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Crónicas de jazz y muerte¹ / Historias para escuchar con la luz prendida y jazz noir

Un guijarro en mi bota (sucesos, eventos, hechos, casos, cosas) / columna de Iris Bringas

Iris Bringas Por Iris Bringas
1 de febrero de 2026
En Cultura, Opinión, Un guijarro en mi bota
Cuando el jazz salvó vidas

Imagen diseñada por Iris Bringas, generada a través de I.A.

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 E  l jazz ha sido el gran invento de libertad musical del siglo XX. Permitió el nacimiento de otros estilos musicales y la exploración sonora a partir del virtuosismo, de nuevas reglas armónicas y melódicas. Es un género que evoluciona constantemente sin establecerse de forma estática. No solo es música con alta estima académica; para quienes lo practican, el jazz se convierte en una forma de vida. Una vida donde se agudizan las capacidades de percepción, intuición y escucha atenta; donde se disfruta el presente y se sueltan los cuestionamientos para plantear nuevas rutas sonoras con libertad, rapidez y gracia. Una guía clara —aunque nunca segura— para encontrar el propio lenguaje musical, a través de la disrupción, el capricho y el riesgo.

Contando con exponentes legendarios cuyas historias de vida son tan diversas como inquietantes, el jazz, desde su origen, estuvo cargado de tragedia, misterio, muerte, existencialismo y drogas. En su historia se acumulan anécdotas célebres —y tristemente célebres—. Difícilmente alguien ajeno al jazz comprende que este habita tanto espacios hermosos como otros profundamente oscuros, funestos y de supervivencia.

Ese sonido que alguna vez fue fresco, moderno y de impacto masivo se ha convertido hoy en una herramienta de supervivencia para músicos que persisten por convicción, aun cuando el mundo actual ofrece pocos espacios y públicos dispuestos a escuchar lo nuevo dentro del jazz. Esto no significa que haya dejado de ser popular; se ha desplazado hacia lo académico y lo refinado. Paradójicamente, fue un estilo que hizo bailar a las juventudes, pensar a los escritores, crear a los cineastas y dio origen a novelas policiacas donde el jazz se volvió referencia ineludible.

Música de nicho, dirán algunos. Pero ¿se imaginan que este estilo musical fue la salvación de una ciudad entera en 1919?

Reclinen el asiento, queridos lectores. Hoy toca guijarro noir; historias curiosas enlazadas al jazz, la pasión… y la muerte.

Cuando el jazz salvó vidas

A principios del siglo XX, una serie de misteriosos “Asesinos del Hacha” sembró el pánico en distintas regiones de Estados Unidos. Pero solo uno de ellos parecía poseer un oído endiablado y fue bautizado por la prensa como “El Asesino del Hacha de Nueva Orleans” (The Axeman of New Orleans), o simplemente “el Hachero de Nueva Orleans”.

A estas alturas, la pregunta es inevitable: ¿qué tiene que ver el jazz con todo esto? Paciencia, vamos por partes.

Para ambientar, acompaño este relato con una pieza grabada en 1919, por Billy Murray, cantante de estudio muy popular en su época: “Take Me to the Land of Jazz”, del compositor Pete Wendling.

https://www.youtube.com/watch?v=1UfYgi6z3W8&list=RD1UfYgi6z3W8&start_radio=1

“Fue en Tennessee donde la melodía jazzera se originó y esperó la popularidad; /ahora en cada cabaret es lo único que tocan… / hay música en cada brisa, / incluso los trombones crecen en los árboles…”

Entre mayo de 1918 y octubre de 1919, Nueva Orleans fue sacudida por una ola de asesinatos. Algunos periódicos reportaron crímenes similares desde 1911, aunque nunca pudieron vincularse con certeza al mismo asesino. El modus operandi del Hachero era particular: atacaba de noche, mientras las víctimas dormían; forzaba cerraduras; utilizaba hachas o navajas de afeitar —a menudo pertenecientes a las propias víctimas—, abandonando el arma cerca de la cama, en la cocina o en el patio. Nunca robaba.

Las víctimas eran diversas, pero un patrón confundió a los investigadores; inicialmente los hizo pensar en crímenes raciales, pues un número considerable de asesinatos era contra personas italoestadounidenses. Los criminalistas Colin y Damon Wilson exploraron teorías de sadismo y motivos sexuales. Sospechaban que el asesino buscaba principalmente víctimas femeninas y mataba a los hombres solo cuando interferían. Esta línea de investigación se abrió porque, en algunos casos, hubo mujeres asesinadas mientras sus parejas dormían intactas a su lado.

El 13 de marzo de 1919, los periódicos publicaron una carta presuntamente escrita por el propio asesino.

La nota del Hachero. En columna de Iris Bringas. Cuando el Jazz salvó vidas


NOTA DE UNA PERSONA MISTERIOSA, FECHADA EN EL “INFIERNO”, FIRMADA POR “EL HACHERO”
Se promete inmunidad a todas las familias que tengan una banda de jazz tocando en sus casas, cuando el “demonio caído del infierno más ardiente” vuele sobre la ciudad.

El Times-Picayune recibió una carta de una persona misteriosa, que declaraba ser “El Hachero”, responsable de los asesinatos ocurridos en Nueva Orleans y sus alrededores desde mayo de 1917. En la carta, el autor se describe a sí mismo como “un demonio del infierno”. También admite su afición por la música jazz y hace el siguiente anuncio, que sin duda despertará gran interés entre los habitantes de Nueva Orleans:

“El martes por la noche, exactamente a las 12:15, pasaré por la ciudad de Nueva Orleans. En cada casa donde se esté tocando una banda de jazz, nadie será herido.
En cambio, toda persona que no tenga una banda de jazz tocando será visitada por mí.”

El autor continuó diciendo que no deseaba herir a inocentes, sino castigar a quienes se atrevieran a desafiarlo.
La carta fue recibida por The Times-Picayune el viernes por la mañana y estaba claramente escrita. Mostraba en algunos aspectos similitudes con cartas anteriormente enviadas al “Superintendente de Policía Mooney”, relacionadas con los misteriosos asesinatos del Hachero. El texto completo de la carta dice:

Infierno, marzo de 1919

Estimado mortal:

Ellos nunca me han atrapado y nunca me atraparán. Nunca me han visto, pues yo soy invisible, como el éter que rodea la tierra. No soy un ser humano, sino un espíritu y un demonio del infierno más ardiente. Yo soy lo que ustedes, los policías de Nueva Orleans, llaman “El Hachero”.

Cuando lo considere oportuno, vendré y reclamaré a mis víctimas. Solo yo sé quiénes serán. No dejaré más pistas, excepto mi hacha ensangrentada, que siempre dejo manchada de sangre y cerebros de quienes envío abajo para mantenerme caliente.

Si desean, pueden decirle a la policía que tenga cuidado y que no intente descubrir quién soy, pues sería mejor nunca haber nacido que provocar la ira del espíritu del infierno. No hay necesidad de tal advertencia, pues dudo que puedan atraparme, aunque sean mucho más inteligentes que todos los policías del pasado. Sin duda, los orleaneses pensarán que estoy loco, pero yo no lo estoy. De hecho, estaba en su ciudad la noche pasada cuando el jazz reinaba y me sentí sumamente complacido.

Ahora, para ser exacto, a las 12:15 (hora terrestre) del próximo martes por la noche, pasaré por Nueva Orleans. En cada casa donde se esté tocando una banda de jazz, todos quedarán a salvo. En cada casa donde no se esté tocando jazz, habrá una persona que sufrirá.

Una cosa es segura: algunos de los que se atrevan a no escuchar esta música la noche del martes —si es que alguien se atreve— probarán mi hacha.

Bueno, como soy frío y anhelo el calor de las víctimas, y no hay nada que me agrade más que un buen jazz, espero que haya muchas bandas tocando la noche del martes.

Con sincero y diabólico afecto,
“EL HACHERO”

Esa noche, todos los salones de baile de Nueva Orleans estuvieron abarrotados de gente, y bandas amateur y profesionales tocaron jazz en fiestas privadas dentro de cientos de casas en toda la ciudad. “El Hachero” no asesinó a nadie esa noche. No era embrujo lo que hacía moverse a la gente como poseída, sino un miedo tan espeso que ni el trompeteo alegre ni los trombones más brillantes podían disipar. La ciudad respondió con música y ocurrió lo impensable: el jazz, esa música del infierno, los había salvado.

Dejo por aquí esta pieza del compositor Joseph Davilla, escrita en 1919, titulada “The Mysterious Axeman’s Jazz (Don’t Scare Me Papa)”:

https://www.youtube.com/watch?v=NVU48bR74jE

“El asesino del Hacha de Nueva Orleans” nunca fue identificado, pero en el libro de Miriam Davis, “The Axeman of New Orleans: the true story”, existen diferentes teorías que sostienen que el presunto autor de la carta enviada a los medios no fue el verdadero asesino y que “el Hachero” podría haber continuado cometiendo crímenes en otros lugares.

Pongo un poco de música para irnos ambientando a lo que sigue, del disco “Intensity” de Charles Earland, quizá la última grabación en estudio de Lee Morgan, grabada en febrero de 1972:

https://www.youtube.com/watch?v=51Gz456KKQ0&list=PLUJ7V33M1wR0egBDT5igChMtIPRTNX7WS&index=4

Un acto improvisado no musical, en la escena del hard bop

Para el jazz, una de las partes fundamentales es la improvisación, donde los instrumentistas demuestran su pericia y virtuosismo en el género conocido como “hard bop”, estilo musical del jazz que se desarrolló desde mediados de la década de los cincuenta hasta mediados de los sesenta del siglo XX.

Los pioneros del hard bop fueron Miles Davis, junto con John Coltrane, Sonny Rollins, Art Blakey, entre otros, de los cuales destaca el personaje de la siguiente crónica: Lee Morgan, notable trompetista del hard bop.

El jazz, por definición, es el arte de la improvisación. Lo que nadie espera —ni siquiera en un club del East Village en Nueva York, a las tres de la mañana— es que la improvisación no proviniera de los músicos, sino de la manager, y que el instrumento fuera un revólver.

Cuando el Jazz salvó vidas. Lee Morgan. Foto de KGUmusic.com
Lee Morgan. /AMEXI /Foto: KGUmusic.com

 


Lee Morgan nació en 1938 en Filadelfia, Pensilvania. Fue un músico virtuoso influido fuertemente por Clifford Brown, quien le dio algunas clases en su adolescencia. Posteriormente, Lee se unió a la “Dizzy Gillespie Big Band”, donde fue solista destacado. Su primer instrumento fue el vibráfono y más tarde, a los 13 años, se entusiasmó con la trompeta; también tocaba el saxofón alto. A los 15 años ya era un músico virtuoso reconocido y, a los 20, Morgan tuvo la suerte de haber tocado en cuatro continentes y lanzado muchos álbumes.

Su momento más exitoso fue a finales de los años cincuenta y principios de los sesenta, cuando participó activamente en el movimiento “hard bop”. Durante algunos años, Lee estuvo de gira con “Art Blakey”. También participó en muchos de los álbumes de “Art Blakey & the Jazz Messengers”, incluyendo su mejor grabación, “Moanin’”. Les invito a escuchar un concierto en Bélgica:

https://www.youtube.com/watch?v=CX-Y-6kw8HU&list=RDCX-Y-6kw8HU&start_radio=1

Morgan tenía una fuerte adicción; se dice que fue Blakey quien lo introdujo a la heroína. Pero la adicción no impidió a Lee grabar muchos álbumes como líder y acompañante del sello Blue Note Records, contribuyendo a la reputación de esta disquera, conocida por lanzar piezas de jazz innovadoras.

En 1963, Lee Morgan grabó la canción “The Sidewinder” para el álbum homónimo, el cual se utilizó como tema de fondo para los anuncios de televisión de Chrysler durante la Serie Mundial. Esta pieza musical se convirtió en un gran éxito que ganó un lugar en el top 20 de las listas de R&B de 1964.

https://www.youtube.com/watch?v=qJi03NqXfk8&list=RDqJi03NqXfk8&start_radio=1

Sobre las grabaciones en solitario y colaboraciones de Lee, entre 1971 y 1972, combinó sesiones de hard bop convencional con experimentos post-bop y jazz de vanguardia, que desafortunadamente no se publicaron mientras él vivía, como la sesión con Charles Earland para el disco “Intensity”.

Lee Morgan fue un trompetista célebre en la historia del jazz. Su sonido se extendió más allá de su vida. Las improvisaciones de Morgan y su capacidad para combinar tradición e innovación influyeron en posteriores generaciones de músicos de jazz. Sin embargo, la última improvisación en la que participó no fue un acto musical, sino una tragedia que se cuenta en pocas palabras.

La noche del 19 de febrero de 1972, en el “Slug’s Saloon” de Nueva York, Lee Morgan cayó abatido entre sets. Aquella noche, tras una discusión incitada por celos, abandono y una relación profundamente disfuncional, Helen Moore, quien le ayudaba a rehabilitarse, su pareja, su tormento, le dio un tiro en el pecho con un revólver .32 corto, plateado, que Morgan le había regalado.

La mujer que le había devuelto la vida a Lee, ayudándolo a dejar las adicciones, le dio muerte a la estrella del jazz. La frase “Ya no estoy con esta perra” (I’m Not With This Bitch Anymore) le costó un balazo en el pecho. Morgan no murió de inmediato. Como una interpretación de jazz improvisado orquestada por el destino, una tormenta de nieve retrasó la llegada oportuna de una ambulancia. Morgan se fue desvaneciendo mientras se vaciaba irremediablemente su líquido vital, a los 33 años de edad.

Hubo tiempo de despedirse. Helen gritó segundos después del tiro: “Oh, ¿qué te he hecho?”, y Lee le respondió: “Yo sé que realmente no querías hacer esto. Yo también lo siento”.

La relación entre Helen y Lee había comenzado en 1967, cuando Morgan estaba quebrado y vivía en las calles por su adicción a la heroína. Dos años antes, Lee había intentado rehabilitarse en el Narcotic Farm de Lexington, Kentucky, centro federal de rehabilitación que había acogido a William Burroughs y Chet Baker, entre otros. Tras su salida del centro, vendió su trompeta para conseguir comida. Helen lo ingresó en un programa de desintoxicación con metadona. Ella se convirtió en su manager y Lee comenzó a ganar mucho dinero y mayor notoriedad.

“Soy de los que prefieren el swing, pero experimenté con formas libres como Evolution, de Grachan Moncur, y Grass Roots, de Andrew Hill. Hice un álbum con Larry Young (Mother Ship, grabado en 1969) y a la semana uno con Lonnie Smith (Turning Point, 1969), algo completamente diferente” (Lee Morgan, en su última entrevista).

El jazz siguió sonando en el Slug’s Saloon de Nueva York poco tiempo después. A finales de ese mismo año de 1972, el barrio se endureció y el club comenzó a decaer; el dueño decidió irse del lugar.

Y hasta aquí mi Guijarro, querido lector, no sin antes amenazar con una siguiente entrega de este tema.

Me voy con más música, un tema de “Lee Morgan Quintet” de 1972:

https://www.youtube.com/watch?v=GTs0dImWkUU&list=RDGTs0dImWkUU&start_radio=1

Lee también: La muerte de MTV: el reality mató a la estrella del video musical


Etiquetas: crimen y músicacultura musicalhard bophistoria del jazzJazzLee MorganNueva OrleansPortada 1
Iris Bringas

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