Después de capturar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, el presidente estadunidense Donald Trump anunció que Washington administrará esa nación, su petróleo y los múltiples recursos estratégicos de la nación sudamericana.
Aclaró que sería “muy difícil” para María Corina Machado administrar Venezuela porque “no tiene el respeto de los venezolanos”. Parece que la considera una “tonta útil como “líder del pueblo venezolano”; “ganó” el Premio Nobel de la Paz 2025 pidiendo invadir su país y ahora no tiene el “respeto” de los venezolanos.
Siempre ocurre así, los líderes populistas se improvisan, los levantan y crecen con la misma velocidad con la que desaparecen cuando dejan de ser útiles. Creer que Estados Unidos invertirá lo invertido solo para “entregarle” el poder directamente a Machado, es infantil.
Washington se encargará directamente de administrar una nación de 28 millones de habitantes, y para eso necesitará dos cosas:
- Una mejor distribución de las riquezas para tranquilizar a los venezolanos
- Una fuerte presencia militar estadunidense para sofocar cualquier posible levantamiento armado.
Petróleo, objetivo estratégico
Trump mezcló la Doctrina Monroe —“América para los americanos”— con la política del Gran Garrote, de Theodore Roosevelt, presidente de Estados Unidos de 1901 a 1909 que resumía su política exterior con la frase “Habla suavemente y lleva un gran garrote, así llegarás lejos”.
Si mantiene las tropas en la República Dominicana, el mandatario estadunidense habrá ocupado, sin guerras, dos naciones latinoamericanas en muy pocos meses.
Los líderes de Cuba y Nicaragua deben estar preocupados. Trump advirtió que Gustavo Petro, el presidente colombiano, “debe cuidarse” pues considera que Colombia produce petróleo y cocaína.
Sin embargo, nada dijo sobre México, un importante productor petrolero, señalado como responsable de introducir cocaína en los Estados Unidos.

El negocio del petróleo
Trump aseguró, además, que las petroleras estadunidenses ahora controlarán los hidrocarburos venezolanos para iniciar su extracción y comercialización.
“Estamos en el negocio del petróleo, estaremos vendiendo grandes cantidades de petróleo a muchos países”, dijo Trump. Esas ventas serán en dólares y con esta acción el residente de la Casa Blanca pretende salvar el petrodólar y la supremacía económico-militar estadunidense.
Las principales refinerías de petróleo de la Unión Americana, diseñadas para procesar el petróleo de Venezuela, estaban inactivas; ahora las reactivarán.
La operación fue puntual: el 1 de enero, Arabia Saudita empezó a vender petróleo en otras monedas, terminando, de hecho y de derecho, el acuerdo del petrodólar.
En la madrugada del sábado 3 de enero, Trump tomó el control del petróleo venezolano.
Neocolonialismo en América y algunas preguntas abiertas
Se trata de una operación colonialista clásica, pero Trump insistió en que los venezolanos se beneficiarán de sus riquezas, lo cual sugiere una mejor distribución del ingreso en Venezuela.
Hay una realidad innegable: entre los animales, los más fuertes someten y se alimentan de los más débiles; entre las naciones es igual. Lo único nuevo del neocolonialismo trumpista sería ofrecerles a los colonizados una mayor participación en la distribución de sus riquezas; eso no es seguro hasta que ocurra.
Trump aseguró que no actuará como otras administraciones, que cambian regímenes, se marchan y abandonan a esos países en ruinas, como ocurrió en Libia.
¿Y qué pasa con China, Rusia, Irán, República Dominicana?
Quedan algunas preguntas que demandan respuestas puntuales:
- Con el caso Venezuela “resuelto”, ¿participará Trump en una acción israelí contra Irán?
- ¿Cuánto durará la ocupación estadunidense a Venezuela y la República Dominicana?
- ¿Qué significa esto para el futuro de Ucrania?, ¿Rusia se apresurará a controlarla?
- ¿China dará el paso de invadir a Taiwán?
- ¿Realmente se “humanizará” el colonialismo dándole mejor trato a los colonizados?
Sólo el tiempo tiene estas respuestas.
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