Desde Haifa, entre alarmas y descensos al refugio subterráneo de su edificio, el doctor Ronei Zeidel, experto en Medio Oriente del Centro de Estudios Moshe Dayan, sostiene que la reciente ofensiva de Israel y Estados Unidos contra Irán busca “poner fin al proyecto nuclear” y a la capacidad de misiles balísticos de largo alcance del régimen iraní.
“Ocupado con muchas salidas y bajadas al refugio. Tenemos un refugio bajo el apartamento. Estamos con los vecinos; hasta ahora no pasó nada, algunos sonidos y ruidos desde lejos, pero no pasó nada”, relata en entrevista con AMEXI.
Golpe estratégico y presión negociadora
Para Zeidel, la incursión militar norteamericana se precipitó ante la insistencia de Teherán en continuar con su programa nuclear y el desarrollo de misiles de largo alcance. A su juicio, las autoridades iraníes buscaron “comprar tiempo” sin ofrecer garantías reales.
“En los últimos días se puede decir que el objetivo es poner fin al proyecto nuclear iraní, poner fin a la posesión de misiles balísticos y a la ayuda que Irán ofrece” a sus aliados regionales, afirma.
Aunque un cambio de régimen pudo haber sido considerado al inicio, precisa que ese no sería hoy el objetivo central. La apuesta, dice, es obligar a Teherán a retomar negociaciones desde una posición de inferioridad.
“Si se reanudan las negociaciones, será desde un punto de comienzo diferente, en que Estados Unidos es superior y no hay igualdad”, subraya. De lo contrario, advierte, “continuamos con las actividades aéreas y balísticas” para “disminuir lo máximo posible las capacidades del régimen”.
Impacto en la cúpula militar
Zeidel asegura que altos mandos iraníes han muerto en los ataques, lo que genera desorden en la estructura de seguridad.
“Murieron los líderes más altos. Esto causa una situación de confusión dentro de las fuerzas armadas y dentro de los Guardianes de la Revolución”, sostiene.
Esa desorganización podría afectar la operación de misiles y drones. Además, considera que, si Irán decide utilizar los misiles que aún conserva, podría perderlos sin capacidad de reponer lanzadores destruidos. “Si les destruyen los lanzadores, los misiles no valen nada”, afirma.
¿Un golpe definitivo?
Sobre la posibilidad de que el líder supremo iraní sea alcanzado, Zeidel advierte que sería “un durísimo golpe”. Incluso plantea que el conflicto podría escalar.
“Esta vez se siente que es una guerra hasta el fin de este régimen”, señala, aunque admite incertidumbre: “No se sabe exactamente qué va a pasar en el futuro próximo”.
El punto de quiebre, explica, sería la ruptura de la disciplina interna. “Cuando empezamos a ver gente en el ejército o en la Guardia de la Revolución que no sirve, que rechaza órdenes, en ese momento empieza el colapso”.
Papel de Israel y los actores regionales
El académico descarta, por ahora, una participación activa de países árabes del Golfo junto a Israel. “Nunca pasó en el pasado que colaboramos con estos países árabes; dudo la posibilidad de que participen activamente en el conflicto”, afirma.
A su juicio, la operación seguirá siendo liderada por Washington y Jerusalén, con predominio aéreo. Sobre la amenaza iraní de cerrar el Estrecho de Ormuz, considera que no hay una clausura efectiva. “No sé cómo se practica la clausura, porque solo tiene control en una orilla; la otra está en manos de Omán y también hay presencia norteamericana”, explica.
Rusia, China y la UE: cautela
Zeidel describe a Rusia y China como actores “muy pasivos”. Señala que Pekín es “una superpotencia muy tímida, especialmente cuando se trata de aventuras militares”, mientras Moscú enfrenta sus propios desafíos por la guerra en Ucrania.
En cuanto al corto plazo, anticipa que la estrategia estadunidense combina ataques y evaluación de daños antes de nuevas decisiones.
En Israel, la población permanece en alerta.
“Esperamos el fin del día para evaluar lo que ha pasado. Si hoy causó un daño grande, creo que los días siguientes van a ser más fáciles”, concluye, antes de volver al refugio ante la posibilidad de un ataque.
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