Especialista sostiene que los triunfos de la Selección Mexicana generan una pausa temporal en la polarización política y social, aunque los conflictos de fondo permanecen y reaparecen más allá de la euforia mundialista
Los triunfos de la Selección Mexicana en la Copa Mundial de la FIFA 2026 han provocado la percepción de que México se une. En realidad, se trata de un fenómeno poco frecuente en un país marcado por la confrontación política y las tensiones sociales: una tregua emocional que, al menos durante los partidos del Tricolor, desplaza las diferencias ideológicas y concentra la atención colectiva en un mismo acontecimiento.
Sin embargo, esa sensación de unidad no elimina la polarización ni resuelve los conflictos estructurales del país. Sólo los mantiene temporalmente en un segundo plano, afirmó Hugo Luis Sánchez Gudiño, académico de la Facultad de Estudios Superiores Aragón de la UNAM.
Para el especialista, el futbol se convierte en un mecanismo excepcional de cohesión social, capaz de reunir a personas de distintas clases sociales, generaciones y posiciones políticas bajo una identidad compartida.
«Lo que ha logrado la Copa Mundial de la FIFA 2026 no lo pudo un discurso político ni un mensaje religioso: ha generado una especie de pacificación temporal alrededor de la Selección Mexicana», explicó.
El Mundial une a México, pero la tregua depende de resultados deportivos
El investigador señaló que esa unidad nacional está estrechamente vinculada al éxito deportivo.
Mientras la Selección continúe avanzando en el torneo, explicó, predominarán las expresiones de celebración colectiva. No obstante, advirtió que una eventual eliminación pondrá a prueba ese ambiente de fraternidad.
«Cuando el equipo pierde, la masa ya no sale a celebrar; sale con frustración y ese sentimiento puede traducirse en expresiones de enojo o violencia», sostuvo.
A su juicio, el Mundial funciona como un termómetro del estado de ánimo colectivo, pero no modifica las causas profundas de la polarización política ni de las inconformidades sociales.

Los antecedentes de 1970 y 1986
Sánchez Gudiño recordó que México ya experimentó fenómenos similares durante las Copas del Mundo organizadas en 1970 y 1986.
El Mundial de 1970 se celebró apenas dos años después de la matanza de Tlatelolco, cuando persistía un amplio rechazo al gobierno de Gustavo Díaz Ordaz. La inconformidad social incluso quedó reflejada en la silbatina que recibió el entonces presidente durante la inauguración del torneo.
Dieciséis años más tarde, el Mundial de 1986 coincidió con un país profundamente impactado por los sismos de 1985, el surgimiento de organizaciones ciudadanas y un intenso clima de movilización social.
Para el académico, ambos antecedentes muestran que los grandes eventos deportivos no sustituyen los conflictos sociales ni suspenden las demandas ciudadanas, sino que conviven con ellas.
El Mundial también amplifica causas sociales
En ese contexto, el especialista consideró natural que diversos colectivos sociales busquen aprovechar la enorme atención pública que genera el Mundial para hacer visibles sus demandas.
Como ejemplo citó la reciente movilización de madres buscadoras sobre Calzada de Tlalpan, donde se registró un operativo de contención policial durante el partido entre México y Ecuador.
Posteriormente, el Gobierno de la Ciudad de México ofreció una disculpa pública por lo ocurrido e inició investigaciones internas sobre la actuación de los elementos desplegados en el lugar.
Para Sánchez Gudiño, estos episodios muestran que el entusiasmo deportivo y las exigencias sociales pueden coexistir, incluso cuando la atención pública parece concentrarse exclusivamente en el futbol.
La euforia pasa; los problemas permanecen
El investigador concluyó que el Mundial constituye uno de los pocos acontecimientos capaces de generar un sentimiento masivo de identidad nacional.
Sin embargo, advirtió que esa cohesión tiene una duración limitada.
Una vez concluido el torneo —o si cambian los resultados deportivos—, la conversación pública volverá a girar en torno a los desafíos que enfrenta el país, como la violencia, las desapariciones, la desigualdad y la confrontación política.
«El futbol puede unir emocionalmente a millones de personas durante algunas semanas», resumió el académico, «pero no sustituye el debate público ni resuelve las tensiones que atraviesan a la sociedad mexicana».
El Mundial como espejo de la sociedad
Más que ocultar la realidad nacional, el Mundial ofrece una fotografía de ella. Durante unas semanas, la emoción compartida desplaza las diferencias y fortalece el sentido de pertenencia. Pero, al mismo tiempo, las movilizaciones sociales, las demandas ciudadanas y los conflictos públicos siguen presentes, recordando que la cohesión generada por el deporte es intensa, aunque necesariamente transitoria.
Lee también:
CDMX refuerza operativo tras cuatro muertes en festejos mundialistas






