México no enfrenta un escenario de pérdida inminente del grado de inversión, pero requiere fortalecer sus fundamentos macroeconómicos mediante una reducción gradual del déficit fiscal y un mayor impulso a la inversión pública y privada para estabilizar la deuda y fortalecer las finanzas públicas, afirmó el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP).
En su publicación semanal Análisis Económico Ejecutivo, el organismo sostuvo que, independientemente de una eventual reforma fiscal, resulta indispensable acelerar el crecimiento económico para recuperar el dinamismo productivo en el corto, mediano y largo plazos, al tiempo que se reducen el endeudamiento y el déficit fiscal.
México acumula casi 25 años con grado de inversión
El CEESP recordó que Moody’s Ratings otorgó a México el grado de inversión en marzo de 2000. Posteriormente, Fitch Ratings y Standard & Poor’s (S&P) hicieron lo propio en enero y febrero de 2002.
Con al menos dos evaluaciones favorables, México obtuvo formalmente el reconocimiento de grado de inversión en enero de 2002 y desde entonces ha conservado esa distinción durante casi 25 años.
Entre los beneficios de mantener esta condición destacan la profundidad del mercado cambiario mexicano, donde el peso registra operaciones cercanas a 125 mil millones de dólares diarios, así como la posibilidad de colocar deuda soberana en los principales mercados financieros internacionales.
Calificadoras reducen evaluación de riesgo soberano
El organismo indicó que México alcanzó su mejor posición crediticia entre 2014 y 2018, cuando se ubicó tres escalones por encima del mínimo requerido para conservar el grado de inversión.
Sin embargo, durante los últimos ocho años las agencias calificadoras han aplicado recortes graduales.
Entre abril y mayo de este año, S&P Global Ratings, Moody’s Ratings y Fitch Ratings deterioraron su evaluación sobre el riesgo soberano mexicano.
S&P mantuvo la nota en BBB, dos escalones por encima del grado especulativo, pero cambió la perspectiva de estable a negativa.
Moody’s redujo la calificación de Baa2 con perspectiva negativa a Baa3 con perspectiva estable, dejando al país a un escalón de perder el grado de inversión dentro de su metodología.
Fitch, por su parte, rebajó la nota soberana de BBB a BBB-, el último nivel dentro de la categoría de grado de inversión de esa agencia.
Déficit, bajo crecimiento y Pemex explican la presión
De acuerdo con el CEESP, las calificadoras identifican tres factores principales detrás del deterioro de la evaluación crediticia del país.
El primero corresponde a las crecientes presiones fiscales derivadas de un gasto público que aumenta más rápido que los ingresos, lo que obliga a contratar más deuda.
El segundo es el bajo crecimiento económico. Según el organismo, la economía mexicana ha crecido menos de 1% anual en promedio durante los últimos siete años, lo que limita la capacidad de recaudación.
El tercer elemento es el continuo apoyo financiero a Pemex, ya que, pese al compromiso de que dejaría de requerir respaldo gubernamental a partir de 2027, el presupuesto para el próximo año considera más de 81 mil millones de pesos para la petrolera.
Pago de intereses alcanza su mayor nivel en más de tres décadas
El CEESP advirtió además que uno de los aspectos más preocupantes del endeudamiento es el crecimiento del costo financiero de la deuda.
El Paquete Económico 2027 estima que el servicio de la deuda equivaldrá a 4% del Producto Interno Bruto (PIB), el nivel más alto desde 1990.
Asimismo, prevé que el pago de intereses represente 17.8% de los ingresos totales del gobierno al cierre de 2026, dos puntos porcentuales más que en 2025.
El organismo señaló que esta proporción supera ampliamente los niveles observados antes de la pandemia y también los registrados en la mayoría de los países con una calificación soberana similar a la de México.
Fortalezas mantienen confianza de las calificadoras
Pese a estas presiones, el CEESP consideró que México conserva fortalezas relevantes para mantener e incluso mejorar su calificación crediticia.
Entre ellas destacó el acceso preferencial al mercado estadounidense mediante el acuerdo comercial con Estados Unidos y la autonomía del Banco de México (Banxico).
Según el organismo, estos factores favorecen el comercio, la inversión y la actividad industrial, además de contribuir a mantener ancladas las expectativas de inflación y preservar la estabilidad macroeconómica.
¿Qué necesita México para conservar el grado de inversión?
El CEESP enfatizó que preservar el grado de inversión resulta imperativo porque representa una señal de confianza sobre la capacidad de un país para cumplir sus obligaciones financieras.
Esa confianza se traduce en tasas de interés más bajas, mayor acceso a los mercados internacionales de capital, financiamiento más barato para las empresas, estabilidad cambiaria y una mayor atracción de inversión extranjera.
Para conservar la calificación, las agencias esperan una estabilización de la relación deuda-PIB. El organismo recordó que la experiencia internacional recomienda evitar que la deuda supere 60% del PIB, umbral que países como Brasil rebasaron antes de perder el grado de inversión.
De acuerdo con estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), la deuda neta de México se ubicará por debajo de 56% del PIB en 2031, lo que sugiere una estabilización gradual de este indicador.
No obstante, tanto el FMI como Fitch Ratings consideran necesario que México alcance un déficit fiscal cercano a 2.5% del PIB para estabilizar la trayectoria de la deuda. Ese nivel, señaló el CEESP, no aparece en las proyecciones de la Secretaría de Hacienda incluidas en el Paquete Económico 2027.



