Iglesia defiende libertad de expresión, pero pide responsabilidad
Francisco Javier Acero, obispo auxiliar de México, advirtió que nadie puede coartar las libertades de expresión y de creencias. Enfatizó que todo ser humano posee estos derechos fundamentales. Sin embargo, aclaró que para la Iglesia la libertad de expresión no es una licencia para herir, difamar o sembrar odio.
El prelado destacó que la Iglesia reconoce plenamente el valor de la libertad de expresión. Al mismo tiempo, recordó que este derecho conlleva importantes exigencias morales. Según el Catecismo, dijo, la sociedad tiene derecho a una información fundada en la verdad, la libertad, la justicia y la solidaridad.
Vinculan libertad con dignidad humana y derechos
Acero resaltó que intentar coartar estos derechos va en contra de la Constitución y los Derechos Humanos. En la publicación oficial «Desde la Fe«, explicó que el Magisterio de la Iglesia vincula estas libertades con la dignidad intrínseca de la persona. El Concilio Vaticano II afirma que el derecho a la libertad religiosa se funda en esa misma dignidad.
Por lo tanto, el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia incluye explícitamente la libertad de expresión y de evangelización. Cuando no se respeta este derecho, no solo se ofende a Dios, sino que se daña la dignidad humana y se generan desarmonías sociales. En consecuencia, la libertad debe entenderse como una garantía para vivir sin coerciones indebidas.
Llaman a basar la comunicación en el amor
Agregó que, según la tradición agustiniana, tanto el hablar como el callar deben ser actos que nazcan del amor. San Agustín enseñó: “Ama y haz lo que quieras: si callas, calla por amor; si gritas, grita por amor”. Esta regla interior no suprime la franqueza, sino que ordena la palabra hacia la caridad.
De esta manera, la verdad no debe convertirse en agresión, ni el silencio en complicidad. Por eso, la Iglesia insiste en que la libertad de expresión implica una gran responsabilidad ante la verdad y el bien común. Finalmente, el Catecismo advierte que el derecho a comunicar la verdad no es incondicional y debe regirse por el amor fraterno en cada situación concreta.






