El fenómeno de los «therians» o teriantropos ha cobrado relevancia en las redes sociales y el ámbito psicológico. Este grupo lo integran personas que se identifican, de forma interna o espiritual, con un animal no humano.
A diferencia de otros movimientos, los therians no usan disfraces por simple diversión; ellos perciben su identidad como una conexión intrínseca con la naturaleza animal.
Identidad animal y perspectiva psicológica
La psicología contemporánea analiza este fenómeno como una forma de «identidad alterhumana«. Los especialistas aclaran que ser therian no implica necesariamente un trastorno mental, ya que el individuo mantiene plena conciencia de su condición física humana.
Y que no existen delirios de transformación biológica, lo cual diferencia al therian de la licantropía clínica. En la licantropía, el paciente cree que su cuerpo cambia físicamente a una forma animal.
Muchos therians experimentan lo que llaman «cambios» o shifts. Estas son experiencias subjetivas donde sienten instintos o comportamientos del animal con el que se identifican.
Algunos reportan sensaciones táctiles, como el peso de un pelaje o la presencia de una cola inexistente. Estos rasgos psicológicos funcionan como un marco de autoconciencia y exploración personal durante la adolescencia.

El refugio de los niños perdidos
La construcción de estas identidades recuerda a figuras literarias clásicas como los «Niños Perdidos» de Peter Pan. En la obra de J. M. Barrie, estos personajes habitan Nunca Jamás y portan pieles de animales para reafirmar su pertenencia al grupo; Slightly viste como zorro, Toodles como zorrillo y Nibs como conejo.
Al igual que los therians, utilizan estos símbolos para habitar un espacio seguro, lejos de las presiones adultas, y rechazar la madurez.
Expertos en salud mental coinciden en que esta identificación no constituye un trastorno por sí misma. El psicólogo Jesús Ramírez Escobar explicó a un medio de comunicación que este movimiento responde a una necesidad humana básica: «nadie quiere ser ‘raro’ en soledad».
Según Ramírez, la viralización de estas conductas permite a los jóvenes encontrar comunidades con intereses similares.
Por su parte, la psicóloga María Huertas advierte que lo relevante no es lo inusual de la identidad. En declaraciones para un portal de noticias, Huertas señaló: «Lo relevante no es que la identidad sea inusual, sino si genera sufrimiento o pérdida de funcionalidad».
La especialista recalca que estos individuos mantienen un juicio de realidad claro y saben que su cuerpo es humano.
La psicóloga Andrea Anaya describe este comportamiento como un reflejo generacional. En entrevista con un medio de comunicación de circulación nacional, Anaya argumentó que los jóvenes se sienten «desconectados» y construyen su self a través de símbolos. Esta práctica funciona como una «válvula de escape» emocional ante un mundo percibido como hostil o artificial.

El papel de la comunidad digital
Las redes sociales han facilitado la formación de comunidades globales de therians. Plataformas como TikTok e Instagram utilizan algoritmos que conectan a personas con intereses similares. Esto refuerza el sentimiento de grupo, el cual resulta crucial durante la etapa adolescente. Dentro de estos foros, los usuarios comparten sus experiencias sin el juicio de la sociedad externa.
Los psicólogos recomiendan que las familias acompañen estos procesos con apertura y límites claros. La preocupación no debe centrarse en la etiqueta identitaria, sino en el bienestar del joven. Si la actividad no interfiere con la vida académica o laboral, se considera una práctica lúdica saludable.






