La llamada ciudadanía por inversión, un mecanismo mediante el cual algunos gobiernos otorgan nacionalidad y pasaporte a cambio de aportaciones económicas, se ha convertido en una alternativa utilizada por personas de alto patrimonio para ampliar su movilidad internacional o contar con un “plan B” ante posibles crisis políticas o económicas.
En entrevista con AMEXI, Víctor Núñez, director de la firma Élite Fiscal, explicó que estos esquemas forman parte de programas oficiales establecidos por diversos países que buscan atraer capital extranjero.
“Este concepto se llama ciudadanía por inversión. Básicamente son programas donde muchas veces los gobiernos venden su ciudadanía y sus pasaportes a cambio de una inversión retornable o no”, señaló.
De acuerdo con el especialista, las vías tradicionales para obtener una nacionalidad suelen ser la residencia prolongada, el derecho de nacimiento o la ascendencia familiar. Sin embargo, desde hace varios años algunos países incorporaron una modalidad basada en contribuciones económicas directas.
“Las más comunes siempre han sido las ciudadanías por residencia, por derecho de suelo o por ascendencia, pero también existen las ciudadanías por inversión o incluso por mérito”, explicó.
En estos casos, abundó, los gobiernos establecen montos específicos y mecanismos de inversión para quienes buscan adquirir su nacionalidad.
“Son programas oficiales donde por una contribución económica previamente fijada los gobiernos conceden su ciudadanía y su pasaporte en un plazo que puede ir de unos meses hasta uno o dos años, dependiendo del programa”, indicó.
Programas activos en América
Actualmente, el continente americano concentra varios de estos esquemas, principalmente en el Caribe.
“En 2026, en América podemos encontrar programas en Antigua y Barbuda, Dominica, Granada, San Cristóbal y Nieves y Santa Lucía, y próximamente San Vicente”, refirió Núñez.
Estos países ofrecen distintas modalidades que pueden incluir donaciones directas al Estado o inversiones inmobiliarias aprobadas por el gobierno.
Más al sur, destacó el caso de El Salvador, que impulsa un programa enfocado en atraer capital de alto valor.
“Tienen un programa muy particular donde deben donar un millón de dólares al gobierno a cambio de la ciudadanía salvadoreña y el pasaporte, que puede obtenerse en cuatro o seis semanas”, detalló.
A nivel internacional también existen programas similares en Europa. Uno de los más conocidos fue el de Malta, que permitía obtener la ciudadanía europea mediante una inversión cercana al millón de euros, aunque recientemente se canceló por presión de la Unión Europea.
“Ha sido uno de los mejores pasaportes que se ha podido comprar en la historia porque daba acceso a la Unión Europea y a muchos países sin visa, pero el programa ha sido cerrado”, comentó.
Inversión, donación o estrategia de movilidad
Núñez explicó que, aunque se denominen programas de inversión, en muchos casos funcionan en realidad como donaciones directas al Estado.
“Muchos de estos programas se llaman ciudadanía por inversión, pero realmente deberían llamarse ciudadanías por donación, porque es un pago único que se hace al gobierno”, expuso.
Otras modalidades incluyen inversiones en bienes raíces aprobados por las autoridades o la compra de bonos gubernamentales que deben mantenerse durante algunos años.
Sin embargo, el especialista advirtió que estos esquemas no siempre deben considerarse inversiones financieras tradicionales.
“Cuando se habla de inversión inmobiliaria, muchas veces las propiedades están sobrevaloradas porque el gobierno pre-aprueba ciertos desarrollos para que sean elegibles para el programa”, indicó.
Esto significa que el retorno económico puede ser menor al esperado cuando se intenta vender el inmueble en el futuro.
Un “plan B” para la movilidad global
De acuerdo con el especialista, para muchas personas de alto patrimonio, adquirir una segunda ciudadanía responde a una estrategia de diversificación similar a la que aplican en sus inversiones financieras.
“Mucha gente quiere tener opcionalidad a nivel documental, opcionalidad a nivel de ciudadanías y pasaportes, al igual que diversifican inversiones inmobiliarias o financieras”, mencionó.
Subrayó que este tipo de pasaportes no necesariamente se utilizan para viajar con mayor frecuencia, sino como un mecanismo de seguridad ante escenarios imprevistos.
“A mí me gusta enfocarlo como un plan B: por si mañana ocurre una situación política complicada, un conflicto o cualquier evento que no podamos prever”, afirmó.
En algunos casos, anotó, una segunda ciudadanía también puede facilitar negocios internacionales, abrir cuentas bancarias o acceder a oportunidades económicas en ciertos mercados.
“Hay personas que buscan este pasaporte porque siendo nacionales de determinados países pueden hacer negocios que antes no podían o abrir cuentas bancarias con mayor facilidad”, expresó.
Riesgos y controles
Pese a sus beneficios potenciales, Núñez reconoció que estos programas también generan preocupaciones en materia de seguridad y transparencia.
“Los países quieren atraer capital, pero tampoco pueden otorgar ciudadanía a cualquier persona que tenga dinero. Tienen que verificar antecedentes, el origen de los fondos y que no se trate de personas sancionadas”, alertó.
Históricamente, añadió, algunos esquemas enfrentaron críticas por controles insuficientes. “En el pasado hubo personas que consiguieron ciudadanía que no deberían haberla conseguido porque los controles o el intercambio de información entre países no era tan fuerte”, indicó.
Otro riesgo importante para los solicitantes es el fraude por parte de intermediarios no autorizados.
“El principal temor del cliente es perder el dinero. Por eso es fundamental trabajar con agencias licenciadas por los gobiernos y verificar siempre que los pagos se hagan a entidades oficiales o autorizadas”, apuntó.
En muchos programas, explicó, primero se realiza una investigación de antecedentes antes de solicitar la inversión completa. “Se hace una diligencia previa donde se revisan antecedentes penales, origen de fondos, documentación y perfil del solicitante antes de aprobar el proceso”, dijo.
Cambios en la libertad de movimiento
Además de los riesgos financieros, el experto advirtió que los beneficios migratorios de un pasaporte pueden cambiar con el tiempo. “Hay personas que compran un pasaporte por su libertad de movimiento y en cinco años ese acceso sin visa puede cambiar”, señaló.
Por ejemplo, la Unión Europea planea implementar sistemas de pre-autorización migratoria que podrían afectar a ciudadanos de países que venden pasaportes.
“La libertad de movimiento que tiene hoy un pasaporte puede no ser la misma dentro de dos o cinco años”, advirtió.
En ese sentido, Núñez consideró que los pasaportes más sólidos suelen ser aquellos obtenidos mediante residencia y arraigo real en un país. “Los pasaportes fuertes, como el español o el de Singapur, normalmente no se compran; se obtienen viviendo en el país durante años y cumpliendo requisitos de residencia”, añadió.
En el caso de México, aseveró que el documento también representa una pieza relevante en términos de movilidad internacional. “El pasaporte mexicano es una pieza clave dentro de una cartera de pasaportes y ciudadanías por su libertad de movimiento”, concluyó.
Lee: ¡ALUCINANTE! El enigma del pasaporte Torenza: ¿Viajera de otra dimensión en el JFK?





