Sin buscarlo, la escritora Mirtha Luz Pérez Robledo convirtió la poesía en una forma de activismo para exigir justicia por el multihomicidio de la colonia Narvarte, ocurrido el 31 de julio de 2015 en la Ciudad de México, donde asesinaron a su hija Nadia Dominique Vera, al fotoperiodista Rubén Espinosa Becerril, a la maquillista Olivia Alejandra Negrete Avilés, a la modelo Mile Virginia Martín y a la estudiante Yesenia Atziry Quiroz Alfaro.
Luego de más de una década de este trágico suceso y la opacidad en la investigación, aparece publicado su tercer poemario Lázara (Heredad, 2025), como parte de un tejido resistente al olvido.
Al respecto, Pérez Robledo reveló que: “Este libro es el tercer o cuarto libro que he escrito, porque hace once años que sucedió el asesinato de mi hija. Lo primero que hice fue, lo digo allí, esconderme como un animal herido. De pronto empezaron a llegar a mí, a mi espíritu algunas cosas que tendría que escribir porque como yo no pude abrazarla, envolver su cuerpo, entonces tuve que tejer un lienzo que envolviera su cuerpo.”
La resistencia en el caso Narvarte
Lázara nos remite al pasaje bíblico en el que la vida sucede después de la muerte. La poeta es desatada a través del lenguaje; se vuelve un personaje que camina nuevamente y mira una vez más al mundo.
Como autora nacida en el sureste del país, Pérez Robledo conoce la tradición de la oralidad maya y en su obra, ésta se manifiesta cuando habla del tránsito de la conciencia humana entre energías que despojan, que otorgan para volver a la idea de renacer.
En este viaje por el Xilbabá o inframundo donde el dolor es una semilla flotante, la voz poética habla sobre el recorrido que el ser humano ha realizado hasta salir a la luz, gracias a la expresión amorosa y a la fuerza del espíritu ante la crueldad de la violencia.
En Lázara se conjura una vez más la poesía para convertirla en una declaración de inconformidad por las desapariciones, así como las diversas formas de hacer daño y a la vez exige justicia.
También da cuerpo al recuerdo amoroso de la madre.
Como parte del ritual del luto, La muerte no es todavía una fiesta, fue su primer libro en ver la luz bajo el sello Segunda vuelta, en 2018. En aquel año, la escritora de Comalapa, Chiapas, comentó que el trabajo poético también aparece como una analogía con los archivos:
“Le he llamado archivo a lo que pensamos y repensamos durante el proceso de duelo que cierta estoy no termina sino hasta que quien lo padece muere también, no sólo no termina sino que se recicla cada vez que el pensamiento se vuelve repetitivo y aumenta esta angustia cuando a la violencia sufrida por el ser querido se a une la violencia institucional y la indiferencia de las mismas instituciones para con el ciudadano que queda doblemente violentado y abandonado.”
Cuando presenta sus libros, la autora acompaña sus poemas con la lectura de un pronunciamiento para exigir justicia y mantener en la memoria que hay una herida abierta por el multihomicidio de la Narvarte.
En su segundo libro derivado del enojó que vivió por la violencia institucional, titulado En defensa propia, (Premio Nacional de Tintanueva 2022, publicado el siguiente año por la editorial de su director, Federico Corral Vallejo), la autora luego de leer parte de su obra, compartió su postura sobre su descontento por la mala actuación de los encargados en procurar justicia. En éste expresó:
“Y aunque se hubiese hecho bien lo que no se supo hacer , ni con su encarcelamiento ni con sus vidas de los autores intelectuales y materiales del crimen, más allá de diez generaciones, podrían pagar ni restituir la generosa e invaluable presencia de nuestra Nadia, de nuestro Rubén, únicos e irrepetibles.
Mi país es un campo de amapolas / regado con la púrpura savia de los jóvenes.”
Poemas de Lázara:
Los ojos y la mirada
La mirada fija cesa el latido y fija la mirada en un punto fija en un punto interior del latido que cesa tras la caída el latido se desvanece y queda fija la mirada en un punto inmóvil punto de la lejanía o de la cercanía que se anula ante el latido que cesa cuando el rayo de metálica luz fija la mirada en un punto que se sumerge y queda inmóvil ante el latido que cesa con la luz que fija la mirada sin luz en un punto inmóvil interno y eterno ante la caída.






