• Nosotros
  • Contacto
  • Directorio
  • Aviso de Privacidad
Sin Resultados
Ver todos los resultados
AMEXI
  • Nacional
  • Voz Laboral
  • Exclusivas
  • Estados
  • Internacional
  • Economía
  • Deportes
  • Espectáculos
  • Cultura
  • Vida y Estilo
  • Opinión
  • Multimedia
    • Fotogalería
    • Infografía
    • Video
Writy.
  • Nacional
  • Voz Laboral
  • Exclusivas
  • Estados
  • Internacional
  • Economía
  • Deportes
  • Espectáculos
  • Cultura
  • Vida y Estilo
  • Opinión
  • Multimedia
    • Fotogalería
    • Infografía
    • Video
Sin Resultados
Ver todos los resultados
AMEXI
Sin Resultados
Ver todos los resultados

Ellas: las que estuvieron siempre

Rizando el Rizo / por Boris Berenzon Gorn

Boris Berenzon Gorn Por Boris Berenzon Gorn
29 de septiembre de 2026
En Rizando el Rizo
Portada del libro Ellas, las mujeres del 68, de Susana Cato

Portada del libro Ellas, las mujeres del 68, de Susana Cato

CompartirCompartirCompartir
Boris Berenzon Gorn
Boris Berenzon Gorn

Y estaban ellas. Ellas, las que estuvieron siempre. Y es también por ellas que, ante la proximidad de este 2 de octubre de 2026, vale la pena volver la mirada hacia 1968: para conmemorar, sí, pero también para repensar aquel movimiento desde las voces que durante demasiado tiempo quedaron en los márgenes del relato. No como una nota al pie. No como acompañantes de los protagonistas. No como figuras secundarias de una épica escrita por otros.

Estuvieron allí donde ocurría la historia: en las brigadas, en las asambleas, en las calles y en las escuelas; en los mercados donde se discutía y se explicaba el movimiento; en las casas que abrieron sus puertas; en las cárceles y en los espacios de cuidado; en la propaganda, la fotografía, el teatro, la poesía y la música. Estuvieron sosteniendo la vida cotidiana cuando la vida cotidiana había dejado de ser normal. Y estuvieron, también, en la memoria. 

Una parte esencial de esa historia puede recuperarse en Ellas. Las mujeres del 68, de Susana Cato, publicado por Ediciones Proceso, un libro que reúne dieciocho testimonios de mujeres vinculadas, desde experiencias muy distintas, con aquel movimiento y que cuenta con un prólogo de Elena Poniatowska. Pero quizá lo más importante del libro no sea solamente aquello que cuenta, sino aquello que consigue devolvernos: una multitud de voces allí donde durante décadas predominó una sola narración. 

Te Puede Interesar

México, país de generaciones

México, país de generaciones

22 de septiembre de 2026
Reflecting Absence, memorial levantado donde estuvieron las Torres Gemelas en Nueva York. AMEXI Foto RRSS

11-S: La luz después de las torres

15 de septiembre de 2026

Un coro en lugar de un monumento

El gran acierto de Susana Cato está en haber elegido la entrevista como instrumento de memoria. La entrevista puede parecer un género humilde. No lo es. Cuando una periodista se sienta frente a una mujer y consigue que vuelva sobre una experiencia ocurrida medio siglo atrás, no está simplemente recogiendo datos. Está entrando en ese territorio frágil donde la historia y la memoria se encuentran: un lugar hecho de recuerdos, silencios, imágenes, emociones, contradicciones y detalles que el tiempo no consiguió borrar. En Ellas, la historia no avanza como una línea recta. Avanza como un caleidoscopio. 

Cada mujer modifica el dibujo. Una recuerda una calle. Otra, una asamblea. Otra, una cárcel. Otra, el miedo. Otra, una canción. Otra, una escena familiar. Otra conserva en la memoria un instante que en su momento pareció insignificante y que, con el paso de los años, terminó revelándose como parte de una historia mayor. Por eso el libro es mucho más que una colección de entrevistas. Es un coro. 

Judith Reyes aparece vinculada a la canción de protesta; Elisa Ramírez, a la poesía, la antropología y la militancia; María Rojo, al teatro y al miedo de aquellos días; Rina Lazo, a la pintura y la prisión; Eufrosina Rodríguez, a la educación y la participación política; Claudia Calderón, a una infancia atravesada por el movimiento; María García, a la fotografía. Y junto a ellas aparecen Martha Arias, Patricia de los Ríos, Margarita Castillejos, las hermanas Beatriz y Arcelia Ramírez, Olivia Revueltas, Alcira Soust Scaffo, Cristina Barros, Mariángeles Comesaña, Herlinda Sánchez Laurel Zúñiga, Antonia “Toña” Candela y Ana Ignacia Rodríguez, “La Nacha”. Nombres distintos. Oficios distintos. Edades distintas. Experiencias distintas. Una misma época. La ruptura del arquetipo femenino y la construcción de una nueva femineidad coherente con lo que se vivía y se actuaba que sin duda algún marco a las siguientes generaciones de manera contundente.  

Y precisamente ahí reside la riqueza del libro: en no intentar fabricar una mujer del 68, sino en mostrar que hubo muchas maneras de ser mujer dentro de aquel acontecimiento. 

Una ciudad mirada desde ellas

También puede leerse Ellas como un retrato de la Ciudad de México. No solamente de la ciudad monumental, la de las grandes avenidas y las plazas donde se escriben los acontecimientos históricos, sino de esa otra ciudad mucho más íntima que suele desaparecer de los relatos oficiales. Está Ciudad Universitaria. Está el Politécnico. Están las preparatorias. Están las calles de las manifestaciones. Los mercados. Las casas que se convierten en refugio. Los talleres, los teatros, las imprentas y los salones de clase. Está la cárcel. Está Tlatelolco. 

Pero está también la ciudad invisible: la de las cocinas, los dormitorios, las conversaciones familiares, los noviazgos, las amistades, los hermanos, las madres y los padres. La ciudad donde una muchacha tiene que decidir si sale de casa, donde una madre descubre que tiene miedo, donde una familia comienza a comprender que aquello que sucede en las calles también ha entrado por la puerta de su propia casa. Y esa mirada modifica nuestra percepción del 68. 

Porque los grandes acontecimientos no ocurren solamente en las plazas. También ocurren en los espacios íntimos. Ocurren en una conversación. En una decisión. En un miedo. En una puerta que se abre. En una mujer que descubre que puede tomar la palabra. En el instante preciso en que alguien comprende que el mundo que hasta entonces había aceptado como normal ya no puede seguir siendo normal. 

La contradicción dentro de la contradicción

Sí. Aquí conviene que el párrafo no se quede sólo en la contradicción de género, sino que muestre al 68 como un momento de desplazamiento de mentalidades: algo empezó a cambiar en la manera en que las mujeres se veían a sí mismas y en la manera en que la sociedad podía empezar a mirarlas. Y que Cato consigue capturar ese cambio no mediante una tesis explícita, sino a través de recuerdos, gestos, decisiones y trayectorias. 

La transformación de las mujeres y de la sociedad

Aquí aparece una de las grandes singularidades —y también una de las grandes transformaciones— de la participación femenina en el 68. Las mujeres formaron parte de un movimiento que reclamaba libertad, democracia, autonomía y justicia, pero lo hicieron dentro de una sociedad profundamente atravesada por las desigualdades de género. Y esas contradicciones no desaparecieron al entrar en el movimiento. También estuvieron allí. Sin embargo, algo comenzó a cambiar. 

El 68 no transformó de un día para otro las condiciones de vida de las mujeres ni borró las estructuras que las mantenían en un lugar subordinado. Pero sí abrió una grieta en muchas certezas. Para numerosas jóvenes, participar en las brigadas, discutir en las asambleas, recorrer las calles, tomar la palabra, organizarse y enfrentarse a la autoridad significó descubrirse de otra manera: como sujetos capaces de decidir, de intervenir en la vida pública y de reclamar un lugar propio. Y esa experiencia no terminó cuando las calles volvieron a vaciarse. Quedó en ellas y, con el tiempo, contribuyó a modificar la manera en que una generación de mujeres se relacionaría consigo misma, con los hombres y con la sociedad. 

El cambio de mentalidad también ocurrió, aunque de manera lenta, contradictoria y desigual, en la sociedad que las rodeaba. Las mujeres comenzaron a hacerse visibles no solamente como estudiantes, hijas, novias, esposas o cuidadoras, sino como participantes de la vida política y cultural del país. El 68 puso en movimiento preguntas que irían mucho más allá de aquel año: quién podía hablar, quién podía decidir, quién podía ocupar el espacio público y quién tenía derecho a construir su propia voz. 

La investigación histórica ha documentado que muchas mujeres fueron destinadas a tareas de cuidado, alimentación y limpieza, mientras otras participaron en brigadas, propaganda, organización, difusión y representación política. Algunas llegaron a ser delegadas y portavoces. Pero quizá lo más revelador sea observar que esas funciones convivieron, a veces en una misma mujer, con una transformación más profunda: la conciencia de que también podía ser protagonista. 

Y es precisamente ese cambio, en sus distintas formas y matices, el que Susana Cato consigue atrapar en Ellas. Las mujeres del 68. No lo hace mediante una explicación abstracta, sino a través de las voces, los recuerdos, las escenas y las trayectorias de sus protagonistas. Está en la muchacha que se atreve a salir a la calle, en la mujer que descubre el poder de una brigada, en quien toma la palabra, en quien escribe, fotografía, canta, organiza o simplemente decide estar. Está también en las contradicciones, en los miedos y en aquello que después de 1968 ya no volvió a ser exactamente igual. 

Cato atrapa así el 68 como experiencia política, pero también como experiencia íntima: el momento en que una generación comenzó a mirar de otra manera el mundo y, al hacerlo, comenzó también a mirarse de otra manera a sí misma. Porque quizá una de las herencias menos visibles de aquel movimiento sea precisamente ésa: haber puesto en movimiento no sólo las calles, sino también las conciencias. 

La singularidad es vigorosa: mientras el movimiento discutía las estructuras de poder del Estado, las mujeres tenían que abrirse camino también dentro de una cultura política que con frecuencia reproducía las jerarquías de género de la sociedad que pretendían transformar. Pero sería igualmente injusto reducir su participación a las tareas que tradicionalmente se les asignaban. Porque ellas hicieron mucho más. Organizaron. Escribieron. Fotografiaron. Cantaron. Imprimieron. Hablaron. Repartieron propaganda. Participaron en las brigadas. Defendieron a sus compañeros. Fueron encarceladas. Tuvieron miedo. Y, aun con miedo, estuvieron allí. 

El derecho a aparecer en la historia

Quizá por eso recuperar estas voces no sea un simple acto de reparación histórica. Es también una manera de comprender mejor el 68. Porque cuando una historia elimina a quienes estuvieron en ella, no solamente comete una injusticia con esas personas: también empobrece el acontecimiento. El 68 fue más grande que sus dirigentes. Más grande que sus fotografías más conocidas. Más grande incluso que sus símbolos. Fue una experiencia colectiva, y toda experiencia colectiva está hecha de innumerables vidas que rara vez aparecen en los monumentos.

Las mujeres que participaron en aquel movimiento no estuvieron esperando a que la historia les concediera un lugar. Ya estaban allí. La historia, simplemente, tardó demasiado en mirarlas. Y ésa es quizá la mayor virtud de Ellas: no inventa una presencia que no existía. La revela. Las devuelve a la escena. Les devuelve sus nombres. Sus voces. Sus contradicciones. Su miedo. Sus recuerdos. Su juventud. Su valentía. Y, sobre todo, les devuelve algo que durante demasiado tiempo les fue negado: el derecho a aparecer no como acompañantes de la historia, sino como parte de quienes la hicieron. Porque ellas estuvieron. Estuvieron siempre. Y quizá ha llegado el momento de contar el 68 también desde ese lugar que nunca fue secundario: el lugar de ellas.

Lee: México, país de generaciones


El contenido de este artículo refleja exclusivamente la opinión y responsabilidad de su autor. Las ideas, afirmaciones y conclusiones aquí expresadas no representan la postura oficial ni la línea editorial de la agencia AMEXI, que mantiene independencia y neutralidad en sus publicaciones.
Etiquetas: 19682 de octubremujeres del 68
Boris Berenzon Gorn

Boris Berenzon Gorn

Te Puede Interesar

México, país de generaciones

México, país de generaciones

22 de septiembre de 2026
Reflecting Absence, memorial levantado donde estuvieron las Torres Gemelas en Nueva York. AMEXI Foto RRSS

11-S: La luz después de las torres

15 de septiembre de 2026

Fechas y fachas

8 de septiembre de 2026

La política lejos del equilibrio

1 de septiembre de 2026
Next Post
Lluvias fuertes en 22 estados podrían causar inundaciones y encharcamientos, mientras el calor superará los 45 °C en Baja California. | AMEXI/FOTO: RRSS

Polo y Rachel ocasionarán lluvias torrenciales y fuertes vientos en estos estados

¡Compra tus boletos aquí!

Buscar

Sin Resultados
Ver todos los resultados

Síguenos en Redes

Sigue el canal de AMEXI

¡Compra tus boletos aquí!

ADVERTISEMENT
Amexi

Queda prohibida la reproducción total o parcial sin autorización previa, expresa o por escrito de su titular. Todos los derechos reservados ©Agencia Amexi, 2024.

  • Nosotros
  • Contacto
  • Directorio
  • Aviso de Privacidad

© 2024 AMEXI

Sin Resultados
Ver todos los resultados
  • Nacional
  • Voz Laboral
  • Exclusivas
  • Estados
  • Internacional
  • Economía
  • Deportes
  • Espectáculos
  • Cultura
  • Vida y Estilo
  • Opinión
  • Multimedia
    • Fotogalería
    • Infografía
    • Video

© 2024 AMEXI