México está cerca de la bancarrota hídrica
México enfrenta señales claras de bancarrota hídrica. Actualmente 157 de los 653 acuíferos del país están sobreexplotados, alrededor de 40% del agua potable se pierde en fugas, y apenas 1 de cada 100 litros de lluvia se capta para su aprovechamiento.
A este panorama se suma un deterioro histórico en la disponibilidad del recurso. Mientras en 1950 cada habitante disponía de más de 18 mil metros cúbicos de agua al año, hoy esa cifra se ha reducido a menos de 4 mil metros cúbicos per cápita, una caída superior al 70%.
Este descenso refleja el crecimiento poblacional, la presión sobre acuíferos y el deterioro de ecosistemas que regulan el ciclo hídrico.
Así lo advirtió Mildred Castro Hernández, directora de Coordinación Politécnica de Sustentabilidad del Instituto Politécnico Nacional y representante de la iniciativa Hoy por el Agua.
La especialista explicó que el concepto de bancarrota hídrica proviene del reporte Global Water Bankruptcy: Living Beyond Our Hydrological Means in the Post-Crisis Era, elaborado por el United Nations University Institute for Water, Environment and Health.
El término utiliza una analogía financiera: así como una empresa entra en quiebra cuando gasta de forma sostenida más de lo que puede pagar, una región entra en bancarrota hídrica cuando extrae más agua de la que sus sistemas naturales pueden renovar, agotando reservas como acuíferos y generando daños difíciles de revertir.
Sobreexplotación, fugas y sequía: señales del desequilibrio
El problema no responde únicamente a sequías temporales. Especialistas señalan que se trata de un desequilibrio estructural del sistema hídrico nacional.
Entre los indicadores más críticos destacan:
- 157 acuíferos sobreexplotados.
- 40% del agua potable perdida en fugas.
- Solo 41% del agua residual recolectada recibe tratamiento.
- 61.5% del territorio nacional experimenta sequías recurrentes.
En numerosas regiones del país, la demanda de agua supera la capacidad natural de recarga.
El campo, entre los sectores más vulnerables a una bancarrota hídrica
La presión sobre el recurso afecta especialmente al sector agropecuario, principal consumidor de agua.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, en el Censo Agropecuario 2022, de los 196 millones de hectáreas del territorio nacional, 103.6 millones tienen uso o vocación agropecuaria. De esa superficie, 82% depende de la lluvia.
Cuando se alteran los patrones de precipitación o disminuye la disponibilidad de agua subterránea, no solo se compromete la producción agrícola, también se incrementa el riesgo para la seguridad alimentaria.
Captación pluvial y reúso: respuestas institucionales
Frente a este panorama, diversas entidades han impulsado políticas de captación y reúso de agua.
Entre las medidas destacan:
- lineamientos de captación pluvial en Estado de México (2023)
- política de reúso y aprovechamiento en Ciudad de México (2024)
- reformas a la Ley de Desarrollo Urbano en Baja California (2025)
- decreto para aprovechamiento de lluvia en Aguascalientes
Estas acciones buscan disminuir la presión sobre acuíferos, especialmente en ciudades donde el abastecimiento depende del subsuelo.
Por ejemplo, en la Ciudad de México, cerca del 70% del agua proviene de acuíferos.
Tecnificación del riego y ahorro de agua
Otro frente estratégico es la modernización del riego agrícola.
La incorporación de sistemas presurizados, agricultura de precisión y tecnologías eficientes permite reducir pérdidas por evaporación, mejorar la productividad y disminuir la sobreexplotación de fuentes subterráneas.
En el ámbito urbano, tecnologías eficientes en sanitarios, grifería y sistemas de descarga han permitido ahorrar cientos de miles de millones de litros de agua en México desde 2010.
El riesgo: presión sobre alimentos, economía y estabilidad social
Especialistas advierten que la crisis hídrica podría intensificarse si no se modifican patrones de consumo y gestión del recurso.
La disminución de la disponibilidad de agua podría traducirse en mayores tensiones por el acceso al recurso, afectaciones a la producción de alimentos y presión sobre el desarrollo económico.
En vísperas del Día Mundial del Agua, el llamado es a construir una nueva cultura hídrica basada en corresponsabilidad entre gobiernos, sector privado, productores agrícolas y ciudadanía.
“La bancarrota hídrica no es un destino inevitable, pero sí un riesgo tangible”, advirtió Castro Hernández.
Lee también: El planeta, en bancarrota hídrica






