La ofensiva militar atribuida a Estados Unidos en Venezuela representa un recrudecimiento de la Doctrina Monroe en el siglo XXI y confirma una lógica de intervención directa en América Latina, afirmó el internacionalista Carlos Manuel López Alvarado.
En declaraciones para AMEXI, el académico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) explicó que los hechos deben analizarse desde al menos tres planos.
- El reconocimiento explícito de una “nueva Doctrina Monroe”, bajo la cual Washington reafirma a América Latina como su zona natural de influencia.
- La confirmación de un orden internacional unipolar, en el que la Unión Americana continúa asumiéndose como el “garante” de la paz y la seguridad internacionales y como el actor que define el proyecto político y civilizatorio que debe prevalecer.
- La relocalización de los intereses de política exterior estadunidense hacia la región latinoamericana.
López Alvarado subrayó que, aunque todavía faltan confirmaciones oficiales plenas —incluidas las versiones sobre la captura de Nicolás Maduro—, ya se observan efectos inmediatos:
- incertidumbre en Venezuela
- preocupación regional
- posturas oficiales de distintos gobiernos que condenan la acción militar por contravenir el derecho internacional.

Antecedentes de intervenciones estadunidenses en AL
El especialista recordó que intervenciones de este tipo no se veían en América Latina en lo que va del siglo XXI y que remiten a prácticas de los siglos XIX y XX.
A su juicio, bajo la presidencia de Donald Trump, Estados Unidos retoma una política de fuerza que históricamente ha impedido una verdadera unificación latinoamericana y ha erosionado la soberanía regional.
Desde el punto de vista geopolítico, López Alvarado señaló que la intervención no puede entenderse únicamente como un operativo contra el narcotráfico.
Detrás existe un interés estratégico ligado a los recursos naturales —particularmente el petróleo—, al control de rutas comerciales en el Caribe y al posicionamiento de Venezuela como un actor crítico de la política exterior estadunidense, además de sus vínculos con potencias como China, Rusia e Irán.
“El mensaje es claro para América Latina: quien no se alinee con los intereses de Washington se expone a una intervención directa”, advirtió.
En ese sentido, afirmó que la acción también envía una señal al resto del sistema internacional y abre la puerta a escenarios de mayor inestabilidad global, al sentar un precedente que otras potencias podrían replicar en sus propias zonas de influencia.
En juego, la soberanía y el derecho internacional
El académico sostuvo que los hechos ponen a prueba a las Naciones Unidas y al marco jurídico internacional construido desde 1945.
“La agresión va en contra de todo lo que mandata el derecho internacional. Más allá de simpatías o rechazos al gobierno venezolano, lo que está en juego es el respeto a la soberanía y a las normas que supuestamente rigen el orden global”, enfatizó.
Finalmente, López Alvarado llamó a mantener cautela mientras se confirman plenamente los acontecimientos, pero insistió en que la intervención debe ser condenada por sus implicaciones regionales y globales.
A su juicio, el episodio confirma una etapa de pragmatismo y realismo político extremo, en la que la fuerza vuelve a imponerse sobre el derecho y en la que América Latina enfrenta el reto de responder de manera coordinada para defender su autonomía.






