Andrés, a quien le despojaron sus títulos nobles tras los escándalos recientes, ya tiene una nueva residencia, luego de dejar el palacio de Royal Lodge, en Windsor. El exduque de York se instaló de manera definitiva en Marsh Farm, una propiedad ubicada en los terrenos de Sandringham, en el condado de Norfolk, marcando así una nueva etapa lejos del foco público.
El hijo de Isabel II había llegado a esta zona rural desde hace un par de meses; sin embargo, permanecía en una vivienda cercana mientras se realizaban trabajos de acondicionamiento en su nueva casa. En fechas recientes concluyó la mudanza hacia esta residencia de cinco habitaciones, remodelada y reforzada en materia de seguridad.
Un retiro forzado tras años de polémica
Al hermano del rey Carlos III se le vio en los alrededores de la propiedad acompañado únicamente por sus perros, en una imagen que refleja el aislamiento en el que se mantiene desde que se apartó de la vida pública.
Su salida de Royal Lodge, donde vivió por más de dos décadas, responde a una combinación de factores que incluyen la presión mediática, los escándalos que han marcado su vida reciente y una reconfiguración dentro de la familia real británica. Desde entonces, su presencia es prácticamente nula en actos oficiales.
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Altercado en Semana Santa y acusaciones
La necesidad de privacidad se volvió aún más evidente tras un altercado ocurrido durante la Semana Santa, cuando un grupo de manifestantes irrumpió en la finca donde reside, lanzando consignas en su contra y generando un momento de tensión que obligó a la intervención de su equipo de seguridad.
Aunque el incidente no dejó personas lesionadas, evidenció el nivel de rechazo que enfrenta actualmente el exmiembro de la realeza, cuya figura sigue generando controversia.
Andrés está siendo señalado en múltiples ocasiones por su relación con el financiero Jeffrey Epstein, así como por presuntas irregularidades durante su etapa como representante comercial. Estos señalamientos derivaron en la pérdida de sus títulos militares y patronazgos, además de su salida definitiva de la vida institucional.
En este contexto, su traslado a Marsh Farm representa no solo un cambio de residencia, sino también el reflejo de un “destierro” de facto dentro de la monarquía británica, en medio de un entorno cada vez más adverso para su figura.






