El Festival Internacional de Cine Guanajuato (GIFF) celebró su edición 29 en San Miguel de Allende. La Asociación de Mujeres en el Cine y la Televisión otorgó su tradicional Musa a la productora Inna Payán. El festival también le entregó la Cruz de Plata de Más Cine.
Estas distinciones reconocen su enorme labor para visibilizar a las mujeres dentro de la industria audiovisual. La creadora aprovechó el espacio para ofrecer una conferencia magistral. Payán expuso la cruda realidad del mercado cinematográfico nacional. Ella compartió sus aprendizajes más duros y reflexionó sobre el papel del productor.
El aprendizaje mediante los errores y el rigor corporativo
Inna Payán posee hoy una trayectoria fílmica muy consolidada. Sin embargo, ella reconoce que la experimentación marcó fuertemente sus inicios. «Hubo una parte que aprendí mucho a través de los errores», confiesa la comunicóloga.
Su paso por el corporativo de Disney significó un punto de inflexión definitivo. Ella describe a esta empresa como un ente «completamente vertical formal». Esta etapa le inculcó una filosofía de trabajo sumamente estricta. «Me dio esa situación de hacer las cosas por la ley», detalla la productora.
Esta visión aplica «a todo lo que refiere la empresa». Gracias a esto, Payán adoptó reglas inquebrantables para sus filmaciones. Ella nunca sale a rodar sin asegurar previamente el financiamiento completo.
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La formación del equipo y el respeto al talento creador
El éxito de una película radica en colocar al talento humano adecuado. Payán destaca este punto más allá de la simple obtención de recursos. «Tengo el equipo de base que son fichas puestas para ciertas cosas», explica.
La cineasta confía plenamente en su intuición para asignar roles técnicos y creativos. «Siento que sí tengo la capacidad de ver quién puede hacer una cosa», afirma. El trabajo del productor incluye tareas muy delicadas durante el proceso fílmico.
Una de las labores principales consiste en «entender cuál es el creador». El equipo de producción debe tener una gran sensibilidad. Solo así logran acompañar y fortalecer la visión original de los artistas.
Causas sociales y el costo real del cine independiente
A lo largo de su carrera, Payán asume riesgos constantes. Ella levanta proyectos que la industria comercial suele evitar o rechazar. La productora busca temáticas de «educación político social comprometida».
Sus intereses incluyen las causas sociales, el mundo indígena y la violencia de género. Apostar por estas obras exige una inmensa entrega personal y profesional. Muchas veces, este esfuerzo representa un gran «sacrificio económico».
La cineasta trabaja incansablemente para conseguir los créditos necesarios. Ella lucha a diario para que estas cintas independientes vean la luz. El documental resulta una herramienta vital para mostrar estas realidades.
«Hay algo en la cinematografía que, cuando la puedes contar con poesía y con mucho cuidado, siento que hace un eco que sirve de alguna manera a tomar conciencia.» — Inna Payán
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El impacto de las historias que gritan y hacen eco
Inna Payán siente predilección por las historias «que gritan». Estas películas luchan y transmiten un mensaje urgente a la sociedad. La productora busca proyectos que dejen al espectador pensando profundamente.
Ella misma buscó al director Everardo González para realizar proyectos documentales conjuntos. Obras como La jaula de oro (2013) ejemplifican perfectamente esta búsqueda de impacto. La película retrata la travesía de tres niños migrantes en un país adverso.
Payán compara el efecto de este cine con los noticieros diarios. «Quizás te llega más que estar viendo todo el tiempo la ‘matacinga'», reflexiona. El tono poético del cine logra generar una genuina toma de conciencia.
La revolución visual recae en los creadores jóvenes
El currículum de Payán incluye colaboraciones con cineastas de gran renombre. Sin embargo, ella mantiene una fuerte inclinación por las producciones noveles. La productora confía plenamente en las nuevas generaciones. «Las revoluciones las hacen los jóvenes», asegura con total convicción.
El universo audiovisual actual luce cada vez más polifacético y plural. Payán insta a sus colegas a acoplarse y observar el mundo contemporáneo. «Me encantaría entender por qué los jóvenes ya están en otra forma de comunicar», expresa.
Trabajar en óperas primas presenta retos muy particulares para la producción. Los directores debutantes frecuentemente quieren decir todo en su primera obra. «Los ayudo mucho a buscar la posibilidad de decir lo que a la obra le hace bien», añade.
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La batalla por la distribución y un ciclo desgastante
La cartelera comercial mantiene una profunda hostilidad hacia el cine nacional. La productora define este entorno como un mercado «complicadísimo mexicano». La industria «tiene que poner un músculo enorme» para lograr competir.
Los espectadores huyen y las salas comerciales reducen sus espacios constantemente. Ante esta situación, Payán recomienda al gremio no actuar a ciegas. «Cada película va encontrando su lugar», explica la galardonada cineasta.
Los productores necesitan estudiar detenidamente los hábitos del público mexicano. Finalmente, ella lamentó las condiciones laborales actuales de los creadores audiovisuales. Ellos sufren un ciclo de trabajo sumamente desgastante.
«Estamos viviendo para producir más […] vivimos para producir y es una pena», critica. La falta de protección a las cintas nacionales exige políticas públicas inmediatas. «Llevamos mucho tiempo, pero no es para que las cosas lleven años», concluye Payán.









