La popular serie surcoreana “El arte de Sarah” se convirtió en una de las favoritas de los fans no solo por su trama de misterio, sino también por el caso real de fraude que recuerda su historia.
Se trata de una estafa relacionada con relojes de lujo falsos que engañó a empresarios y celebridades en Corea del Sur a mediados de los años 2000.
Estrenada el 13 de febrero de 2026 en Netflix, la producción de ocho episodios sigue a “Sarah Kim”, una mujer que construye una vida basada en riqueza, prestigio y exclusividad, pero cuya identidad está rodeada de mentiras y secretos.
La historia se desarrolla cuando un detective comienza a investigar su supuesta muerte y descubre que su vida perfecta podría ser una elaborada farsa.
Sin embargo, detrás de esta narrativa de lujo y engaño hay un caso real que presenta paralelismos sorprendentes.
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El fraude de los relojes “suizos” falsos
El caso que muchos medios vincularon con la serie ocurrió entre 2005 y 2006 y giró en torno a la marca de relojes de lujo Vincent & Co..
Según investigaciones periodísticas, un empresario estadounidense de 43 años identificado como Lee Dong-jin, también conocido como Phillip Lee, vendía relojes presentados como exclusivos productos suizos a clientes adinerados y celebridades en Corea del Sur.
El esquema consistía en construir una imagen de exclusividad alrededor de la marca y para atraer compradores, el empresario organizaba fiestas lujosas, eventos privados y presentaciones en salones de belleza de alto nivel, donde mostraba los relojes como piezas de alta relojería europea dirigidas a una clientela selecta.
No obstante, la investigación policial reveló que los relojes no eran realmente suizos, pues las piezas se fabricaban en Siheung, en la provincia de Gyeonggi, utilizando componentes importados desde China.
Después se realizaba un pequeño proceso en Suiza o se enviaban temporalmente al país europeo para generar documentación que permitiera etiquetarlos como “Hecho en Suiza”.
Certificados falsos y clientes millonarios
El fraude incluía uno de los elementos más sofisticados del esquema, los certificados de autenticidad falsificados.
Cuando algún comprador pedía comprobar el origen de los relojes, estos eran enviados brevemente a Suiza y luego reimportados a Corea del Sur, acompañados de documentos que simulaban confirmar su autenticidad y calidad.
La estrategia permitió que la marca ganara credibilidad entre personas de alto poder adquisitivo. Incluso algunas celebridades asistieron a los eventos promocionales de la firma, lo que ayudó a consolidar la imagen de exclusividad del negocio.
El fraude comenzó a desmoronarse cuando algunos clientes cuestionaron la autenticidad de los productos.
Uno de los compradores, que pagó alrededor de 750 mil dólares por una franquicia, exigió la devolución de su dinero y presentó una demanda, lo que desencadenó la investigación sobre la empresa.
La conexión con la serie
Aunque los creadores de “El arte de Sarah” no confirmaro que la producción sea una adaptación directa del caso, la historia presenta elementos similares como la construcción de una vida lujosa basada en engaños.
Además de la venta de productos exclusivos con un origen falso y una red de mentiras que finalmente es investigada por las autoridades.
En la ficción, Sarah vende artículos de lujo aparentemente exclusivos a clientes de alto nivel mientras oculta el origen real de los productos y su verdadera identidad, una narrativa que refleja el mismo contraste entre glamour y fraude que caracterizó al caso Vincent & Co.






