Por Carlos Lara Moreno y Luis Martín González
Donald Trump presiona a México: las recientes declaraciones del presidente estadunidense, en las que afirma que México está “gobernado por los cárteles”, representan un mensaje político directo al gobierno de Claudia Sheinbaum. Especialistas advierten que no se trata de retórica electoral, sino de una estrategia regional de presión con implicaciones en seguridad y soberanía.
En el contexto de la intervención de Estados Unidos en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro, el señalamiento hacia México adquiere una dimensión mayor. Para analistas, Washington está redefiniendo su política exterior hacia América Latina bajo una lógica de intervención directa.
Dependencia económica y presión bilateral
La internacionalista Norma Soto, académica de la Universidad La Salle, subrayó que México enfrenta una relación de alta dependencia económica con Estados Unidos. Cerca del 80 por ciento de las exportaciones mexicanas se dirigen a ese país, que además es su principal inversionista.
Soto advirtió que cualquier amenaza de retiro de inversiones o endurecimiento comercial tendría impactos inmediatos en la economía mexicana. En ese marco, el discurso de Trump busca forzar una mesa de negociación en materia de seguridad.
Según la especialista, la violencia asociada al narcotráfico y los altos niveles de homicidios en entidades como Sinaloa, Guanajuato y Michoacán son utilizados como argumento para justificar una mayor injerencia.
Seguridad como pretexto para intervenir
Desde otra óptica, el doctor Gildardo López, investigador de la Universidad Panamericana, coincidió en que el mensaje de Trump debe tomarse con seriedad. Señaló que el mandatario estadounidense ya no se rige por los marcos tradicionales del derecho internacional.
López recordó que, horas antes de la intervención en Venezuela, la fiscalía del sur de Nueva York emitió órdenes de captura por narcotráfico y terrorismo contra Maduro y su esposa. Esa acción, dijo, dio apariencia de legalidad a la operación militar.
El académico comparó el caso con la operación “Causa Justa” en Panamá, cuando Estados Unidos justificó la captura de Manuel Noriega bajo argumentos similares.

La respuesta de México, bajo observación
Ambos especialistas coincidieron en que la política exterior mexicana ha sido hasta ahora prudente y contenida. La presidenta Claudia Sheinbaum ha optado por una postura moderada, respaldada por la Cancillería y el peso de la relación económica bilateral.
No obstante, Soto advirtió que la moderación no basta. México requiere una planeación clara, con objetivos definidos y una negociación formal en seguridad que genere beneficios tangibles.
Entre las posibles áreas de negociación mencionó infraestructura, tecnología de vigilancia, carreteras y equipamiento, sin que el país asuma todo el costo financiero.
América Latina y la nueva doctrina de Washington
El contexto regional complica el escenario. López sostuvo que América Latina vuelve a ser tratada como zona de influencia directa de Estados Unidos, bajo una lógica que definió como una “doctrina Monroe versión Trump”.
La existencia de gobiernos afines en países como Argentina, Ecuador, Honduras y posiblemente Chile reduce la capacidad de una respuesta regional coordinada en defensa de la soberanía.
Además, el caso venezolano abre múltiples interrogantes sobre la estabilidad política, el papel de las fuerzas armadas y la permanencia de una base social chavista.
Trump presiona a México: reto inmediato para el gobierno de Sheinbaum
Para México, el desafío es doble: enfrentar una presión externa creciente y evitar un descontento interno que debilite al gobierno. Ambos expertos coincidieron en que no definir una estrategia también implica perder margen de decisión.
La advertencia es clara. La presión de Washington es real. Puede convertirse en una oportunidad negociada o en un factor de conflicto interno.
Todo dependerá de la capacidad del Estado mexicano para fijar límites, negociar con firmeza y mostrar resultados concretos en seguridad.






