En la penumbra del Sábado Santo, cuando el luto por la muerte de Cristo aún envuelve los templos mexicanos, miles de fieles se congregaron para vivir la Vigilia Pascual, la celebración más solemne del año litúrgico.
Esta noche santa, conocida también como la “madre de todas las vigilias”, marca el paso de las tinieblas a la luz y conmemora la resurrección de Jesucristo, culminando el Triduo Pascual.
En México, donde la fe católica se entrelaza con tradiciones ancestrales y el fervor popular, la Vigilia se vive con una intensidad única que combina solemnidad litúrgica y alegría comunitaria.
Con cirios en mano
Desde las grandes catedrales hasta las pequeñas parroquias rurales, la ceremonia inicia al caer la noche, generalmente alrededor de las 20:00 horas, y se extiende hasta la madrugada del Domingo de Resurrección.
Los fieles llegan con cirios en mano, listos para encender la esperanza colectiva. En todo el país, la Vigilia no sólo es un acto religioso, sino un momento de renovación espiritual que une a familias, comunidades indígenas y devotos urbanos en una misma oración.
La luz que vence las tinieblas; el fuego nuevo
El ritual comienza con la liturgia de la luz del fuego nuevo, fuera del templo en total oscuridad. Se bendice un fuego nuevo, símbolo de Cristo resucitado, y se enciende el Cirio Pascual, una gran vela blanca marcada con la cruz, el alfa y el omega, y el año en curso. Los presentes encienden sus velas unas de otras.

Se transmite de cirio en cirio entre los fieles, creando un mar de luces que avanza procesionalmente hacia el interior del templo mientras luego de que el celebrante proclamara por tres veces: «Cristo Luz del Mundo» y la asamblea respondiera: «Demos Gracias a Dios».
Así, se entona el pregón pascual: “¡Exulten por fin los coros de los ángeles!”, un largo canto universal celebrando la redención consumada por Cristo, dando vida nueva a la humanidad.
Lecturas del Antiguo y Nuevo testamentos
Sigue la liturgia de la palabra, con varias lecturas del Antiguo y Nuevo testamentos que narran la historia de la salvación, desde la creación hasta la resurrección.
En México, estas lecturas resuenan con especial fuerza en contextos donde la fe ha sobrevivido siglos de mestizaje cultural, recordando a los fieles que la Pascua es victoria de la vida sobre la muerte.
En el corazón de la capital mexicana, uno de los epicentros de la celebración es la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, en la Ciudad de México. Miles de peregrinos llenan el atrio y el templo principal para presenciar la Vigilia Pascual, a menudo presidida por el Arzobispo Primado de México.
El cirio pascual ilumina la imagen de la Virgen Morena, y el canto del Exsultet reverbera bajo la imponente arquitectura, uniendo a capitalinos y visitantes en un ambiente de profunda devoción.
Las vigilias más emblemáticas
Muy cerca, en el Zócalo capitalino, la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México acoge otra de las vigilias más emblemáticas. Presidida por el cabildo metropolitano, la ceremonia atrae a fieles de todos los barrios. El fuego nuevo se bendice en el atrio y la procesión de luces ilumina las capillas laterales, mientras se renuevan las promesas bautismales en una atmósfera cargada de solemnidad histórica.
En Oaxaca, la Basílica de Nuestra Señora de la Soledad se convierte en punto neurálgico de la Vigilia Pascual. A las 20:00 horas del Sábado de Gloria, la plaza se llena de devotos que llegan con velas y flores.
La liturgia bautismal cobra especial relevancia en esta región de fuerte identidad indígena, donde el agua bendita simboliza no solo la resurrección de Cristo, sino también la renovación de las comunidades zapotecas y mixtecas.
Más al sureste, en Yucatán y Chiapas, las vigilias se viven en templos coloniales y capillas rurales con toques de sincretismo maya.
En poblados como Chiapa de Corzo, los fieles combinan el rito católico con danzas tradicionales, y la quema simbólica de Judas en algunas plazas precede la entrada al templo, fusionando fe y folklore en una explosión de color y fe.
La resurrección con dramatismo
En el centro del país, lugares como Ixtapan de la Sal, en el Estado de México, escenifican la resurrección con dramatismo.
Tras la Vigilia Pascual en la parroquia principal, se representa la salida de Cristo del sepulcro, con miles de fieles que prenden luces y lanzan cascarones de huevo rellenos de confeti, celebrando la vida nueva.
Ciudades coloniales como Querétaro y San Luis Potosí también destacan por sus vigilias en catedrales barrocas.
En la Catedral de Querétaro, el obispo preside la ceremonia con gran solemnidad, mientras en Taxco, Guerrero, el fervor de la Semana Santa culmina en una Vigilia llena de cohetes y procesiones nocturnas que recorren las calles empedradas.
Renovación en comunidades y esperanza compartida
En regiones rurales y entre pueblos originarios, como los tarahumaras en Chihuahua, la Vigilia Pascual se adapta a la geografía y las costumbres locales.
Pequeñas iglesias de adobe se iluminan con velas caseras, y las lecturas se acompañan de cantos en lenguas indígenas, reforzando la identidad católica mestiza del país.
Al concluir la Eucaristía, el Domingo de Resurrección irrumpe con misas solemnes y festejos familiares.
En todo México, la Vigilia Pascual no sólo recuerda la resurrección de Cristo, sino que renueva la fe de millones, dejando en cada corazón la certeza de que, como el cirio pascual, la luz de la esperanza nunca se apaga ante las tinieblas.
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