La actriz mexicana Zamira Franco continúa atrayendo reflectores con su interpretación de “Valeria” en “La Virgen Silenciosa”, una película que se sostiene en la fuerza simbólica de la identidad, la espiritualidad y los silencios heredados.
En entrevista para Amexi, la actriz habló cómo fue interpretar a “Valeria” uno de los mayores desafíos de su carrera, pues la llevó a una profunda preparación emocional y a cuestionarse temas como la identidad, los límites y el silencio.
La cinta, dirigida por Xavi Sala, tuvo su primera presentación en el Tallinn Black Nights Film Festival en Estonia, el pasado 15 de noviembre, mientras su ruta internacional aún se encuentra en definición.
“Solamente la hemos presentado en un festival, en el Tallinn Black Nights Festival en Estonia… Aún no sabemos en qué fecha se va a estrenar en México”, explicó Zamira, situando el panorama actual del proyecto.
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Una historia sobre silencios, herencias y búsqueda interior
“La Virgen Silenciosa” narra la historia de “Valeria”, una joven que se ve envuelta en un conflicto espiritual y personal marcado por los silencios heredados de su linaje.
En un entorno cargado de simbolismos religiosos y presiones comunitarias, Valeria transita un camino entre la fe, la identidad y su propia voz interior.
La película, de acuerdo con su material promocional, profundiza en cómo estos silencios, tanto los impuestos como los autoimpuestos, pueden moldear, limitar o detonar procesos de autodescubrimiento, convirtiéndose en una pieza que combina lo íntimo con lo social y lo emocional.
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Un papel construido desde la conciencia emocional
Sobre el reto de interpretar a “Valeria”, la actriz reconoció que fue uno de los proyectos más exigentes de su carrera.
Su preparación emocional comenzó, según ella, con un proceso profundo de consciencia sobre las implicaciones del personaje y la historia.
“Creo que mi preparación más importante fue hacer conciencia de lo que requería este proyecto… ha sido uno de los desafíos más grandes de mi carrera”, afirmó.
Zamira detalló que su proceso incluyó un análisis minucioso del guion y un acompañamiento cercano del equipo creativo.
“Este análisis que hice de inicio a fin del guion, y después acompañada de Shadu y Sala, el director, me ayudó mucho a comprender qué era lo que iba a hacer en términos actorales”, indicó.
La identidad como eje central de la interpretación
Aunque la película aborda temas como la fe y la resistencia, para Zamira el punto más poderoso es la identidad, pues su personaje, “Valeria”, transita un viaje que la confronta consigo misma.
“El mensaje más importante para mí es la búsqueda del equilibrio entre los límites… Valeria está en la búsqueda de sí misma”, explicó.
El silencio, elemento medular de la película, aparece para ella como un doble símbolo tanto aquello que debe romperse como aquello que abre caminos de introspección.
“La película es una invitación a nombrar todo aquello que hemos guardado… pero también el silencio es un detonador para el autoconocimiento”, comentó.
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Un rodaje que también la confrontó como mujer
Zamira admitió que los temas de la película no solo tocaron a su personaje, sino que la interpelaron en su vida personal.
“Me cuestiono mucho cómo afrontó estos silencios en mi día a día… Son temas que me tocan especialmente desde mi ser mujer”, compartió.
Aunque reconoce que resulta sencillo hablar de estos conceptos en teoría, llevarlos a la práctica fue complejo
“Es muy fácil tenerlo en la teoría, pero la práctica es muy compleja… aún teniendo la información, luego es difícil ponerla en práctica”, reflexionó.
Una invitación a mirar sin juicio
Cuando se le pregunta qué espera que sienta el público tras ver la película, su respuesta apunta a la apertura y a la disposición emocional.
“Me gustaría que hubiera apertura a la complejidad de lo que significa ser humano… que no se enjuicie la historia ni a mi personaje”, señaló.
También invitó a quienes la vean a comprometerse con la experiencia cinematográfica, pues “son 2:10… me gustaría que hubiera disposición a la escucha, a observar, a mirar, a analizar el contexto y dejarse tocar por la historia”.
En ese sentido, Zamira recordó una frase que considera esencial: “Nacimos para tocarnos… si no vas con esa disposición, no te va a suceder nada”.






