Las autoridades oaxaqueñas encendieron las alertas debido a que detectaron que en las comunidades indígenas de Oaxaca aumentan las adicciones al consumo de alcohol y otras drogas, en especial entre los jóvenes. El fenómeno ocurre en al menos 130 municipios indígenas, donde existe una alta concentración de población infantil y juvenil, de acuerdo con la Secretaría Ejecutiva del Sistema Local de Protección Integral de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes (SE-Sipinna).
El consumo de bebidas alcohólicas inicia desde los 7 u 8 años de edad, mientras que el uso de drogas y otras sustancias adictivas comienza, en promedio, a partir de los 13 años, informó la titular de SE-Sipinna Oaxaca, Alma Bautista.
Ante este escenario, la funcionaria explicó que se definieron zonas de atención prioritaria en comunidades indígenas, donde ya se instrumenta un plan emergente de prevención enfocado en frenar el reclutamiento de niñas, niños y adolescentes por el crimen organizado, particularmente en contextos de alta vulnerabilidad social.
Intervenir antes de que surjan los problemas graves de las adicciones tempranas
Además, indicó que el programa contempla la identificación temprana de embarazos adolescentes, mediante campañas de educación y prevención, ya que este fenómeno suele derivar en deserción escolar y profundización de ciclos de exclusión.
En este contexto, Bautista subrayó que el objetivo central es intervenir antes de que ocurran agresiones, homicidios u otros delitos, al detectar oportunamente a menores con factores de riesgo asociados al consumo temprano de drogas.
Asimismo, señaló que estas acciones buscan impedir que células criminales regalen, vendan o acerquen drogas a niñas, niños y jóvenes, al tiempo que se les brinda acompañamiento institucional para reconstruir proyectos de vida con mayores oportunidades.
Indígenas de Oaxaca aumentan adicciones sobre todo en secundaria y bachillerato
Por otra parte, Alma Bautista lamentó que en México se esté normalizando el consumo de alcohol dentro de los entornos familiares, bajo la idea de que es preferible que adolescentes beban en casa y no en la vía pública, una percepción que, advirtió, incrementa los riesgos de adicción.
En consecuencia, consideró necesario modificar estas prácticas culturales, promoviendo el deporte, las actividades recreativas y la convivencia familiar saludable, en lugar de facilitar el acceso temprano al alcohol y al tabaco.
Añadió que otro factor de riesgo identificado es que el consumo de alcohol y drogas ya no se concentra únicamente en hombres, sino que actualmente existen cifras similares entre hombres y mujeres, lo que ha derivado en situaciones de abandono, desnutrición y rescate de menores en hogares afectados por adicciones severas.
Finalmente, la funcionaria advirtió que estas condiciones propician que niñas, niños y adolescentes reproduzcan patrones de consumo, al crecer en núcleos familiares donde el alcohol y las drogas forman parte de la vida cotidiana, perpetuando así los ciclos de adicción y exclusión social.

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