Majo Aguilar y Mar Solís crecieron rodeadas de música, entre voces, escenarios y familias que dejaron huella en la historia de la canción mexicana. Sin embargo, para ambas, dedicarse al canto no fue simplemente seguir una tradición familiar, sino responder a una vocación que reconocieron desde pequeñas.
Durante la conferencia «Las Herederas: Cuando la tradición encuentra su propia voz», realizada como parte de la Semana HEAT y moderada por Mariangela Rubbini, las intérpretes conversaron sobre lo que significa construir una carrera cuando el apellido llega antes que la música, así como las decisiones que han tomado para encontrar su propia identidad artística.
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Los apellidos también forman parte de su historia
En algún momento, ambas llegaron a considerar la posibilidad de dejar atrás sus apellidos para ser reconocidas por sus propios méritos. Sin embargo, también comprendieron que esos nombres forman parte de su identidad, de su historia familiar y de una herencia que tiene un significado propio en la música.
Majo, nieta de los artistas Flor Silvestre y Antonio Aguilar, explicó que durante su infancia nunca vio a sus abuelos como las figuras que el público admiraba, sino como parte de su vida cotidiana.
«Para mí nunca fueron los artistas. Fue así, era muy lindo que cuando se ponían a cantar, para mí era: mis abuelos están cantando», recordó. Los veía en la cocina o en la sala, espacios donde la música formaba parte de la convivencia familiar.
La cantante también dejó clara su postura sobre la vocación: «El que no quiere cantar, no canta». Aseguró que, aunque creció en una familia dedicada a la música, habría elegido ese camino independientemente de la profesión de sus familiares.
Mar Solís, por su parte, recordó sus primeras experiencias al escuchar cantar a su padre y acompañarlo en un estudio. Consideró que crecer en un entorno musical despierta naturalmente la curiosidad y el impulso de explorar esa expresión artística.
«Creo, verdaderamente creo, que cada niño es artista», comentó. Para ella, la creatividad, la imaginación y la curiosidad son cualidades que deben cuidarse durante la infancia, pues las presiones que aparecen al crecer pueden hacer que las personas pierdan parte de esa esencia.
Majo Aguilar y Mar Solís hablan de la desigualdad en la música
Al abordar los retos de ser mujeres en la industria musical, Majo reconoció que todavía existe un camino largo por recorrer, aunque también consideró que se han registrado avances frente a situaciones de desigualdad y abuso de poder.
Como ejemplo, mencionó que actualmente existen herramientas como los teléfonos celulares, capaces de documentar comportamientos que antes podían quedar sin evidencia. Esto, dijo, puede hacer que algunas personas en posiciones de poder se lo piensen dos veces antes de actuar de manera indebida.
Mar coincidió en que la industria es complicada por distintos motivos, pero sostuvo que el público tiene la última palabra sobre la música y los artistas que decide escuchar.
Por ello, señaló que quienes se dedican a esta profesión tienen la responsabilidad de cuidar los mensajes que comparten, así como la intención y la pasión con la que presentan su trabajo: «Todos merecen un espacio en esta industria, todos los que tienen un sueño plantado en sus corazones merecen un espacio», expresó.
El reconocimiento entre mujeres también importa
La conversación tuvo un momento de reconocimiento mutuo cuando Mar habló de la dificultad de establecer amistades profundas en un medio que puede ser egocéntrico. Destacó la sensibilidad y la calidad humana de Majo, a quien considera una mujer que puede abrir caminos también por su manera de relacionarse con los demás.
Majo respondió que desde pequeñas ha percibido en Mar una energía dulce y una luz especial. También agradeció que sea una persona genuina en una industria donde, en ocasiones, resulta complicado identificar las intenciones detrás de las relaciones profesionales.
En «Las Herederas», ambas compartieron así una mirada sobre lo que implica llevar un apellido reconocido sin renunciar a la posibilidad de construir una voz propia: aceptar la historia familiar, pero también trabajar para que su música hable por ellas.
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