México entero celebró Semana Santa y el Domingo de Resurrección o Domingo de Pascua simboliza la victoria de la vida sobre la muerte, de Cristo sobre el pecado y la muerte y el mensaje de esperanza, renovación y salvación eterna para los creyentes, así como el inicio del Tiempo Pascual, un periodo de 50 días que concluye con Pentecostés.
Millones de fieles católicos llenaron templos, plazas y hogares para conmemorar la resurrección de Jesucristo, en un ambiente de júbilo que contrastó con el recogimiento de los días previos.
En la Ciudad de México y en las principales urbes del país, las ceremonias religiosas combinaron solemnidad litúrgica con tradiciones populares llenas de color y esperanza.
Procesiones y representaciones
En muchas comunidades se organizaron procesiones que representan el encuentro de las mujeres con el Cristo resucitado o la aparición a los apóstoles. En algunos lugares hay dramatizaciones o “encuentros” entre la imagen de Jesús resucitado y la Virgen María.
Aunque ocurre más frecuentemente el Sábado de Gloria, en algunas regiones la quema del Judas se extiende al Domingo, como rechazo al mal.
Los huevos de Pascual
La Semana Santa concluye con entrega de huevos de Pascua, aunque tiene un origen antiguo que combina elementos paganos y cristianos. En culturas precristianas, como la persa, egipcia o germánica, el huevo representaba la fertilidad, renacimiento de la naturaleza, inicio de la primavera y del ciclo de la vida.
Los primeros cristianos lo adoptaron y reinterpretaron como símbolo de la resurrección de Jesucristo. El cascarón duro representa la tumba sellada, y el contenido vivo, el polluelo o, simbólicamente, la nueva vida, evoca cómo Jesús salió victorioso de la muerte.
También se vincula al fin de la Cuaresma, cuando se permitía nuevamente comer huevos tras el ayuno. En la antigüedad se cocían y decoraban para conservarlos y regalarlos.
Los 50 días
Luego del Domingo de Resurrección viene Pentecostés, una festividad cristiana que se realiza 50 días después de la resurrección de Jesús y marca el nacimiento de la Iglesia y el inicio de su misión evangelizadora.
Pentecostés conmemora el momento en que el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos en forma de lenguas de fuego, dándoles fuerza y valor para predicar el Evangelio.
También se considera la inauguración de la Iglesia como comunidad de creyentes y su inicio público en el mundo, y el cierre de la celebración de la Pascua, con la promesa de Jesús de al «Paráclito» (defensor/ayudante) para guiar a sus seguidores.
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