Negro absoluto.
Se escucha el agua de una regadera.
Un cuchillo corta el aire.
De pronto, una luz se enciende.
Estamos en el decorado del motel Bates. Alfred Hitchcock aparece sentado en una silla de director. Lleva su impecable traje oscuro. A su lado hay un pequeño carrito con té.
Mira a cámara y después de una pausa bien meditada saluda a su público:
Buenas noches.
Si han venido esperando una película sobre mi vida, debo advertirles algo:
mi vida tuvo mejores decorados que argumentos.
Y algunos de mis actores fueron bastante más difíciles que los asesinos.
Pausa.
Nací en Londres en 1899.
Mi padre vendía verduras.
Mi madre era una mujer extraordinariamente religiosa.
Y yo descubrí muy pronto que una buena educación católica consiste, básicamente, en enseñarle a un niño que Dios lo está observando… y que probablemente desaprueba lo que está haciendo.
Fue una excelente preparación para ser director de cine.

Londres.
Calles mojadas. Niebla. Faroles. Un hombre camina solo.
Hitchcock aparece caminando detrás de él.
Londres me enseñó una cosa importante:
un hombre caminando solo por la noche siempre parece sospechoso.
Incluso si solamente va por leche.
Se detiene.
Desde pequeño me interesaron las personas culpables.
Y también las personas inocentes que parecían culpables.
Esas son mucho más interesantes.
La pantalla muestra imágenes de The Lodger (1927).
Aquí comenzó mi verdadera carrera: asesinatos, sospechas, rubias y hombres que no sabían dónde habían puesto las llaves.
En otras palabras:
mi vida profesional.
Hitchcock está en un tren.
Un hombre corre por el pasillo.
Una mujer grita.
Hitchcock permanece sentado leyendo el periódico.
En The 39 Steps descubrí algo maravilloso:
el público disfruta muchísimo cuando alguien más tiene problemas.
Cuanto más graves, mejor.
Si el protagonista pierde su tren, sienten compasión.
Si pierde el tren, el dinero, la novia y además lo persigue la policía…
entonces están felices.
Mira al espectador.
Eso se llama entretenimiento.
Hitchcock entra en un decorado lleno de teléfonos.
Siempre me interesó una pregunta:
¿qué sucede cuando una persona común descubre algo que no debería saber?
Pausa.
La respuesta es sencilla:
problemas.
Se escucha un teléfono.
Hitchcock lo mira.
No contesta.
Por eso nunca contestaba teléfonos durante el rodaje.
La mansión Manderley.
Sombras.
Una mujer camina por los pasillos.
Hitchcock aparece sentado frente a una chimenea.
El matrimonio…
una institución maravillosa.
Pausa.
Sobre todo, para un director de cine.
Porque permite observar durante años a una persona y preguntarse:
“¿qué está pensando?”
Y si uno tiene imaginación…
Probablemente está pensando algo terrible.
Aquí aparece Alma Reville.
Hitchcock la mira.
Silencio.
Mi esposa Alma tenía una extraordinaria virtud:
sabía cuándo yo estaba equivocado.
Pausa.
Y, por supuesto, casi nunca se lo agradecí.
Una habitación.
Ingrid Bergman.
Cary Grant.
Hitchcock aparece entre los dos.
Llegamos ahora a una etapa importante de mi vida.
Las rubias.
Mira a cámara.
Mucha gente creyó que tenía una obsesión con las mujeres rubias.
No es cierto.
Pausa.
Tenía una obsesión con ponerlas en situaciones horribles.
Sonríe.
Eso es completamente distinto.
Dos hombres conversan en un tren.
Hitchcock observa desde otro vagón.
Una de mis grandes preocupaciones siempre fue la culpa.
¿Por qué?
Porque es barata.
No necesita efectos especiales.
No necesita maquillaje.
Y puede acompañarte toda la vida.
Pausa.
La culpa es el productor ejecutivo del subconsciente.
Hitchcock aparece junto a un teléfono.
¿Cuál es el crimen perfecto?
No dejar huellas.
No tener testigos.
No cometer errores.
Se acerca a cámara.
O casarse.
Silencio.
Es una broma.
Pausa.
Naturalmente.
Estamos en el departamento de James Stewart.
Hitchcock observa por una ventana.
Yo siempre he creído que el cine consiste en mirar.
El espectador mira al actor.
El actor mira a otro actor.
El director mira a todos.
Y el productor mira la taquilla.
Se acomoda la corbata.
Por eso hice Rear Window.
Mira nuevamente por la ventana.
La película trata de un hombre que espía a sus vecinos.
Pausa.
Una actividad que hoy se llama televisión.
San Francisco.
Una mujer rubia.
Un hombre desesperado.
Hitchcock aparece en la escalera.
Vértigo es una película sobre el amor.
Pausa.
O sobre la imposibilidad de distinguir el amor de la obsesión.
Otra pausa.
En realidad, son bastante parecidos.
Mira hacia arriba.
Uno simplemente tiene mejor publicidad.
Cary Grant corre por un campo.
Un avión lo persigue.
Hitchcock está sentado tranquilamente en una silla.
Siempre me gustaron los hombres equivocados en el lugar equivocado.
El avión pasa.
Probablemente porque yo también fui un hombre inglés gordo en Hollywood.
Cientos de pájaros.
Personas corriendo.
Gritos.
Hitchcock aparece con una bolsa de alpiste.
Después de años de hacer películas sobre asesinos humanos…
pensé que era hora de darle una oportunidad a los animales.
Pausa.
Los pájaros resultaron ser excelentes actores.
Mira a cámara.
No exigían aumento de sueldo.
Regresamos al motel Bates.
Hitchcock camina por el pasillo.
Y llegamos a Psycho.
Abre la puerta del baño.
Esta película me enseñó algo que ningún manual de dirección explica:
puedes hacer que millones de personas tengan miedo de bañarse…
y aun así conseguir que regresen al cine para agradecerte.
Mira la regadera.
La escena de la ducha fue un pequeño experimento.
Pausa.
Descubrí que el agua no es necesaria para aterrorizar a la gente.
Mira a cámara.
Basta con hacerles creer que están seguros.
Hitchcock se encuentra en un corredor vacío.
En mis películas, un hombre inocente suele ser acusado de algo terrible.
Pausa.
Supongo que eso revela bastante sobre mi infancia.
Silencio.
Aunque debo aclarar que mi madre nunca me acusó de asesinato.
Mira a cámara.
Solamente de otras cosas.
Una mujer entra en una habitación.
Hitchcock permanece detrás de ella.
Los verdaderos fantasmas no viven en las casas.
Se toca la cabeza.
Viven aquí.
Pausa.
Y, a diferencia de los fantasmas normales…
los tuyos conocen todas tus manías.
Montaje:
Hollywood Boulevard.
Estudios.
Cámaras.
Carteles.
Fotógrafos.
Actrices.
Productores.
Hitchcock camina entre ellos.
Hollywood fue amable conmigo.
Pausa.
Me dio dinero.
Fama.
Poder.
Mujeres hermosas.
Mira a cámara.
Y finalmente consiguió que yo creyera que tenía razón.
Pausa.
Eso fue lo verdaderamente peligroso.
Ahora cambia el tono.
Una habitación tranquila.
Alma está trabajando sobre un guion.
Hitchcock la observa desde la puerta.
Detrás de cada gran director hay una gran mujer.
Pausa.
Y detrás de cada gran director hay otra mujer diciéndole:
“Eso ya lo hiciste.”
Sonríe.
Alma fue mi colaboradora, mi crítica, mi conciencia…
Pausa.
y ocasionalmente mi salvavidas.
Aparecen sucesivamente Grace Kelly, Ingrid Bergman, Kim Novak, Tippi Hedren.
Hitchcock contempla el montaje.
Algunas personas me preguntan por qué mis películas están llenas de mujeres rubias.
Pausa.
La respuesta profesional sería:
“Porque representan la inocencia amenazada.”
Silencio.
La respuesta verdadera sería menos interesante.
Hitchcock regresa a Londres.
Ya es un hombre mayor.
Camina lentamente por una calle.
Regresé a Londres para hacer una película sobre un asesino.
Pausa.
Fue una experiencia nostálgica.
Mira los edificios.
Londres había cambiado.
Pausa.
Yo también.
Mira a cámara.
Un escenario vacío.
Hitchcock entra.
Ya no hay actores.
Ya no hay cámaras.
Solamente una silla de director.
Mi última película fue Family Plot.
Se sienta.
Después de eso, tuve que enfrentar un problema terrible.
Pausa.
¿Qué hace un director cuando ya no tiene película que dirigir?
Mira alrededor.
Vemos todos los sets anteriores:
The Lodger.
Rebecca.
Notorious.
Rear Window.
Vértigo.
North by Northwest.
Psycho.
The Birds.
Frenzy.
Todos aparecen como habitaciones de una misma casa.
Hitchcock camina por ellas.
Finalmente llega a una puerta.
Antes de salir, se vuelve hacia la cámara.
He pasado mi vida inventando culpables.
Pausa.
He perseguido inocentes.
Pausa.
He hecho que mujeres griten.
Pausa.
He hecho que hombres corran.
Pausa.
He hecho que el público mire detrás de las cortinas, debajo de las camas y dentro de las duchas.
Sonríe.
Y ahora, después de tantos años, me gustaría confesar algo.
Se acerca a cámara.
Silencio.
Nunca tuve la menor idea de cómo terminar una película.
Pausa.
Por eso siempre hacía que apareciera la palabra:
THE END
Hitchcock abre la puerta.
Antes de desaparecer, agrega:
Aunque, entre nosotros…
Mira hacia atrás.
Ningún buen director cree realmente en los finales.
Cierra la puerta.
Negro.
Se escucha un último sonido:
TCH… TCH… TCH…
Como los violines de Psycho.
Y aparece el título:
ALFRED HITCHCOCK
El hombre que convirtió su propia vida en una escena de suspenso.
FIN.
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