A cien años del trágico suceso que cobró cerca de 250 mil vidas, la Guerra Cristera fue una respuesta lógica y moral del pueblo fiel al intento de ateísmo de Estado (laicismo extremo de la Constitución de Querétaro y la Ley Calles) que buscaba desmantelar la vida religiosa y social mexicana.
Estas palabras fueron expresadas por el presbítero Javier Olivera Ravasi durante una conferencia titulada “La Resistencia Cristera”, en el teatro Colón de Mérida, en la que resaltó la importancia de conmemorar este acontecimiento, dado que México es uno de los países con mayor cantidad de católicos en el mundo (entre 95 y 98 millones, según cifras oficiales).
La Ley Calles
Recordó que el conflicto arreció con la Ley Calles, una normativa penal que prohibía a partir del 1 de agosto de 1926 portar distintivos religiosos públicos, como el rosario y escapulario, y vetaba la enseñanza de la fe en cualquier plantel educativo.
Esta ley, también expedida por el entonces presidente Plutarco Elías Calles, estipulaba que los bienes destinados al culto pasarían a ser administrados por el Estado, buscando controlar la estructura eclesiástica. Además, solo se reconocía la validez del matrimonio civil no el religioso, en un intento por erradicar las instituciones católicas fundamentales.
Ante esta imposición, el presbítero, con doctorado en Historia, dijo que el pueblo mexicano inició una resistencia por etapas, de manera pacífica y apegados a la legalidad, al recolectar 3 millones de firmas en dos semanas contra la Ley Calles, en un país que entonces tenía 15 millones de habitantes.
Al endurecerse el corazón del gobierno, la resistencia pasó a ser ilegal, incluyendo boicots a la carne y al cine, y el luto en las calles como signo de protesta, mencionó.
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La Cristiada
La etapa final de esta oposición fue la Resistencia Armada, la Cristiada, que se dio después de que los obispos decidieran abandonar los templos el 31 de julio de 1926, pues habitarlos se había convertido en un delito por ley.
Expuso con base en sus investigaciones que el último día de culto público fue un momento de desesperación, con filas masivas buscando confesarse y recibir sacramentos antes del cierre forzoso.
El conferencista enumeró diversos atentados vinculados con las tensiones de la época, como la destrucción de la estructura de Cristo, en el cerro del Cubilete, Guanajuato, y el atentado en el altar de la Basílica de Guadalupe, además de que los templos fueron literalmente saqueados y convertidos en burdeles por las fuerzas federales.
Resaltó figuras como Anacleto González Flores, patrono del laicado mexicano, que ejemplifican la respuesta moral de los laicos, dispuestos a enseñar con su vida, palabra y sangre, ante un gobierno que buscaba imponer normas contrarias a su fe.
Este sacrificio supremo fue visto por el padre Olivera Ravasi como la mayor gloria para un católico, contrastando con la formación religiosa de épocas anteriores.
El sacerdote señaló que la Cristiada fue la consecuencia directa de intentar regular, mediante leyes seculares, aspectos intrínsecos a la fe, como la enseñanza y los sacramentos, demostrando que la obediencia no aplica cuando se exige cometer un pecado o actuar contra la propia conciencia.
El religioso, que en alguna ocasión fuera cuestionado en una de sus conferencias de prensa por el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador, llevó su libro de tesis doctoral, “La Resistencia Cristera”, el cual se agotó en un santiamén.






