We will restore the warrior ethos
and rebuild the Joint Force so that America’s
enemies never doubt our resolve or ability
to respond decisively to those threats…
we will rebuild the U.S. defense industrial base
as part of the President’s once-in-a-century
revival of American industry.
NDS 2026

Dr. En Política de Procesos Socioeducativos por la UPN Ajusco
Columna Asalto al Cielo
La Estrategia de Defensa Nacional (NDS) 2026 de Estados Unidos (https://cutt.ly/rtUQgXaS), presentada el pasado 23 de enero, se enmarca dentro de la última etapa de lo que he llamado “El Gran Teatro del Narcoterrorismo” (https://cutt.ly/XtUQqXAQ), el cual hace referencia a una herramienta político-militar de coerción imperialista cuyo diseño ha ocurrido a lo largo de poco más de 100 años y que tiene como base el régimen internacional de prohibición de algunas sustancias psicoactivas.
En esta última etapa es que se ubica también la Estrategia de Seguridad Nacional (NSS 2025) de dicho país (https://cutt.ly/BtUQacaJ), que vio la luz el pasado noviembre y donde se declara, entre muchas otras cosas, que el imperialismo estadounidense quiere un hemisferio occidental en el cual los gobiernos “cooperen” con él en su supuesta lucha contra el llamado “narcoterrorismo” de los “cárteles” y otras “organizaciones criminales transnacionales”.
Un hemisferio que “permanezca libre de incursiones extranjeras hostiles o de la propiedad de activos clave, y que apoye las cadenas de suministro críticas” para garantizar el acceso continuo de su gran burguesía a “ubicaciones estratégicas clave”, es decir, el hacer cumplir un <<Corolario Trump>> de la Doctrina Monroe.
Para dichos objetivos, el imperialismo yanki es explícito:
“Queremos reclutar, entrenar, equipar y desplegar las fuerzas armadas más poderosas, letales y tecnológicamente avanzadas del mundo para proteger nuestros intereses, disuadir guerras y, si fuera necesario, ganarlas rápida y decisivamente, con el menor número posible de bajas”.
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Tanto este documento como el NDS 2026 son las actas de desesperación de una potencia imperialista que, a pesar de ser el hegemón planetario, ve cómo las costuras de su hegemonía se revientan ante el avance de un polo de acumulación en oriente, con China como un estado obrero deformado en proceso de convertirse en potencia imperialista.
En la NDS se habla de un “Entorno de Seguridad” en el cual se identifican a 4 naciones como las principales amenazas: Corea del Norte, Rusia, Irán y China.
A esta última se le reconoce como “el segundo país más poderoso del mundo —solo por detrás de Estados Unidos— y el Estado más poderoso en relación con nosotros [EEUU] desde el siglo XIX” cuyo poder, no obstante enfrentar distintos desafíos internos importantes en lo económico, demográfico y social, está creciendo.
Es ante esta amenaza que desde la NSS 2025 la administración trumpista ya declaraba que quería “impedir que una potencia adversaria domine Oriente Medio, sus reservas de petróleo y gas, y los puntos estratégicos por donde transitan, evitando al mismo tiempo las guerras interminables que nos han estancado en esa región a un alto costo”.
Durante el siglo XX el fantasma a combatir era el comunismo. Hoy, en un ejercicio de alquimia ideológica, para tratar de legitimar sus intervenciones, la narrativa imperialista yanki en sus medios de comunicación ha fusionado categorías inconexas para crear un nuevo avatar a su lista de presuntos enemigos formidables: el “narcoterrorismo-socialista-islámico” (en esta reflexión abordé con más detalle ese asunto superestructural https://cutt.ly/ftv17T8H).
En las fantasías imperialistas que auguran tentativas de falsa bandera existe una presunta intención por parte de la República Islámica de Irán para, en alianza con los “cárteles mexicanos”, lanzar ataques con drones a California (https://cutt.ly/vtUQHDke).
Ante esto el 15 de marzo, dos días antes de ser asesinado por el Estado genocida de Israel, Alí Lariyaní, jefe del Consejo Supremo de Seguridad de Irán, declaraba que “los miembros restantes de la ‘banda de Epstein’ están conspirando para crear un incidente similar al del 11-S y culpar a Irán» (https://cutt.ly/1tUQZjM7).
Ello, en el contexto de los nuevos ataques militares que Estados Unidos e Israel han lanzado contra Irán desde el 28 de febrero; aventura bélica mal calculada, impulsada con la mentira de que la nación persa estaba a un mes de obtener una bomba nuclear (https://cutt.ly/etUQBlGf) a pesar de que en el propio NDS 2026 (pág. 11) se aseguraba que el programa nuclear iraní había sido “obliterado” tras la Operación Martillo de Media Noche de junio de 2025, donde bombarderos furtivos B-2 y submarinos de distinta clase lanzaron bombas GBU-57A/B MOP y misiles Tomahawks, respectivamente, contra la instalación nuclear de Natanz , la planta, el Centro de Investigación y Tecnología Nuclear de Isfahán, y la planta de enriquecimiento de uranio de Fordow.
Derivado de esa mentira es que el director del Centro Nacional de Contraterrorismo, Joe Kent, renuncia a su cargo este 17 de marzo, acusando que su país está atacando a Irán por presiones de Israel, al que, por cierto, la NDS 2026 describe en su página 2 como un “aliado ejemplar”.
A lo que se le suma que países de la OTAN y asiáticos como Japón y Corea del Sur se niegan a ser parte de una campaña militar que busque la “liberación” del estrecho de Ormuz. Trump está más solo que nunca (https://cutt.ly/wtUQ2Cfz).
Sometimiento hemisférico fáctico
La unión artificiosa de narcoterrorismo-socialismo-islam, si bien no está incluida tal cual ni en la NDS 2026 ni en la NSS 2025, sí aparece en la narrativa imperialista a nivel mediático, y busca legitimar la aplicación de una pretendida “justicia” extraterritorial estadounidense.
Mediante la criminalización, la fuerza coercitiva estadounidense, disfrazada de derecho, busca convertirse en sometimiento hemisférico fáctico.
Si un Estado decide ejercer su soberanía defendiendo sus recursos, puede ser acusado de ser “socialista” y tener presunta complicidad con el “terrorismo islámico”, con el “narcotráfico”, o con una combinación de ambos. Así, la expropiación imperialista se disfraza de operativo policial internacional.
Desde una perspectiva marxista estamos ante una crisis de la hegemonía estadounidense. El imperio desde hace tiempo no logra el consenso, ahora toca cada vez más pura coerción y coacción.
Algo que, si bien ya se venía viendo desde los ejercicios de extorsión pura, simple y efectiva ideadas al menos desde 1969 con la Operación Intercepción (al respecto, véase https://cutt.ly/vtUQ4gnk), ahora se expresa con mayor cinismo, como un inconsciente a cielo abierto que nos dice que la “paz a través de la fuerza” es realmente la fuerza imperialista para el sometimiento neocolonial.
Batería de herramientas imperialistas
Tanto la NSS 2025 como la NDS 2026 forman parte de la batería de herramientas imperialistas del “Gran Teatro del Narcoterrorismo” para avanzar en los procesos de acumulación por desposesión (https://cutt.ly/CtUWqgPl).
Washington en realidad no se siente amenazado ni por el fentanilo, mucho menos por los llamados “cárteles” de la droga, cuyas estructuras históricamente han sido instrumentalizadas por sus agencias de seguridad e inteligencia.
Por otro lado, la veracidad de supuestas amenazas contra la fiscal general Pam Bondi, dadas a conocer el 12 de marzo (https://cutt.ly/NtUSS6wv), es bastante discutible, sobre todo tras descubrirse que, en su comparecencia del 11 de febrero ante congresistas, al ser interrogada sobre el mal manejo que ha hecho del caso Epstein, gritó, exasperada, que, en lugar de cuestionarla, lo que le debería importar es que el Ejército estadounidense supuestamente había derribado a drones de “cárteles” mexicanos que estaban atacando a El Paso, Texas (https://cutt.ly/1tUDmm7B).
Apenas unas horas después de que Bondi hizo ese desplante dramático, se supo que no hubo ningún ataque, y que todo había sido una extraña situación derivada de pruebas militares norteamericanas que terminaron cerrando el espacio aéreo de la ciudad fronteriza (https://cutt.ly/ftUWiIDr).
Aun cuando el asunto de las presuntas amenazas a Bondi derivara en alguna situación adversa, la versión de la supuesta capacidad y responsabilidad de los “cárteles” para llevar a cabo una acción de esa envergadura también deberá ser cuestionada minuciosamente.
Escudo de las Américas
Como diría el comandante Che Guevara, «No se puede confiar en el imperialismo, pero ni tantico así. Nada«, menos en este momento que se acaba de conformar la Americas Counter Cartel Coalition (Coalición Americana contra los Cárteles) en la llamada cumbre «Escudo de las Américas» 2026, la cual es un bloque reaccionario latinoamericano de obediencia a Washington, en el que se integraron de manera entusiasta doce jefes de Estado, entre los que destacan:
Javier Milei de Argentina, Nayib Bukele de El Salvador, José Antonio Kast de Chile, Nasry Asfura de Honduras y Daniel Noboa de Ecuador.
Estos dos últimos hacen destacar la hipocresía del acto, pues, en el caso de Noboa, su empresa familiar bananera, Noboa Trading Co., es señalada de transportar toneladas de cocaína a los Balcanes (https://cutt.ly/TtUSXUbn).
Mientras que Asfura tiene relación con el expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, quien había sido sentenciado en EE. UU. a 45 años de prisión por delitos relacionados con tráfico de armas y drogas ilegales, pero fue indultado por Trump en diciembre de 2025.
Asfura y Hernández son del derechista Partido Nacional de Honduras y han sido señalados por tener “una relación de cercanía política y administrativa” (https://cutt.ly/4tUD1Tm8).
México, Colombia y Brasil no estuvieron presentes en la cumbre. De cualquier forma, dicho proyecto reaccionario solo tiene que ver con el combate al narcotráfico en el plano discursivo. Sus objetivos, al igual que todas las estrategias contra el narco impulsadas por EE.UU siempre son otros.
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¿Qué se busca con el NDS 2026?
Es así, pues, que la NDS 2026 no busca un mundo más seguro, sino uno donde el Leviatán estadounidense siga siendo el principal dueño de la finca global, aunque para ello deba incendiarla.
Si ante el creciente aislamiento internacional de Trump en la aventura bélica de Irán, sumado al rechazo popular a la guerra y la lucha migrante contra ICE, así como a las contradicciones internas y disputas interburguesas del imperialismo estadounidense ─entre el sector energético y el del complejo industrial militar, por ejemplo-, su administración de pronto anuncia un supuesto ataque persa en alianza con “los cárteles mexicanos”, el deber de nosotros como anticapitalistas debe ser denunciar lo que será realmente: una operación de falsa bandera para tratar de recuperar el consenso que el propio Trump ha contribuido a erosionar cada vez más con sus decisiones.






