Tras más de dos horas de bloqueo total en vialidades estratégicas del oriente del Estado de México, transportistas comenzaron a liberar de manera gradual los accesos hacia la Ciudad de México, luego de sostener un diálogo con autoridades estatales y municipales.
La reapertura no significó una solución de fondo, sino una pausa condicionada al compromiso oficial de instalar una mesa de trabajo el próximo 15 de enero, en la que los inconformes esperan respuestas concretas a sus demandas de seguridad.
Las movilizaciones paralizaron carreteras y avenidas utilizadas diariamente por miles de automovilistas y usuarios del transporte público, generando afectaciones severas a la movilidad en municipios como Nezahualcóyotl, Chalco, Ixtapaluca, Los Reyes La Paz y Valle de Chalco.
Bloqueos como medida de presión
De acuerdo con los propios transportistas, la decisión de levantar los cierres respondió exclusivamente al acuerdo para establecer una mesa de diálogo. Advirtieron que, de no obtener resultados tangibles, retomarán las movilizaciones como mecanismo de presión.
Los inconformes señalaron que el detonante del megabloqueo fue el incremento sostenido de asaltos, robos, agresiones a operadores y ataques a unidades, además de presuntas extorsiones y abusos por parte de grúas y corralones, prácticas que —aseguran— operan con cobros excesivos y posibles actos de corrupción.
Pese a la reapertura parcial de las vialidades, autoridades de tránsito reconocieron que las afectaciones persistieron durante varias horas debido a la carga vehicular acumulada, especialmente en los accesos hacia la capital del país.
Un colapso anunciado
El bloqueo de transportistas terminó horas después de que el oriente del Valle de México registrara un colapso vial generalizado, provocado por cierres simultáneos en puntos clave como la Calzada Ignacio Zaragoza, la Autopista México–Puebla, la México–Texcoco, la Chalco–Cuautla y tramos del Circuito Exterior Mexiquense.
Las protestas fueron encabezadas por la organización Rutas Hermanas y asociaciones afines, que desde días previos habían advertido sobre la movilización ante la falta de respuesta institucional a denuncias presentadas en distintas instancias de seguridad.
Conflicto latente
Aunque el tránsito comenzó a normalizarse, el episodio dejó en evidencia la fragilidad estructural de la movilidad en el oriente del Valle de México y la incapacidad de las autoridades para contener la inseguridad que enfrenta el sector transportista.
El conflicto no quedó resuelto. La instalación de una mesa de trabajo representa, por ahora, una salida temporal a una crisis que amenaza con repetirse si no hay resultados verificables. Para miles de usuarios, el levantamiento de los bloqueos no disipó la incertidumbre: solo confirmó que el problema sigue latente y que las carreteras se han convertido en el principal escenario de presión social.






