
E
stamos de regreso, feliz 2026. Efectivamente, el gobierno de Donald Trump ejerció todo el poder del que es capaz y como regalo de Año Nuevo le dio al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro Moro, capturarlo en un rápido y quirúrgico operativo para llevarlo a juicio a Estados Unidos. Ciertamente, lo que quiere el inquilino de la Casa Blanca es el petróleo de Venezuela y, en el mediano plazo, volver a la Doctrina Monroe, tergiversarla de una manera por demás abrupta, en una en la que se estipule que el vecino país del norte tendría el derecho de adueñarse de América Latina.
Ahora, el presidente Trump ya puso la mira sobre Groenlandia y le lanzó directa advertencia al presidente de Colombia, Gustavo Petro. Y, por lo que se ve, va por todo.
Sí, lo que hizo el inquilino de la Casa Blanca fue un abierto intervencionismo, pero también es cierto que Maduro violó las instituciones democráticas de su país y se robó varias elecciones para su beneficio, además de persecución y torturas en contra de sus adversarios, lo que dejó a Venezuela en una posición de vulnerabilidad muy clara. Es decir, se trataba de un dictador.
Por otro lado, varias preguntas surgen para el caso de México: ¿por qué los distinguidos miembros de esta errada y llamada cuarta transformación no se volcaron en masa para apoyar al dictador Maduro? Por ejemplo, el impresentable senador morenista Gerardo Fernández Noroña andaba muy a gusto de vacaciones en Italia, agrediendo, eso sí, a ciudadanos mexicanos que se atrevieron a cuestionarlo; y desde ahí, en la comodidad de su hotel, exigió —muy airadamente— la presentación con vida del presidente de Venezuela y de su esposa, Cilia Flores. Y con el miedo que le tiene Trump, pues…
En su gustadísima “Mañanera del Pueblo”, la presidenta Claudia Sheinbaum fijó la posición de México con respecto a este hecho en un discurso en el que citó varias veces al expresidente de Estados Unidos, Abraham Lincoln, y a Benito Juárez, y rechazó la intervención en los asuntos internos de otros países, al tiempo que pugnó por el respeto a la soberanía de los Estados y el derecho de los pueblos a la libre autodeterminación.
Subrayó que la acción unilateral no puede ser la base de las relaciones entre países porque eso no lleva a la paz ni a la democracia, “ni genera bienestar”, dijo. Y, bueno, eso está bien, sobre todo en un contexto en el que, de una manera medio velada y bajo la acostumbrada técnica trumpista de la palmadita en la espalda seguida de una cubetada de agua helada, el inquilino de la Casa Blanca siguió diciendo que la presidenta de México “es una mujer espléndida”, pero qué lástima que le siga teniendo tanto miedo a los cárteles que dominan en nuestro país.
Esto hace pensar que forma parte de la lista del presidente de EU en la que están el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, y el dictador de Nicaragua, Daniel Ortega, y la siguiente pudiera ser ella. No en balde la frase: “hay que hacer algo con México”.
El problema, en el caso de lo sucedido en Venezuela, es que se han roto acuerdos que permitían cierta certeza y que dieron al traste con cualquier límite. Por eso Nicolás Maduro difundía videos que más bien llamaban a risa, así como la serie de provocaciones de este dictador a Trump, cuando le exigía que fuera por él al Palacio de Miraflores, que no se tardara. Y se la cumple el mandatario norteamericano.
Ayer, en su primera presentación pública en Estados Unidos —muy mansito, por cierto—, Maduro dijo ser un hombre decente y cercano a Dios, que seguía siendo el presidente de Venezuela. No sobra decir que las veces que saludó a los agentes de la DEA que lo custodian y les deseó “happy new year”, ni caso le hicieron.
Pero eso sí, Donald Trump fue por demás inquisitivo al “leerle la cartilla” a quien ocupó la presidencia en lugar de Maduro, Delcy Rodríguez. Esto es, si no se alinea a los principios de la nueva Doctrina Monroe, diseñada muy a modo por el inquilino de la Casa Blanca, le podría ir peor que al dictador de Venezuela.
Asimismo, la defensa que desde su encierro en Palenque hiciera ni más ni menos que Andrés Manuel López Obrador sobre la captura del dictador venezolano, bien podría interpretarse también como un mensaje directo a su pupila respecto a que quien sigue gobernando México es el de Macuspana.






