
Y en el cielo….
Cuando murió, Rius llegó al cielo esperando encontrar nubes, ángeles y una burocracia moderada. Encontró lo de siempre: una fila tan larga que pensó que había aterrizado en una oficina del IMSS.
¿Nombre? preguntó un querubín con lentes y cara de contador.
Rius.
El ángel revisó una libreta enorme.
Aquí dice que pasó su vida criticando a políticos, curas, empresarios y a nosotros.
Me faltó tiempo para criticar a más.
Lo hicieron pasar ante Dios. Un anciano de barba blanca lo observaba detrás de un escritorio infinito.
¿Alguna queja? preguntó Dios.
Varias. Primero, el diseño del mundo. Muy bonito el paisaje, pero la administración deja mucho que desear.
Dios sonrió.
Los fanáticos se fabricaron solos
¿Y algo más?
Sí. ¿Por qué inventaste tantos fanáticos?
Yo inventé personas respondió Dios. Los fanáticos se fabricaron solos.
Rius tomó nota mental.
Eso explica muchas cosas.
Miró alrededor.
¿Y Marx?
Tercera nube a la izquierda.
¿Y los caricaturistas?
Se quejan en la cafetería.
Entonces sí es el cielo.
Y se fue caminando hacia la cafetería, dispuesto a fundar Los Agachados Celestiales.
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¿Qué hubiera pasado si Rius llega al infierno?
El infierno no ardía.
Eso fue lo primero que le pareció sospechoso.
Había oficinas. Corredores. Archiveros interminables. Un reloj marcaba siempre las ocho y cinco.
El Diablo lo esperaba sentado frente a una montaña de expedientes y además usaba corbata y tenía una amplia sonrisa de gerente bancario.
Bienvenido.
Esto parece una dependencia gubernamental.
Exactamente.
Rius sintió un escalofrío.
¿Y las llamas?
Las privatizamos. La gente sufría más llenando formularios.
¿Y los tormentos?
También. Ahora son concesiones.
El señor de las tinieblas se levantó
Caminaron por una avenida interminable.
A la derecha había políticos dando discursos.
A la izquierda, comentaristas de televisión explicando los discursos.
Más allá, economistas explicando por qué todo estaba mejor mientras todo se incendiaba.
¿Y ellos están castigados?
No, respondió el Diablo. Son parte del castigo.
Llegaron a una oficina.
Miles de almas llenaban formularios.
¿Qué hacen?
Solicitan permiso para quejarse.
¿Y se los dan?
Jamás.
Rius sintió que empezaba a sudar.
¿Dónde están los corruptos?
Gobernando.
¿Los fanáticos?
Comentando en redes.
¿Los censores?
Dirigiendo departamentos culturales.
¿Y los periodistas vendidos?
Dando clases de ética.
Rius cerró los ojos.
Esto no puede ser el infierno.
El Diablo sonrió.
Lo sé. Por eso funciona tan bien.
¿Y tú qué haces aquí?
Nada.
¿Nada?
La humanidad hace todo el trabajo.
Rius se quedó mirando el horizonte.
Millones de personas discutían tonterías, adoraban imbéciles y elegían verdugos con entusiasmo democrático.
Entonces comprendió algo.
El Diablo ni siquiera parecía feliz.
Parecía desempleado.
Caray dijo Rius.
¿Qué pasa?
Toda mi vida creí que eras el responsable.
¿Y?
Resulta que sólo eras el supervisor nocturno.
El Diablo le entregó una carpeta.
Debe firmar aquí, aquí y aquí.
Rius observó las hojas.
¿Para qué?
Para demostrar que existe.
Llevo ochenta años demostrándolo.
No es suficiente.
Entonces descubrió algo terrible: todos los políticos corruptos, los censores, los fanáticos y los burócratas estaban ahí, pero seguían ocupando los mismos cargos.
¿Esto es un castigo?
No…dijo el Diablo. Esto es una réplica exacta del mundo.
Sin ganas de dibujar
Rius levantó la vista.
Por primera vez en mucho tiempo no tuvo ganas de dibujar una caricatura.
Porque comprendió que alguien ya la había dibujado antes.
Y era el universo entero.
Rius formador de generaciones de lectores
Eduardo del Río García, mejor conocido como Rius, nació el 20 de junio de 1934 en Zamora. Además de colaborar en medios como la revista Ja- Já, Proceso y La Jornada, también fundó revistas de humor político como El Chamuco.
Revolucionó la historieta mexicana con Los Supermachos y después con Los Agachados, donde retrató las contradicciones del México priista. Más tarde publicó más de cien libros de divulgación sobre historia, política, filosofía, religión, economía y alimentación, entre ellos: Cuba para principiantes, La panza es primero y Marx para principiantes.
Su obra formó a generaciones de lectores al explicar temas complejos con humor e ilustraciones accesibles.
El contenido de este artículo refleja exclusivamente la opinión y responsabilidad de su autor. Las ideas, afirmaciones y conclusiones aquí expresadas no representan la postura oficial ni la línea editorial de la agencia AMEXI, que mantiene independencia y neutralidad en sus publicaciones.






