A más de 80 años de su creación, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) enfrenta una creciente presión para reformarse y transformar sus estructuras, ante los cuestionamientos sobre su capacidad para responder ante los conflictos y desafíos globales del siglo XXI.
Durante el riente Debate General de la Asamblea anual de la ONU, representantes de distintos países coincidieron en la necesidad de modernizar el organismo y fortalecer su legitimidad, para mantener la misión con la que fue creada, tras la II Guerra Mundial: evitar futuros conflictos globales y mantener la paz.
Pese a mantener diferencias sobre el alcance de los cambios y la distribución del poder dentro del sistema multilateral, los representantes consideraron urgente impulsar la reforma del Consejo de Seguridad con la participación de las regiones subrepresentadas, el derecho de veto y la eficiencia administrativa.
El Consejo de Seguridad, bajo la lupa internacional
Noticias ONU examinó algunos de los discursos pronunciados durante el Debate General anual de los 193 Estados miembros que asistieron a la Asamblea General de la ONU en septiembre pasado y en los que se analizó con lupa la labor del Consejo.
Mientras algunos países defendieron la estructura con la Organización se creó en 1945, otros miembros pusieron en duda que en la actualidad la estructura del Consejo sea funcional y cumpla con sus principios básicos.
Algunos miembros del organismo, como Kenia, resaltaron la contradicción entre el principio de igualdad defendido en la Asamblea General y la falta de representación permanente de los países africanos en el Consejo de Seguridad, órgano ejecutivo de la ONU.
Guyana, por su parte, pidió una transformación total del Consejo, a fin de que incorpore las nuevas realidades geopolíticas y otorgue una representación permanente a África, América Latina y el Caribe,
El secretario general de la ONU, António Guterres, respaldó estos planteamientos y calificó de injustificable que el Consejo de Seguridad no cuente con miembros permanentes africanos.
“Un Consejo de Seguridad del siglo XXI sin asientos permanentes africanos es injusto e indefendible«, apuntó Guterres, quien dejará su cargo el 31 de diciembre de este año, tras dos periodos consecutivos de cinco años.
Por su parte, el presidente de la Asamblea General, Khalilur Rahman, advirtió que el continente africano no puede seguir esperando indefinidamente para ocupar un lugar acorde con sus aspiraciones de representación internacional.
El desacuerdo, cómo hacer la reforma
Aunque el apoyo a la reforma fue generalizado en el pleno del Debate General, que concluyó el 28 de septiembre pasado, los gobiernos no lograron concretar un acuerdo sobre cómo lograr reformar el Consejo y propusieron soluciones diferentes.
España defendió una representación regional más justa y propuso eliminar el derecho de veto de los cinco miembros permanentes del Consejo (China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia).
La Federación Rusa, en cambio, respaldó ampliar la representación de Asia, África y América Latina, pero advirtió que los cambios no deben debilitar el carácter intergubernamental de la ONU.
Estas posiciones reflejaron la dificultad de alcanzar un acuerdo, sobre todo porque la reforma de la ONU también está vinculada a la confianza de los Estados miembros de la Organización.
Durante el debate, varias delegaciones expresaron preocupación por la aplicación desigual del derecho internacional y por la percepción de que las reglas no siempre se aplican de la misma manera a todos los países.
Hungría sostuvo que la cooperación internacional y la defensa de los intereses nacionales no son necesariamente incompatibles y advirtió que la ONU no puede exigir confianza sin demostrar que merece recibirla.
«Creemos que el interés nacional y la cooperación internacional no tienen por qué enfrentarse. Las Naciones Unidas no pueden exigir confianza. Deben ganarla», apuntó el representante húngaro.
Varias delegaciones vincularon la confianza pública en las instituciones internacionales con la aplicación coherente de las reglas y los principios, además plantearon preocupaciones sobre el trato desigual y los fracasos a la hora de responder eficazmente en momentos de crisis.
¿Una ONU más austera?
Mientras la ONU ha impulsado su Iniciativa UN80, destinada a hacer que las Naciones Unidas sean más coherentes, eficaces y receptivas a los desafíos actuales, varios representantes también expresaron visiones contrapuestas al respecto.
Suiza y Costa Rica hicieron hincapié en prioridades claras, eficiencia y resultados medibles, mientras que el presidente de la Asamblea General destacó los mandatos solapados, los compartimentos burocráticos estancos y la necesidad de una mejor coordinación a nivel nacional.
China, por su parte, afirmó que la reforma debe mejorar el desempeño institucional en lugar de limitarse a reducir presupuestos y mandatos y Guyana argumentó que los recursos deben corresponder a las responsabilidades asignadas a la Organización.
Sin embargo, España fue más allá y pidió que los organismos, fondos y programas de las Naciones Unidas reciban más recursos y mayor capacidad ejecutiva.
La discusión puso de relieve que la legitimidad de la Organización no depende únicamente de su estructura, sino también de la coherencia con la que aplica sus principios y de su capacidad para responder ante las crisis internacionales, según el análisis de Noticias ONU.
Más allá de las diferencias sobre presupuestos, representación y mecanismos de decisión, los discursos compartieron una preocupación: las estructuras internacionales deben adaptarse a una realidad global distinta de aquella en la que fueron creadas.
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