Semana Santa: momento central del calendario cristiano
La Semana Santa, considerada el momento central del calendario cristiano, vive un proceso de transformación en México y el mundo, marcado por la diversidad cultural, la pluralidad religiosa y los cambios sociales.
Así lo expone el académico del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Jorge Eugenio Traslosheros Hernández.
En entrevista con AMEXI, el especialista explica que el origen de la celebración de la Semana Santa se encuentra en los primeros siglos del cristianismo, particularmente en las prácticas de las comunidades apostólicas.
“Desde los hechos de los apóstoles queda claro que los primeros cristianos se reunían para conmemorar estos acontecimientos; la celebración pascual era el centro de su vida litúrgica”, indica.
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¿Varía la celebración de la Semana Santa?
El investigador también precisa que esta base histórica se mantiene a lo largo del tiempo, aunque las formas de celebración varían conforme el cristianismo se ha expandido en distintas regiones del mundo.
“Lo que cambia son las formas, porque el cristianismo se hace cultura en los lugares donde llega, y eso genera una enorme diversidad de expresiones”, explica Eugenio Traslosheros, experto con maestría en Historia, por el Colegio de Michoacán.
De esta manera, resalta que no existe una única forma de vivir la Semana Santa, ya que cada país y comunidad la adapta a sus propias tradiciones.
“No es lo mismo celebrarla en Filipinas, en España o en México; hay un denominador común, pero las prácticas son muy diversas”, apuntó.
De sociedad confesional a plural
El investigador de la UNAM subraya que uno de los cambios más relevantes es el tránsito de una sociedad mayoritariamente confesional a una más plural y diversa.
“Antes, en México, ser católico era prácticamente sinónimo de ser mexicano; hoy la identidad se define de muchas maneras”, resalta el especialista, con doctorado en Estudios Latinoamericano por Tulane University.
Añade que, en este contexto, la percepción de qué la Semana Santa se está perdiendo responde más a una transformación que a una desaparición.
“Ya no es una práctica de toda la sociedad, sino que se concentra en ciertos grupos poblacionales”, dijo.
Puntualiza que esta transición también está influida por factores como la globalización, los cambios de valores y la falta de transmisión generacional en algunos sectores.
Sin embargo, insistió en que la tradición de la Semana Santa sigue viva, especialmente en el ámbito de la religiosidad popular.
Cambios en la participación social
Traslosheros Hernández destacó que uno de los sectores donde más se ha notado la disminución de participación es la clase media. “Ahí sí vemos una pérdida respecto a décadas anteriores”, reconoció.
No obstante, señala que las manifestaciones religiosas continúan con fuerza en otros espacios, principalmente en las iglesias.
“Las iglesias se llenan en las celebraciones de Semana Santa, incluso en centros turísticos; no se dan abasto”, afirmó.
Este fenómeno, explicó, ha dado lugar a nuevas estrategias dentro de la Iglesia, como la llamada “pastoral del turismo”, que busca atender a fieles en contextos vacacionales.
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Más allá de las prácticas externas
Sobre el papel de la Iglesia católica, el académico consideró que el principal reto es recuperar el sentido profundo de la celebración de Semana Santa, más allá de prácticas disciplinarias tradicionales.
Recordó que costumbres como no comer carne o evitar ciertas actividades eran expresiones devocionales de otra época, pero no necesariamente el centro del mensaje. “¿De qué sirve no comer carne si te estás ‘comiendo’ al prójimo?”, cuestionó.
En ese sentido, plantea que el desafío actual es fortalecer una vivencia ética y espiritual más coherente con los valores cristianos, especialmente en un contexto de violencia y polarización social.
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Religiosidad popular: entre tradición y renovación
El especialista también destaca la importancia de la religiosidad popular, a la que definió como una expresión con gran creatividad y arraigo comunitario. Sin embargo, advierte que requiere acompañamiento y reflexión.
“La religión popular está muy bien, pero hay que meterle inteligencia”, expresó, al señalar la necesidad de enriquecer estas prácticas sin descalificarlas.
Asimismo, consideró que las autoridades eclesiásticas deben respetar estas expresiones y evitar interpretaciones externas que no comprenden su sentido profundo.
Una tradición en evolución
Finalmente, Traslosheros Hernández enfatiza que la Semana Santa sigue siendo una celebración vigente, aunque en transformación constante.
“No existe una sola forma de conmemorarla; depende de los contextos y de la formación de cada persona”, afirmó.
Concluye que, más que preocuparse por una supuesta pérdida, el reto es comprender los cambios y fortalecer el sentido de la celebración.
“Siempre es posible vivir la Semana Santa ahí donde estemos y con lo que tengamos”.
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