La última aventura colonialista

Los historiadores del futuro documentarán que el colonialismo nació en la isla de Santo Domingo/Haití en 1492 y murió en Rusia al finalizar la segunda década del siglo XXI. A las potencias coloniales solo les falta un pueblo por saquear.
El colonialismo lanzó su última aventura contra Rusia, fracasó miserablemente y se está desmoronando poco a poco.
Las cuatro potencias coloniales originales enfrentan serios problemas financieros y una descomposición social y política. No pueden seguir saqueando ni saben vivir de otra forma; por eso están en crisis.
En Francia hay levantamientos populares a nivel nacional; en Inglaterra aumentan las protestas por apagones “regulares” y otros problemas; en España colapsa el Gobierno; en Italia y Alemania hay problemas.
Los líderes de esos países quieren la guerra con Rusia, pero sus pueblos quieren lincharlos. Ellos fracasaron al entregarles sus almas al evangelio globalista de la economía “verde” financiera y la migración descontrolada para crear el caos que siempre los enriquece.
Mientras intentaban derrotar militarmente a Rusia en Ucrania, el presidente ruso, Vladímir Putin, les asestó una estocada pasivo-agresiva letal. Estimuló y apoyó el levantamiento contra Francia de siete repúblicas del África subsahariana: Níger, Mali, Burkina Faso, Costa de Marfil, Senegal, Chad y la República Centroafricana.
Ahí los franceses perdieron muchísimo dinero: solo de Níger conseguían uranio a precios irrisorios para su uso y reventa en el mercado internacional. Perdieron los ingresos de la venta y deben gastar en el mismo uranio que antes era prácticamente gratis.
Con sobradas razones, le echan la culpa de todo a Rusia, porque, si Putin se dejara saquear, ellos estarían muy bien: habría “paz y democracia mundial”.
En bancarrota financiera, sin credibilidad interna y con ejércitos más bien medievales, de caballería, los europeos están dispuestos a lanzar la guerra, pero sus pueblos los detestan. Sus pueblos ya no los respetan, están acorralados.
Políticos acorralados que dirigen ejércitos son armas de destrucción masiva. Nunca admitirán que se equivocaron; suicidamente marcharán a la guerra, saben que ya perdieron esta última aventura colonialista.
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