Tras el secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y de su compañera Cilia Flores, a través de un ataque militar del imperialismo estadunidense ocurrido la madrugada del 3 de enero, bajo el argumento del supuesto combate al narcotráfico, se vuelve importante desnudar la hipocresía yanki en torno al tema.
Sobre todo, con el nuevo artificio que la administración de Donald Trump ha impulsado al declarar, hace un año, a las estructuras dedicadas al tráfico de sustancias ilícitas como “organizaciones terroristas extranjeras”.
Para ello es necesario visibilizar la red de narcotráfico que Estados Unidos, a través de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), construyó con exiliados cubanos anticomunistas desde 1960 y que involucra a un personaje clave de la producción y trasiego de sustancias psicoactivas ilegales en México: Ismael “El Mayo” Zambada García.
Esto, máxime que el próximo 13 de abril de 2026 será la audiencia condenatoria del juicio de Ismael, quien se declaró culpable de narcotráfico para colaborar con las autoridades estadunidenses.
Combate al narco-terrorismo-comunista-islámico
Como parte de ese proceso, Estados Unidos ha buscado relacionar a este capo con el presidente venezolano —hay que decirlo otra vez: él y su esposa, hechos prisioneros de guerra mediante secuestro— en la lógica de avanzar cada vez más en la falaz narrativa del supuesto combate al narco-terrorismo-comunista-islámico.
Este “mix” de términos no es una exageración: Fox News, uno de los canales de noticias que ha tenido mejor relación con Trump ─incluso Peter Brian Hegseth, exmilitar y actual secretario de Guerra de la administración trumpista, fue comentarista y presentador de Fox–, bombardea a su audiencia constantemente con notas que hablan de un presunto “imperio del narcotráfico de Irán y Hezbolá en Venezuela”.

En él también estaría involucrado, supuestamente, el movimiento palestino Hamás, recibiendo entrenamientos en “campamentos clandestinos” de la Isla venezolana de Margarita, por lo cual se debería “eliminar el régimen narcoterrorista de Venezuela” en aras de “fortalecer significativamente la seguridad nacional de Estados Unidos”.
Para la narrativa estadunidense —en esta ocasión en boca de Marshall Billingslea, exsecretario adjunto para el Financiamiento del Terrorismo y Delitos Financieros del Departamento del Tesoro—, esto sería algo que estaría pasando desde la llegada al poder en Venezuela del impulsor del llamado socialismo del siglo XXI —aunque hay que decir que en Venezuela jamás ha habido socialismo—, Hugo Chávez, de quien Maduro es sucesor.
“Régimen narco-comunista que aterroriza a su propio pueblo” también le llaman en Fox News al gobierno venezolano, ahora encabezado por Delcy Rodríguez tras la invasión del 3 de enero.
Narcotráfico, política de la CIA
Un enunciado a manera de corolario de un trabajo propagandístico que desde hace más de una década ha intensificado esfuerzos para moldear, a través de medios de comunicación de todo el mundo, representaciones que asocien a organizaciones guerrilleras anticapitalistas con la estructura criminal de Zambada.
Empero, la realidad es que el tráfico de sustancias psicoactivas ilegales es una actividad que históricamente ha sido implementada por la CIA, cuando la situación política en Estados Unidos se ha caracterizado por cierto nivel de fricción entre el poder Legislativo y el Ejecutivo, donde el Congreso ha contrariado iniciativas presidenciales para destinar financiamiento, por ejemplo, a grupos paramilitares anticomunistas.
Es ahí donde entran redes como la de anticomunistas cubanos exiliados sobre todo en Miami, Florida, que combatieron fanáticamente al régimen revolucionario de Cuba que se erigió en enero de 1959.
Estos anticomunistas tuvieron estrepitosas derrotas como la de Bahía de Cochinos, en 1961, suceso en el que entró en acción la tristemente célebre Brigada de Asalto 2506, apoyada por la CIA e integrada por ominosos personajes como Luis Posada Carriles, Felipe Vidal Santiago, Ismael Félix Rodríguez y Orlando Bosch Ávila, entre otros, que posteriormente llevaron a cabo actos terroristas contrainsurgentes y narcotráfico en Centroamérica y México.
Pero no son los únicos cubanos que tuvieron este tipo de relación con la CIA, hay algunos más como Francisco Chanes, Jorge Morales, Alberto Sicilia Falcón y Antonio Cruz Vázquez, alias “Niko”; estos dos últimos destacan por sus actividades criminales en México y “Niko”, particularmente, por sus quehaceres en Sinaloa.

Gestión de activos con fines geopolíticos
Es aquí donde entra la hipótesis de que Ismael Zambada podría haber sido un activo de alto nivel de la CIA: Antonio Cruz era un cubano estadunidense que se convirtió en cuñado de “El Mayo” al casarse con la hermana de este, Modesta Zambada García.
Aunque no hay datos que indiquen que Cruz participó en la fracasada incursión de Bahía de Cochinos, sí pertenece a la generación de exiliados cubanos reclutados por la inteligencia estadunidense posterior a dicho acontecimiento, a quienes adiestraron para combatir al comunismo a través de operaciones encubiertas en América Latina.
Bajo la perspectiva de “gestión de activos” de los aparatos de inteligencia, las personas que llevaban a cabo prácticas de narcotráfico no eran vistos como criminales, sino como parte de un mecanismo logístico y de autofinanciamiento para cumplir objetivos geopolíticos.
Los periodistas de investigación Ioan Grillo y Frederick Venables, coinciden en que a “Niko” los reclutó la CIA probablemente en Nicaragua, a inicios de los 1960”s.
Para cuando “El Mayo” tenía 20 años, a finales de esa década, Cruz, ya como su cuñado, lo insertó en las grandes ligas del crimen bajo un esquema de protección institucional trabajado y heredado de la red anticomunista que operaba en México potencializada por la CIA, pero también por la extinta Dirección Federal de Seguridad (DFS), el Centro de Inteligencia y Seguridad Nacional, instancias y personajes específicos de las Fuerzas Armadas, a pesar de que el régimen mexicano expresaba simpatías por la Revolución Cubana.
¿Capacidad para eludir o protección binacional?
Zambada permaneció en libertad alrededor de medio siglo llevando a cabo actividades criminales. Esta longevidad operativa solo se explica mediante una protección binacional de alto nivel. Mientras sus contemporáneos caían o fueron asesinados, él continuaba como operador.
Este es otro elemento, tal vez el de más peso, que nos permite deducir que “El Mayo” fue uno de los activos históricos de la CIA, como el hondureño Juan Ramón Matta Ballesteros o el mencionado Sicilia Falcón, quien se relacionó en Tijuana con la familia Arellano Félix.
Desde la referida perspectiva de “gestión de activos” de las agencias de inteligencia, un activo no es necesariamente un “empleado”, sino una pieza que se gestiona para obtener ciertos objetivos: estabilidad regional, información sobre grupos y/o sectores de la sociedad específicos, realizar labores coercitivas que los cuerpos represivos oficiales no podrían ejercer ahí donde el consenso no lo permitiría, instaurar escenarios de terror paramilitar, o financiamiento de operaciones encubiertas, entre otras cosas.
Obviamente son agentes que juegan un papel funcional a la burguesía en la lucha de clases. Sin embargo, contrario a lo que altos funcionarios de gobierno, los medios de comunicación y los productos de las industrias culturales pregonan de forma explícita y/o implícita, jamás rebasan realmente el poder de los estados-nación.
Si bien no hay un documento desclasificado que diga “Ismael Zambada: Agente o activo de la CIA”, su trayectoria encaja perfectamente con el modelo de “activo protegido” que la inteligencia estadunidense ha utilizado históricamente en México, Centroamérica y el mundo.
Traslados de drogas, dinero y armas
Ya se ha hablado bastante de otros tres activos de ese tipo que operaron en los 1970”s y 1980”s: los sinaloenses Miguel Ángel Félix Gallardo, Ernesto Fonseca Carrillo y Rafael Caro Quintero.
Los comandaron directivos de la DFS como Javier García Paniagua —padre del actual secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch—, Miguel Nazar Haro —otro anticomunista fanático torturador y asesino de militantes de distintas organizaciones del Movimiento Armado Socialista de México—, y José Antonio Zorrilla Pérez, así como por agentes de la CIA como el mencionado Ismael Félix Rodríguez.
Ese cubano de extrema derecha nacido en 1941 en La Habana, además de pertenecer a la Brigada 2506, viajó por el mundo reprimiendo cualquier expresión democrática, por más incipiente que fuera: asesinó y torturó a activistas de izquierda y militantes comunistas en Vietnam, el Congo, El Salvador, México y Bolivia, al menos. En este último país participó en la caza que terminó en la ejecución extrajudicial del revolucionario Ernesto “el Che” Guevara, en octubre de 1967.
En El Salvador y México fue el ejecutor de labores tácticas en el despliegue de la política fáctica de apoyo y financiamiento clandestino de la administración del presidente estadunidense Ronald Reagan (1981-1989) a los contrarrevolucionarios nicaragüenses; en Guadalajara se relacionó con Miguel Ángel y su gente.
Ismael Félix usaba el seudónimo de “Max Gómez” para sus actividades encubiertas bajo las órdenes directas de Oliver North —militar miembro del Consejo Nacional de Seguridad de la Casa Blanca—, entre las que estaban el coordinar traslados de drogas, dinero y armas.
Las primeras, a Estados Unidos, lo segundo era recibido y distribuido para gastos operativos, y un tanto de lo tercero se quedaba en México en campos de entrenamiento de Veracruz y Sinaloa, en las afueras del rancho Las Cabras, del entonces gobernador Antonio Toledo Corro, en el municipio de Escuinapa, mientras que otro tanto se iba a los paramilitares de Nicaragua. “Max Gómez” torturó hasta la muerte personalmente a Enrique Camarena, agente de la DEA.

CIA y la DFS reordenaron el negocio
Volviendo a Zambada García: durante esos años se ha dicho que estuvo en contacto con la estructura de Miguel Ángel, vía la familia Carrillo.
Jesús Esquivel, en su libro La CIA, Camarena y Caro Quintero, de 2014 (en su segunda reimpresión de 2025 de la editorial Penguin Random House, pág. 109), recaba testimonios de expolicías judiciales de Jalisco que eran escoltas del grupo en cuestión.
Ellos aseguran que “El Mayo” Zambada estuvo en Guadalajara, en la casa de la calle Lope de Vega 811, colonia Jardines del Bosque, donde asesinaron a Camarena. Además de Félix Rodríguez, también se menciona a otro cubano de la CIA de nombre desconocido que estuvo presente.
La CIA y la DFS reordenaron el negocio de las drogas ilícitas entre Colombia, Centroamérica, México y Estados Unidos, entre otras cosas, mediante la sofisticación del lavado de dinero y nuevo equipamiento bélico.
Mientras Miguel Ángel y sus compañeros van cayendo sacrificados por sus verdaderos jefes al norte y sur del río Bravo, emergen nuevos personajes mediáticos de las industrias criminales como el propio “Mayo”, “El Chapo”, Amado Carrillo Fuentes, los hermanos Arellano Félix, mientras que al noreste del país aparece gente como Juan García Ábrego. Siempre hay una o algunas figuras de las cúpulas burocráticas militar, policíaca y de inteligencia tras ellos que, eventualmente terminan sacrificándolos.
Marioneta de la ultraderecha
La aprehensión de “El Mayo”, en caso de que la hipótesis de que es un activo sea verdadera, podría representar un cambio de su utilidad operativa o una modificación de régimen en la “gestión de activos” de Washington, de cara a nuevos planes.
Hay consideraciones imperialistas que trascienden los periodos presidenciales y siguen su curso de manera trans-administración.
Es posible que “El Mayo”, ese producto del anticomunismo de la Guerra Fría, ahora tenga un último papel como marioneta de estos nuevos fanáticos de extrema derecha que lideran al hegemón mundial, en su cruzada por imponer una Doctrina Monroe al que se le añade el “corolario Trump”, ahora como colaborador en el juicio al presidente venezolano Nicolás Maduro. Todo para obtener mejores condiciones carcelarias y beneficios para su familia. Es factible. Habrá que ver.
¿Alguien les cree?
Si el lector se pregunta si habrá relación entre funcionarios del presente periodo del gobierno de Donald Trump con personajes del narco, ahí está el cubano ultraderechista Marco Rubio, actual secretario de Estado.
Su cuñado, Orlando Cicilia, quien está casado con Barbara, la hermana mayor de Marco, ha sido identificado como uno de los “Cowboys de la Cocaína” de los 80”s en Miami que hicieron millones de dólares con el trasiego y la venta de este estimulante ilegal. Incluso estuvo un tiempo en la cárcel por ello.
El Miami News Times reportó que Marco y su familia vivieron en casa del matrimonio Cicilia en el tiempo en que Orlando “desempeñó un papel importante en la operación de narcotráfico de 75 millones de dólares, desde su propia casa”.
Empero, el secretario, en sus memorias, supuestamente dice que “su familia desconocía el tráfico de drogas de Cicilia en ese momento”… ¿Alguien les cree?
Va otro dato que podría ser tema para otra emisión de esta columna: elementos de Delta Force, la unidad de operaciones especiales de élite del Ejército de Estados Unidos encargada de ejecutar el secuestro de Maduro y su compañera Cilia, son traficantes de drogas ilegales al territorio yanki.
Esta y otras actividades criminales las tolerada el gobierno de Estados Unidos, a manera de un privilegio que les otorga por realizar las labores más brutales e inconfesables del imperialismo estadunidense, tal como muestra Seth Harp en su libro The Fort Bragg Cartel, de 2025.
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