La elegancia de la música sinfónica y la nostalgia del pop se fusionaron una vez más en el Auditorio Nacional gracias a la voz de Manuel Mijares, quien demostró con este show “Mijares Sinfónico” que es uno de los pilares de la balada en español.
El cantante presentó el show por segunda fecha en este recinto con boletos agotados. Además celebró cuatro décadas de trayectoria y transformó el recinto en un espacio de intimidad compartida con amigos entrañables y un público que se mantiene fiel al paso de los años.
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Un encuentro con gratitud y vigencia
Minutos antes de que la primera nota sonara en el Coloso de Reforma, Mijares se reunió con medios de comunicación y un grupo selecto de seguidores.
Con la serenidad que otorgan 30 discos grabados, el cantante reflexionó sobre la complejidad de mantenerse en el gusto popular.
«Puedes sacar discos y ser muy buenos, pero que la gente te siga apoyando y queriendo escuchar tu música es lo más difícil», confesó, subrayando que en esta etapa de su carrera se permite incluir temas que define como «caprichos» personales, integrados cuidadosamente en un repertorio que abraza su historia.
La sinfonía del romance y los primeros acordes
El espectáculo inició con una imponente puesta en escena donde pantallas LED y gráficos de alta definición enmarcaron la presencia del «Soldado del Amor».
La velada arrancó con «Si me enamoro» y «No se murió el amor», temas que prepararon el terreno para que Mijares tomara el micrófono y agradeciera a la Sinfónica Golden, bajo la dirección del maestro Alberto Moreno.
El intérprete recordó que este festejo coincide con los 10 años de su primer proyecto sinfónico en Bellas Artes, un hito que marcó un antes y un después en su carrera.
La fiesta musical continuó con la energía de «Corazón salvaje», seguida por la nostalgia de «Nube azul», «Poco a poco» y «Tan solo».
Uno de los momentos más coreados fue el popurrí que incluyó «Me acordaré de ti», «Siempre» y «Que nada nos separe», para luego dar paso al ritmo de «Baño de mujeres».
La atmósfera cambió a una de absoluta calma cuando, acompañado únicamente por el saxofón y el piano, entregó una versión conmovedora de «Al final», dedicada a su gran compañero de ruta, Emmanuel.
La complicidad de las grandes estrellas
La primera sorpresa de la noche fue cuando Emmanuel se unió a Mijares en el escenario.
Entre risas y anécdotas, se proyectó un video de los inicios de Mijares como corista, un recordatorio del camino recorrido antes de que interpretaran juntos «No hace falta».
Tras este bloque, el Auditorio vibró con «Soldado del amor» y un tributo a José José, que sirvió de antesala para la entrada de Daniela Romo.
La intérprete de «Yo no te pido la Luna» se fundió en un abrazo con el anfitrión para cantar «Me alimento de ti», expresando su orgullo por compartir estos primeros 40 años de éxito.
“Gracias por tenerme aquí contigo y siempre en tu corazón, por darme este regalo que le estás dando a todos. Por esto primero 40 años de carrera que te festejamos y celebramos”, dijo la intérprete.
El despliegue técnico alcanzó su punto máximo durante «Amor», donde Mijares sorprendió a los asistentes al aparecer sobre una grúa desde la mitad del escenario.
En un gesto de cercanía, descendió para caminar entre las butacas, recibiendo el afecto directo de sus fans.
Tras este momento de euforia, la sensibilidad se hizo presente con «Te extraño», pieza que dedicó a la memoria de su padre.
Cierre de leyenda entre familia y amigos
La energía regresó al escenario con la presencia de Yuri, a quien presentó destacando su «demencial» talento y recordando con humor las giras pasadas donde los caballos y el confeti de la veracruzana complicaban su entrada.
Juntos interpretaron «Acompáñame», tras la cual Yuri le dedicó palabras de admiración, llamándolo un «molde que se rompió» y un «guerrero imbatible”, haciendo alusión a las canciones del cantante.
“Agradecemos al cielo y a los arquitectos de tu vida, eres y serás uno entre mil”, ante una ovación de parte de los asistentes.
El clímax del show llegó con «Bella» y «Uno entre mil», que marcaron un falso final antes de que el cantante regresará para el cierre definitivo.
Para el bloque final, Mijares interpretó «Para amarnos más», preparando el escenario para el momento más esperado: la aparición de Lucero. La química entre ambos fue evidente mientras interpretaban «El privilegio de amar».
Lucero aprovechó para resaltar la calidad humana de Mijares y la solidez de la familia que han construido, logrando una ovación de pie. “Quiero enaltecer todo lo que es como artista, como persona y como papá de nuestros hijos. Te admiro y quiero muchísimos”, resaltó su ex pareja.
Entre risas y ante la petición de un beso por parte del público, ambos cerraron la noche con una complicidad que trascendió la música.
Al concluir el recorrido musical, y lejos de los reflectores, Mijares se trasladó a un exclusivo restaurante de la capital para celebrar en una cena íntima junto a su familia y los amigos que lo acompañaron en el escenario, sellando así una de las noches más significativas de su trayectoria en la Ciudad de México.
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