A más de 125 años de la implementación del sistema combinado de drenaje (1903), la Ciudad de México (CDMX) continúa concibiendo el agua, principalmente como un medio de transporte para excretas y residuos.
Dicho criterio anacrónico es causa de muchos problemas en la región, por lo que urge retomar la naturaleza lacustre de la zona, consideran investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
El criterio de entonces era simple: el líquido debía “limpiar y expulsarse” lo más rápido posible, convirtiendo ríos y corrientes naturales en una red de evacuación que, con el tiempo, terminó completamente entubada.
Esta visión hidráulica, pensada para combatir inundaciones en una ciudad que ya empezaba a hundirse, transformó la rica hidrografía lacustre de la Cuenca de México en una infraestructura subterránea de desagüe.
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Graves inundaciones que se repiten cada temporada de lluvias
Hoy, esa misma decisión explica, en gran medida, tanto las graves inundaciones que se repiten cada temporada de lluvias, como los daños ambientales acumulados por la alteración del antiguo paisaje de lagos y ríos.
La investigadora posdoctoral del Instituto de Geografía (IGg) de la UNAM, Natalia Verónica Soto Coloballes, especialista en historia ambiental de la Cuenca de México señala que:
“Es difícil concebir que toda esa infraestructura y las inundaciones que hoy padecemos tienen que ver directamente con lo que se decidió hace más de un siglo”, explica
La experta indica que en la urbe prevalecen graves daños ambientales ligados precisamente a esa transformación como:
- La pérdida de cuerpos de agua naturales
- Impermeabilización masiva del suelo
- Y la invisibilización de los ríos que antes formaban parte del paisaje
Recuperar la memoria hídrica y “desentubar” la ciudad
Ante esta realidad, Soto Coloballes urge a reconstruir la historia hídrica de la CDMX y tomar acciones concretas tales como:
- Reabrir tramos de ríos actualmente entubados para devolverles un cauce visible.
- Recuperar parques, camellones y áreas verdes a lo largo de estos corredores fluviales.
- Reorganizar por completo el manejo del agua pluvial y de desechos, separando ambas vertientes en lugar de seguir mezclándolas en un mismo sistema.
“La CDMX necesita una reorganización profunda en el manejo del agua pluvial y de desechos. Se trata de idear una urbe que reconozca la presencia de ambas vertientes del líquido y reordene su manejo de manera integral”, enfatiza la investigadora.
Este enfoque no solo buscaría reducir inundaciones y mitigar el hundimiento de la ciudad, sino también restaurar parte del equilibrio ambiental perdido y generar nuevos espacios públicos con valor recreativo y ecológico.
Dejar de esconder el agua bajo el pavimento
En una época en la que las lluvias intensas vuelven a poner en evidencia las limitaciones del modelo centenario, el llamado de la académica resuena con fuerza: «es momento de dejar de esconder el agua bajo el pavimento y empezar a convivir nuevamente con ella como parte viva de la ciudad«.
En este punto es que urge reconstruir la historia hídrica de la urbe y reabrir tramos de ríos entubados para devolverles un cauce visible y recuperar parques, camellones y áreas verdes.
“La CDMX necesita una reorganización en el manejo del agua pluvial y de desechos”, reitera Natalia Verónica Soto Coloballes.
Para lograrlo, la estudiosa de la historia ambiental de la Cuenca de México sugiere idear una urbe que reconozca la presencia de ambas vertientes del agua y reordenar su manejo.
¿Es importante reconstruir el pasado de los antiguos ríos?
Con su proyecto “Geografías de la memoria hídrica en la Ciudad de México: cartografía histórica, fotografía aérea, memoria oral y transformación territorial”, la investigadora de la UNAM busca reconstruir el pasado mediante:
- La identificación
- Sistematización
- Y georreferenciación de antiguos ríos, canales, lagos y manantiales
Lo anterior, a partir del análisis articulado de cartografía histórica, fondos documentales, archivos fotográficos, testimonios orales y registros biológicos sobre la fauna asociada.
Le experta destaca que es necesario caminar junto al agua, reconocer antiguos trazos del territorio y comprender cómo la ciudad se organizó en torno a sus corrientes introduce otra forma de relación con el entorno.
“El trabajo pretende ser un antecedente para replicar lo que han hecho otras urbes como Seúl (Corea), Yonkers (Estados Unidos) y Zurich (Suiza), las cuales han desarrollado intervenciones conocidas como daylighting (reabrir tramos de ríos entubados y recuperar camellones y áreas verdes)”, expone la investigadora.
El agua insiste en recorrer sus antiguos cauces
Hoy en día, la Ciudad de México registra inundaciones, hundimientos y problemas de disponibilidad de agua asociados a la entubación de los ríos y al sistema combinado de drenaje, expuso Soto Coloballes.
En este punto, la especialista explica que lo que ocurre es que cada año, durante la temporada de lluvias, las inundaciones regresan como si el agua insistiera en recorrer sus antiguos cauces.
Es así que se acumula en los pasos a desnivel y en zonas bajas, como el Viaducto Río de la Piedad, recordando el pasado lacustre de la urbe y la ineficiencia del sistema combinado de drenaje diseñado a finales del siglo XIX para sanear y desaguar la metrópoli mexicana.
Soto Coloballes señala que 125 años después de construido ese sistema de drenaje que prevalece, seguimos pensando el agua como un medio de transporte de las excretas.
¿Qué criterios se aplicaron en el pasado?
El criterio de entonces era que el líquido debía limpiar y expulsarse, haciendo de la corriente el medio natural del desecho y transformando la hidrografía en una red de evacuación, que con el tiempo se entubó.
La especialista reconoce que actualmente es difícil concebir que toda esa infraestructura y las inundaciones que hoy en día se presentan tienen que ver con lo que se decidió hace más de un siglo.
Sin embargo, en la urbe prevalecen graves daños ambientales ligados a la alteración de la naturaleza lacustre.






