justificar, violentar, manipular, destruir o convertir a sus hijos en propiedad emocional. Reconocerlo no es atacar a las madres, pero existe una gran diversidad de maternidades que es preciso exponer como humanidad completa. Y la humanidad completa incluye luz, sombra, ternura, rabia, cobardía, deseo, mezquindad, grandeza y a veces crimen.

La “madrecita santa” funciona muy bien mientras conviene. Sirve para exigir sacrificio, pero también para evitar preguntas. Porque si toda madre es sagrada, entonces ¿cómo se nombra a la madre que recibe dinero mal habido y decide no preguntar?, ¿a la que sabe que su hijo roba y lo justifica porque “anda en malos pasos, pero es buen muchacho”?, ¿a la que culpa a la víctima porque se defendió?,  ¿a la que convierte el delito del hijo en travesura familiar?, ¿a la que llora más la consecuencia penal, que el daño causado?, a la que expone —con esa lógica retorcida que parece chiste pero es síntoma social— argumentos como; “mi hijo sólo quería robarte y tú lo mataste”, “él sólo había salido temprano a asaltar como todos los días, no le hacía daño a nadie y me lo mataron”. Tenemos hogares donde el delito cuenta con lavandería emocional.

No hablo únicamente de madres pobres, porque la pobreza del alma, se puede encontrar en una vecindad o en una mansión.

El caso de Carolina Flores Gómez es una herida recientemente abierta. Ex reina de belleza, de 27 años, madre de un bebé; fue asesinada en abril, en un departamento de Polanco. Su suegra, Érika María Herrera, fue detenida en Venezuela tras una ficha roja de Interpol, señalada como “presunta responsable del delito”. El caso se investiga como “feminicidio”; distintos reportes periodísticos han señalado la existencia de vídeo de una cámara de bebé. La escena, expone a una madre que no soporta que otra mujer exista en la vida de su hijo, una suegra que no mira a la nuera como persona, sino como intrusa; una maternidad convertida en posesión: “Tu familia es mía, tú eres mío…” Se alcanza a escuchar en el vídeo.

Quise poner en primer punto esta forma de maternidad, debido a que es parte de nuestra realidad, pero sigamos con el Día de las Madres, hablando de las madres que cuidan en silencio, de las madres buscadoras, de las madres enfermas, de las madres en precariedad, de las madres viejas, de las madres solas o abandonadas. Aunque me fue imposible no dejar de mencionar a aquellas que dañan y luego se persignan frente a la Virgen, creen que su hijo puede destruir la vida de otros porque “es su niño”, y convierten la maternidad en coartada moral. 

Ser madre no quiere decir dejar de ser mujer, y tras el festejo del día de la madre, existe una verdad muy incómoda de desigualdad social que viven las mujeres en nuestro país. Y pese a que las mujeres están impulsando grandes cambios, aún hace falta congruencia. 

 Antes de pasar a la siguiente parte, quiero poner por aquí esta canción de Kate Bush “This Woman’s Work” 

 Cuidar de los otros y de la casa es igual a maternar

 En México, de acuerdo con el INEGI, en el cuarto trimestre de 2023, había 38 millones, 459 mil, 122 mujeres de 15 años y más, que eran madres; siete de cada diez mujeres de ese grupo, habían tenido al menos una hija o un hijo. Tres de cada diez madres eran, además, jefas de hogar.

No estamos hablando de una estampa familiar, estamos hablando de una columna vertebral social, y esa estructura sostiene el país, sin que el país le pague factura.

En 2024, el valor económico del trabajo no remunerado en labores domésticas y de cuidados, ascendió a 8 billones de pesos, equivalente a 23.9% del PIB nacional. Las mujeres aportaron 72.6 % de ese valor, mientras los hombres aportaron 27.4 %. Dicho de otro modo; si las mujeres dejaran de cuidar, limpiar, acompañar, cocinar, bañar, curar, trasladar, atender, administrar y sostener la vida ajena, el país descubriría en veinticuatro horas que su economía ha tenido delantal.

«Pero claro, decir “delantal” no cotiza en la bolsa, tampoco cotizan las siguientes expresiones, pero son de lo más dolorosamente comunes en el sexo femenino cuando hablamos de temas de salud; “me quedé despierta toda la noche”, “acompañé a mi madre al hospital”, “no entendí lo que el médico no explicó”,  “hice fila en ventanilla”, “pedí el expediente y no me lo quieren dar”, “firmé el consentimiento con muchas dudas”, “no comí por estar esperando”, “dormí en una silla”,  “me bañé con culpa por usar el baño de un hospital sin permiso” o  “me volví adulta frente a una camilla”.

Una aprende mucho de un país en la sala de espera de un hospital o cuidando de un familiar

Se aprende que la palabra “madre” se pronuncia con ternura en los restaurantes, pero con prisa en los pasillos de un hospital. Que una madre enferma deja de ser “la reina del hogar”, para convertirse en expediente, cama, turno, diagnóstico, consentimiento, interconsulta, familiar responsable, indicación incompleta y “espere a que pase el médico”. Se aprende que los sistemas de salud no siempre tratan cuerpos, administran récords de beneficiarios, atendidos bien o mal, pero inflan la estadística de “efectividad suficiente”.

Esto lo digo desde una experiencia reciente, con mi propia madre internada, hay dolores que no se narran completos porque todavía están ocurriendo, pero basta una escena como la de muchas que pasarán el día de madres, con una familia intentando entender, preguntar, sostener, acompañar, traducir tecnicismos, exigir información clara. Vamos, no dejar sola a la mujer que alguna vez sostuvo a todos. Ahí, en esa sala de espera,  en esas sillas que calan, en esas habitaciones frías e inhóspitas; una hija descubre que a veces la maternidad se invierte y una empieza a maternar a quien la amamantó, porque la circunstancia implica cuidado y el cuidado de un ser vulnerable, siempre se asocia innegablemente a la madre.

Y eso también debería tener nombre público, este tipo de circunstancias no se tratan de “ayuda” o de ser “buena hija”, tampoco del “así toca”. Es trabajo de cuidado en el que te vas especializando, es ayudar a las y los enfermeros, es estar atento a cada paso, verificando que todos tengan la misma información y no cometan errores, es cargar con el trabajo de camilleros, es sostener el sistema de salud desde dentro, porque está más que colapsado, hasta en los mejores hospitales. Eso se traduce en desgaste físico, costo emocional, tiempo no remunerado, salud que se deteriora mientras cuidas la salud de tu ser querido. Hablo de una hija aprendiendo a no derrumbarse, porque alguien tiene que preguntar por el siguiente trámite. Y como este caso que encarno, hay millones de personas en los hospitales públicos y privados de nuestro país, tantos que está normalizado por las instituciones.»

El INEGI registró, en la Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados 2022, 31.7 millones de personas cuidadoras de integrantes del hogar u otros hogares. De las personas cuidadoras principales dentro del hogar, 86.9 % eran mujeres. Para niñas y niños de 0 a 5 años, la madre era cuidadora principal en 86.3 % de los casos; para personas con discapacidad o dependencia, la hija aparecía como cuidadora principal en 33.8 %, seguida por la madre en 30.7%.

Ahí está la genealogía completa de la trampa, madres cuidando hijos, hijas cuidando madres, mujeres cuidando a todos mientras el Estado aprende a pronunciar “sistema de cuidados”, con la misma velocidad con la que lo posterga. 

Consumismo de a madres

Los números, que no suelen ser sentimentales, salvo cuando se usan en campaña, confirman la magnitud del altar comercial instalado en nuestro país. Para este 10 de mayo de 2026, CONCANACO SERVYTUR, estima una derrama económica nacional cercana a 94 mil, millones de pesos, 7% más que en 2025, con un gasto promedio cercano a los 2 mil pesos por persona. La celebración se mantiene como la tercera fecha de mayor impacto económico del año, sólo detrás de la temporada decembrina y El Buen Fin. Es decir; la madre mexicana no sólo sostiene el hogar, también sostiene el calendario comercial. 

La lista de giros beneficiados, parece inventario de culpa envuelta para regalo; restaurantes, cafeterías, flores, pastelerías, chocolates, perfumería, ropa, calzado, electrodomésticos, electrónicos, cines, teatros y experiencias familiares. Cerca de 4.8 millones, de unidades económicas podrían recibir parte de esos ingresos. 

A una madre se le puede regalar un ramo sin preguntarle si está cansada. Una puede llevarla a comer, sin saber qué medicamentos toma. Una puede subir una foto diciendo “mi guerrera”,  mientras esa guerrera lleva años peleando sola. 

Cuidado digno en el imaginario 

Y sí, hay madres enfermas esperando que alguien las atienda, madres cuidadoras esperando que una institución reconozca que no son acompañantes decorativas, madres ancianas esperando que no las traten como muebles con signos vitales, madres con discapacidad esperando accesibilidad real, madres de pacientes esperando informes completos, hijas que se vuelven madres de sus madres y descubren, con una mezcla de amor y rabia, que el país no tiene un sistema de cuidados; mientras tanto, algunos funcionarios ostentan a su madre en redes sociales, olvidando, que por su negligencia continúan este tipo de descuidos. 

La discusión no es nueva. En México, desde 2020 se aprobó en la Cámara de Diputados, una reforma para reconocer el derecho al cuidado digno y crear un Sistema Nacional de Cuidados, pero el proceso legislativo quedó detenido en el Senado durante años. La propia Gaceta Parlamentaria reconocía en 2025, que las iniciativas sobre derecho al cuidado y sistema de cuidados, no habían logrado culminar el proceso legislativo que les diera vida, es decir, mientras esto se discute, alguien está bañando a una persona enferma sin apoyo.

De regalo de madres por menos una pala para hacerles el trabajo

El asunto se vuelve todavía más obsceno cuando salimos del hospital y entramos al monte, porque hay madres a quienes ni siquiera les queda la sala de espera. A ellas les dieron fosa, pala, varilla, botas, amenazas, camionetas prestadas, mapas incompletos, llamadas anónimas, indiferencia ministerial y una fotografía plastificada. México les celebra la maternidad mientras ellas buscan a sus hijos entre tierra removida. A unas les manda flores, a otras les deja cadáveres sin nombre, sus hijos sembrados en la tierra. Mientras ellas cambian, ya se convirtieron en rastreadoras eficientes, encadenadas a un sistema que no les da respuesta, que no las recibe, que no es empático. Para ellas esta canción de Tears For Fears – 1995 “Woman in Chains”(Mujeres encadenadas) 

 Siento que en lo profundo de tu corazón hay heridas que el tiempo no puede curar. / Y siento que alguien en algún lugar está tratando de respirar. / Bueno, ya sabes a qué me refiero. /  Es un mundo que se ha vuelto loco. / Mantiene a las mujeres encadenadas.

 La cifra de desaparición en México, ya no cabe en el lenguaje normal. En marzo de 2026, el Gobierno federal reconoció 132 mil 534 personas desaparecidas o no localizadas. La discusión sobre registros, depuraciones, indicios administrativos y clasificaciones, puede ser importante; pero para una madre que busca, el tecnicismo no sustituye el cuerpo. Ninguna tabla abraza, ningún cruce de bases de datos, responde a la pregunta elemental; ¿dónde está mi hija o hijo?

El Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU, solicitó en abril de 2026, que la situación de México fuera llevada a la Asamblea General de Naciones Unidas, al considerar que la información recibida contenía indicios de desapariciones forzadas, cometidas de manera generalizada o sistemática, en distintos momentos y zonas del país. 

Las madres buscadoras son la demolición más brutal del 10 de mayo, porque ellas muestran lo que ocurre cuando la maternidad deja de ser postal y se convierte en investigación forense, son mujeres que aprendieron a leer la tierra, porque el Estado no les quiso ayudar rápida y eficientemente cuando se necesitaba. Mujeres que distinguen olores, terrenos, silencios, cambios de color en el suelo, que se organizan, salen, excavan, denuncian, lloran, vuelven, reciben amenazas y siguen, no porque sean “fuertes” (palabra cómoda con la que solemos romantizar la resistencia ajena), sino porque no les dejaron otra opción.

Amnistía Internacional, documentó en 2025, que 97% de las mujeres buscadoras, declaró haber enfrentado violencias y afectaciones por buscar a personas desaparecidas, entre esas violencias se registraron amenazas, extorsiones, ataques, desplazamientos forzados, secuestros, tortura e incluso violencia sexual, desapariciones y asesinatos.

Qué bonito país, convierte a las madres en investigadoras, peritas, antropólogas forenses, defensoras de derechos humanos y blanco móvil. Lo digo como ironía, no elogiando. No es casual que el mito de la “madre santa”, sirva para neutralizar a la mujer real. Pues una madre santa, no interrumpe el discurso oficial con una foto de su hijo desaparecido, una madre santa se sacrifica, y el sacrificio tiene una enorme ventaja para los demás; sale gratis.

Detrás de muchas madres, hay mujeres que no siempre quisieron ser santas, pero tuvieron que aprender a serlo para sobrevivir a las expectativas ajenas, mujeres que maternan por amor, pero también por falta de opciones; que sostienen familias enteras porque alguien tiene que hacerlo. Ellas trabajan fuera y dentro de casa, crían y cuidan, ganan menos que los hombres en sus empleos, duermen menos que los hombres por cuidar hijos y enfermos, ellas enferman más por el desgaste físico-emocional de  parir y sostener. 

El país se conmueve ante la madre que se sacrifica, pero se incomoda ante la madre que exige. Le gusta la madre buscadora cuando aparece en documental, no cuando bloquea una avenida. Les gusta la madre que agradece los festivales con estríperes, Lupita D´Alessio y Denise de Kalafe, no la que exige la medicina para sus hijos con cáncer. La madre ideal es útil, la madre real estorba y quizá por eso el Día de las Madres, debería ser menos celebración automática y más un acto de consciencia social, como originalmente lo imaginó Ann Maria Reeves Jarvis (madre), luchadora social a la que debemos esta magna celebración.

Preguntarnos por ejemplo, quién cuida a las que cuidan, quién acompaña a las hijas que cuidan a sus madres, quién sostiene a las que buscan, quién protege a las buscadoras amenazadas. Quién reconoce el tiempo que las mujeres regalan a la economía nacional, con la elegancia involuntaria de quien no tiene alternativa. Quién repara a las madres que fueron obligadas a ser fuertes porque todos los demás fueron cómodamente débiles.  Escuchemos de Ozzy Osbourne, «Mama, I’m Coming Home» de 1991, una balada rock de alguien a quien las cosas no le salieron bien y avisa a su madre que vuelve a casa.

No se trata de abolir las flores, tampoco de declarar el 10 de mayo día nacional de la amargura, aunque material no nos falta. Se trata de dejar de usar la ternura como tapadera,  entender que el amor a las madres, no puede medirse en consumismo o romanticismo de un solo día, mientras seguimos fallando en lo más importante; aceptar que una madre no es más valiosa cuando sufre en silencio, rompamos esa pedagogía sentimental que enseña a venerar el sacrificio femenino en lugar de impedirlo.

Las madres no necesitan que el país les dedique una canción enumerando lo mucho que han padecido y decirles “mi amiga gaviota” o dedicarles “amor eterno”,  mientras les dejamos todo el trabajo, ellas necesitan que el país deje de comportarse como un hijo desobligado.

Este domingo, mientras suenen los mariachis, alguien estará esperando un diagnóstico, alguien estará cambiando un pañal de adulto, alguien estará pagando un medicamento que no encontró en la institución, alguien estará llamando a una fiscalía, alguien estará buscando en un predio, alguien estará reconociendo una prenda, alguien estará preparando comida para una familia que ni siquiera preguntó si ella ya comió. Alguien estará sonriendo en una foto, porque hoy toca ser feliz.

Y sí, pese a que ser madre es una situación tan natural como comer o respirar, lo común se vuelve sobrehumano cuando las mujeres que dan la vida, se entregan sin escudriñar entre quien se lo merece o no, simplemente su inercia las coloca en ese pedestal tan ventajosamente utilizado por el oportunismo económico y estatal.  

Ana María Jarvis (hija), se quejaba amargamente al ver como el festejo del día de la madre, se alejaba del ideal concebido por su progenitora, para convertirse en algo meramente comercial, dejando para la posteridad su lamento por escrito:

Una tarjeta impresa no significa más que se es demasiado indolente para escribirle de puño y letra a la mujer que ha hecho por uno más que nadie en el mundo.  Anna Jarvis

Feliz día a las madres, las madrecitas, las mamacitas y a los hombres que a veces también hacen el papel de maternar. Hasta aquí mi guijarro de hoy queridos lectores, me voy con esta brutal canción de Big Star,  “Holocaust”.

Lee: Ritual Sacrifice en Teotihuacán


  • El contenido de este artículo refleja exclusivamente la opinión y responsabilidad de su autor. Las ideas, afirmaciones y conclusiones aquí expresadas no representan la postura oficial ni la línea editorial de la agencia AMEXI, que mantiene independencia y neutralidad en sus publicaciones.
Etiquetas: consumocuidadosdesigualdadDía de las MadresIris Bringasmadres buscadorasMaternidadMEXICOPortada 1
Iris Bringas

Iris Bringas

Te Puede Interesar

Ritual Sacrifice en Teotihuacán

Ritual Sacrifice en Teotihuacán

26 de abril de 2026
Muerte digna. Para decidir sobre tu cuerpo, hay que esperar. Imagen diseñada por Iris Bringas, generada a través de I.A.

Muerte digna en un país que no puede garantizar una vida digna

12 de abril de 2026

Un año sin Jumá Son Oro (Opinión)

29 de marzo de 2026

Memento Mori. Enseres para pintar, fotografiar y peinar a la muerte

15 de marzo de 2026
Next Post
Alertan por calor extremo en gran parte del país. | AMEXI/FOTO: UNAMGlobal

¿Planeas festejar a mamá? Así será el clima el Día de las Madres

¡Compra tus boletos aquí!

Buscar

Sin Resultados
Ver todos los resultados

Síguenos en Redes

Sigue el canal de AMEXI

¡Compra tus boletos aquí!

Amexi

Queda prohibida la reproducción total o parcial sin autorización previa, expresa o por escrito de su titular. Todos los derechos reservados ©Agencia Amexi, 2024.

  • Nosotros
  • Contacto
  • Directorio
  • Aviso de Privacidad

© 2024 AMEXI

Sin Resultados
Ver todos los resultados
  • Nacional
  • Voz Laboral
  • Exclusivas
  • Estados
  • Internacional
  • Economía
  • Deportes
  • Espectáculos
  • Cultura
  • Vida y Estilo
  • Opinión
  • Multimedia
    • Fotogalería
    • Infografía
    • Video

© 2024 AMEXI

Are you sure want to unlock this post?
Unlock left : 0
Are you sure want to cancel subscription?
-
00:00
00:00

Queue

Update Required Flash plugin
-
00:00
00:00