Cada primer lunes de mayo, las miradas del mundo se concentran en las escalinatas del Museo Metropolitano de Arte (MET), donde desfilan celebridades, diseñadores y figuras del entretenimiento durante la MET Gala.
Sin embargo, este icónico escenario no siempre fue sinónimo de lujo y glamour, pues su historia comienza con una función mucho más cotidiana.
El Metropolitan Museum of Art, fundado en 1870, adoptó su actual fachada monumental a inicios del siglo XX bajo el diseño del arquitecto Richard Morris Hunt, uno de los principales impulsores del estilo Beaux-Arts en Estados Unidos.
Dentro de esta concepción, las escaleras se pensaron como un acceso amplio, funcional y simbólico, pues su diseño abierto, frente a la Quinta Avenida y Central Park, permitió que desde el inicio las utilizaran los visitantes, pero también que se convirtieran en punto de encuentro.
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¿Por qué se les llegó a llamar “caseta de perro”?
Aunque la fachada Beaux-Arts del museo fue diseñada en 1902 por Morris Hunt, durante décadas el acceso principal consistía en una escalera angosta que conducía a un vestíbulo de madera.
Ese espacio se le apodó “doghouse” o “caseta del perro”, un término informal que reflejaba tanto su tamaño reducido como su carácter poco monumental en comparación con la grandeza del museo.
La gran transformación de 1975
El cambio decisivo llegó en 1975, cuando el museo emprendió una renovación integral de su entrada principal bajo la dirección de Thomas Hoving, con financiamiento de la filántropa Lila Acheson Wallace.
El proyecto lo encabezó el despacho Kevin Roche John Dinkeloo and Associates, que diseñó la escalinata actual.
Se trata de una estructura monumental de granito, de aproximadamente 4.1 metros de altura y 47 metros de longitud, que amplió significativamente el acceso desde la Quinta Avenida.
La intervención sustituyó la antigua entrada y redefinió la relación del museo con la ciudad, integrando fuentes laterales y un entorno arbolado que transformaron el espacio en un punto de encuentro urbano.

Un espacio que supera al edificio
Con el tiempo, la escalinata dejó de ser solo un acceso para convertirse en un destino en sí mismo.
Ahora visitantes y neoyorquinos comenzaron a apropiarse del lugar como sitio para descansar, convivir o simplemente observar la vida en la ciudad.
El crítico de arquitectura Paul Goldberger lo resumió con claridad al señalar que existen escaleras en Nueva York que “son acontecimientos urbanos más importantes que los edificios a los que conducen”, en referencia directa a las del MET.
De espacio público a pasarela global
La transformación simbólica se consolidó con la evolución de la MET Gala, creada en 1948 como un evento benéfico para el Costume Institute, pero convertida en fenómeno global especialmente bajo la dirección de Anna Wintour.
Las escalinatas, por su amplitud y teatralidad, se volvieron el escenario ideal para recibir a celebridades y diseñadores.
Cada edición se intervienen con alfombras, iluminación y escenografías alineadas con la temática anual, convirtiéndolas en una pasarela vertical única.
A diferencia de otras alfombras rojas, en la MET Gala el recorrido es ascendente, detalle que transforma el acto de subir las escaleras en una experiencia casi de performance, pues a cada paso revela el diseño que lucen los famosos.
Desde vestidos monumentales hasta propuestas conceptuales, este espacio se convierte en testigo de uno de los momentos más icónicos de la moda y el glamour.
En la actualidad, lo que comenzó como una entrada estrecha evolucionó en una estructura monumental que redefine la experiencia urbana, cultural y llena de glamour.






