Los principales desafíos del sector agropecuario en México para 2026 se concentran en factores estructurales, climáticos, económicos y de política pública, de acuerdo con especialistas del Consejo Nacional Agropecuario (CNA), la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER) y analistas financieros.
El panorama para el nuevo año combina restricciones presupuestales, presión climática, costos crecientes, riesgos comerciales y problemas de seguridad, en un contexto donde el campo mantiene un papel clave en la seguridad alimentaria y la estabilidad social.
Desafíos del sector agropecuario en 2026:
presupuesto limitado y presión fiscal
Uno de los principales retos es la reducción relativa del presupuesto. Para 2026, el Ramo 08 Agricultura y Desarrollo Rural recibirá alrededor de 75 mil 195 millones de pesos, lo que implica una caída real de 2.5% respecto al año anterior.
Además, el peso del sector dentro del presupuesto federal disminuye de 16.4% a 14.2%, lo que limita recursos para inversión productiva, apoyos directos y modernización del campo.
Crisis hídrica, cambio climático y eventos extremos
La escasez de agua sigue siendo uno de los factores más críticos. La sobreexplotación de acuíferos, la contaminación y la variabilidad climática mantienen al sector bajo presión.
De acuerdo con ICL Growing Solutions, BBVA México y reportes estatales de SADER, la agricultura consume cerca del 75% del agua dulce disponible. Sequías prolongadas, inundaciones y eventos extremos impactan directamente la producción, especialmente en granos básicos.
Desafíos del sector agropecuario en 2026:
costos, comercio exterior e inseguridad rural
Los costos de producción continúan al alza por el encarecimiento de insumos, fertilizantes y logística, afectando la competitividad, sobre todo en granos y oleaginosas.
A ello se suma la revisión del T-MEC en 2026, con riesgos de aranceles, barreras comerciales y presiones cambiarias que podrían afectar a los agroexportadores, en especial del sector hortofrutícola.
La inseguridad en zonas rurales y los problemas de sanidad animal, como el gusano barrenador, también generan impactos operativos y comerciales. Además, persiste la dependencia de importaciones, particularmente de maíz.
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¿Cómo cerró el sector agropecuario en 2025?
El cierre de 2025 dejó un balance mixto. Hubo avances en soberanía alimentaria, pero persistieron problemas estructurales, sequía y dependencia externa.
El año arrancó con el anuncio del Plan México, impulsado por la presidenta Claudia Sheinbaum, que destinó 54 mil millones de pesos para fortalecer la producción de maíz, frijol, arroz y leche, beneficiando inicialmente a 300 mil pequeños productores.
En abril, el programa “Cosechando Soberanía”, lanzado en Michoacán, marcó un punto relevante al ofrecer créditos preferenciales al 9% y fertilizantes gratuitos. Estados como Chiapas, Veracruz y Oaxaca fueron prioritarios, con una proyección de incremento del 17% en maíz blanco hacia 2030.
Sanidad agropecuaria: avances y alertas
En materia de sanidad, el sector cerró 2025 con claroscuros. A pesar de una sequía severa, el crecimiento económico del sector fue de 3.1%, según SADER.
No obstante, el brote del gusano barrenador del ganado afectó exportaciones y generó alertas en estados como Tamaulipas y Yucatán, con hasta 480 casos en animales y tres muertes humanas asociadas.
El Senasica tuvo un papel central al rechazar más de mil embarques agropecuarios en los primeros nueve meses del año para prevenir la entrada de plagas y enfermedades.

Cooperación internacional, entre los desafíos del sector agropecuario en 2026
México fortaleció la cooperación internacional, especialmente con Estados Unidos y Brasil, en protocolos de sanidad e inocuidad. Un caso relevante fue la suspensión inmediata de importaciones porcinas desde España por un brote de peste porcina africana.
La sanidad fitosanitaria mostró avances en agricultura orgánica, con 40 mil productores cultivando 210 mil hectáreas certificadas. Además, la digitalización y el trabajo del OIRSA reforzaron la vigilancia y el control de plagas.
Sequía, protestas y tensiones sociales
La sequía provocó una caída del 35% en la producción de trigo y profundizó la crisis hídrica. En paralelo, protestas de productores en 17 estados evidenciaron el malestar por precios, deudas y seguridad.
Las importaciones de maíz alcanzaron 16.8 millones de toneladas en la primera mitad del año, con una proyección de 25 millones para el ciclo 2025-2026, lo que mantiene el debate sobre la autosuficiencia alimentaria.






