Durante la temporada de calor, las altas temperaturas, la exposición prolongada al sol y el ambiente seco pueden alterar de forma significativa la salud visual.
De acuerdo con especialistas de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), estos factores pueden provocar desde molestias temporales hasta afecciones que impactan la calidad de vida.
Uno de los principales efectos del calor en los ojos es la evaporación acelerada de la lágrima.
El jefe de la carrera de Optometría, Aarón Bautista Delgado, explicó que la lágrima cumple funciones esenciales pues mantiene la superficie ocular hidratada, protege contra partículas externas y permite una adecuada lubricación.
Cuando las temperaturas son elevadas, esta capa se evapora más rápido, dejando el ojo vulnerable, lo que favorece la aparición del ojo seco, una de las condiciones más frecuentes en climas cálidos, caracterizada por ardor, irritación y sensación de cuerpo extraño.
Lee: Abril visibiliza la pérdida de extremidades y la falta de acceso a prótesis en México
Riesgos para la córnea
La disminución de la lubricación no solo genera incomodidad, también afecta directamente a la córnea, estructura clave para la visión.
La evaporación constante puede provocar desepitelización, es decir, un deterioro de las células superficiales.
Entre los síntomas más comunes destacan la sensibilidad a la luz, enrojecimiento, lagrimeo constante e incluso dolor en casos severos.
Aunque la córnea tiene capacidad de regenerarse, la exposición prolongada al calor puede dificultar su recuperación.
Inflamación en los párpados y glándulas
El calor también impacta en las glándulas de Meibomio, encargadas de producir la capa grasa de la lágrima y su obstrucción puede generar meibomitis, una inflamación que altera la calidad lagrimal y aumenta la sequedad.
Si no se trata, esta condición puede derivar en infecciones como orzuelos o chalaziones, que se manifiestan como pequeñas protuberancias dolorosas en el párpado.
Polvo, sudor y alergias: otros factores de riesgo
Durante el calor, el ambiente suele ser más seco y con mayor presencia de polvo o polen y cuando la lágrima es insuficiente, estas partículas permanecen en la superficie ocular, lo que favorecen problemas como conjuntivitis, queratitis o alergias.
El sudor también puede causar molestias al entrar en contacto con los ojos, alterando su equilibrio natural y generando irritación.
Radiación solar y daño a largo plazo
La exposición al sol representa uno de los riesgos más importantes y aunque el ojo cuenta con mecanismos de defensa como el cristalino, que filtra parte de la radiación ultravioleta, la exposición constante puede superarlos.
A largo plazo, esto puede contribuir al desarrollo de catarata, una condición en la que el cristalino pierde transparencia y la visión se vuelve borrosa.
Ese problema es una de las principales causas de pérdida visual a nivel mundial, aunque puede tratarse mediante cirugía.
¿Cómo proteger los ojos del calor?
Ante este panorama, especialistas recomiendan adoptar medidas preventivas sencillas pero efectivas como:
- Utilizar lentes de sol con protección UV certificada
- Complementar con gorra o sombrero para reducir la exposición directa
- Mantener una adecuada higiene ocular
- Evitar productos que obstruyan las glándulas del párpado
- Usar lubricantes o colirios bajo supervisión médica en caso de molestias
Además, acudir a revisión con especialistas permite detectar a tiempo cualquier alteración y evitar complicaciones mayores.
Recuerda que el calor no solo afecta la piel, también tu salud visual, por lo que es necesario adoptar medidas para proteger los ojos del Sol y ante cualquier síntoma que presentes acude con un especialista.






