Cada beso es mucho más que un gesto de cariño; es un complejo intercambio biológico capaz de alterar emociones, activar hormonas y hasta determinar si existe compatibilidad entre dos personas.
En el marco del Día Internacional del Beso, investigaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México revelan que este acto cotidiano puede reducir el estrés, fortalecer el sistema inmunológico y detonar la química del deseo, convirtiéndolo en una poderosa herramienta natural para la salud y las relaciones humanas.
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Un impulso químico que mejora el bienestar
Durante un beso, el cerebro libera dopamina, serotonina, oxitocina y endorfinas, neurotransmisores asociados con el placer, la felicidad y el apego.
Estudios de la UNAM destacan que estas sustancias no solo generan bienestar inmediato, sino que fortalecen los vínculos emocionales y reducen la ansiedad.
La oxitocina, por ejemplo, es clave en la creación de lazos afectivos, mientras que la dopamina activa los centros de recompensa del cerebro, reforzando la sensación de satisfacción.
Desde el punto de vista clínico, besar ayuda a disminuir los niveles de cortisol, la hormona del estrés, lo que favorece estados de relajación y puede incluso actuar como analgésico natural gracias a la liberación de endorfinas.
Este efecto se documentó en estudios de salud y bienestar, donde se señala que las muestras de afecto físico contribuyen a mejorar el estado de ánimo y reducir la ansiedad de forma significativa.
Compatibilidad biológica: ¿por qué “no siempre hay clic”?
Uno de los hallazgos más interesantes, explicado por especialistas de la UNAM como el académico Manuel González Oscoy, es que el beso también funciona como un mecanismo biológico de selección.
Durante un beso erótico, con intercambio de saliva, el cuerpo compara de forma inconsciente los sistemas inmunológicos de las personas.
Cuando estos son demasiado similares o muy distintos, puede generar rechazo y “no hay clic”, es decir, no se despierta el interés.
Este proceso está vinculado con la detección de compatibilidad genética, lo que sugiere que el beso cumple una función evolutiva en la elección de pareja.
Feromonas, deseo y conexión sensorial
El beso activa un sistema multisensorial en el que intervienen las feromonas, sustancias químicas imperceptibles que influyen en la atracción.
Esas se detectan a través del órgano vomeronasal y juegan un papel clave en la química entre personas.
Además, durante el contacto también puede haber transferencia de testosterona, hormona relacionada con el deseo sexual, lo que contribuye a la erotización del momento y al fortalecimiento del vínculo.
Beneficios para el corazón y el cuerpo
Desde el punto de vista fisiológico, besar aumenta la frecuencia cardíaca y mejora la circulación sanguínea, lo que puede beneficiar la salud cardiovascular.
También activa más de 30 músculos faciales, contribuyendo a la oxigenación del organismo.
Asimismo, el intercambio de bacterias durante un beso estimula el sistema inmunológico al exponer al cuerpo a nuevos microorganismos. Este proceso ayuda a fortalecer las defensas, funcionando como una especie de “entrenamiento” biológico.
Un acto aprendido con impacto en la salud
Aunque besar puede parecer instintivo, especialistas de la UNAM señalan que también es un comportamiento aprendido, que evoluciona con la experiencia y las relaciones.
Desde la infancia hasta la vida adulta, el beso adquiere distintos significados que van desde el afecto, protección, hasta el deseo o vínculo emocional.
La evidencia científica coincide en que besar no solo es una expresión cultural o emocional, sino una acción con efectos reales en el organismo.
Desde reducir el estrés hasta influir en la elección de pareja, este gesto cotidiano integra procesos biológicos complejos.






