Mauricio Rodríguez Álvarez señala que recuperar las coberturas exige vacunas disponibles, acceso real y una comunicación capaz de fortalecer la confianza de la población.
Las enfermedades prevenibles pueden resurgir cuando se deterioran las coberturas de vacunación y la confianza de la población, advirtió Mauricio Rodríguez Álvarez, vocero del Programa Universitario de Investigación sobre Riesgos Epidemiológicos y Emergentes de la UNAM.
El especialista alertó que proteger a la población frente a los riesgos epidemiológicos no depende únicamente de contar con vacunas y otros recursos sanitarios. También exige acceso equitativo, comunicación responsable y acción colectiva.
En el caso del sarampión, afirmó que las fallas de vacunación se agudizaron durante los últimos años, lo que generó condiciones para que el virus encontrara a personas sin protección.
Durante la Cátedra Extraordinaria de Bioética, Rodríguez Álvarez sostuvo que la disponibilidad de una vacuna no garantiza por sí misma que todas las personas puedan acceder a ella.
El sarampión y la población sin protección
Rodríguez Álvarez utilizó el sarampión como ejemplo de las consecuencias que puede tener la acumulación de personas susceptibles.
Afirmó que las fallas de vacunación se agudizaron durante los últimos años, lo que generó condiciones para que el virus encontrara a personas sin protección.
De acuerdo con las cifras citadas por el especialista durante su intervención, el brote en México comenzó en febrero de 2025 y, al 27 de agosto de 2026, se habían registrado 19 mil 378 casos confirmados y 45 defunciones.
El especialista insistió en que mantener bajo control las enfermedades prevenibles requiere un esfuerzo permanente y sostenido.
Las epidemias pueden aparecer cuando se acumula población susceptible, especialmente cuando persisten condiciones que limitan la protección de determinados grupos.
Coberturas de vacunación: acceso y confianza
Rodríguez Álvarez, también profesor del Departamento de Microbiología y Parasitología de la Facultad de Medicina de la UNAM, consideró necesario mejorar las coberturas de vacunación, pero también construir una narrativa capaz de generar confianza y motivar a las personas a inmunizarse.
“Comunicar es una obligación ética”, afirmó.
Esto implica explicar qué se sabe y qué no se sabe, precisar el grado de certeza disponible y fundamentar las recomendaciones de salud.
Las brechas de vacunación, advirtió, no son solamente un problema de disponibilidad de biológicos.
También involucran confianza, comunicación, equidad, derechos humanos y justicia social.
Las condiciones sociales, económicas y políticas pueden limitar de manera sistemática la posibilidad de algunas personas para proteger su salud.
Los avances en vacunación pueden revertirse
De acuerdo con Rodríguez Álvarez, los avances globales en las coberturas de vacunación comenzaron a frenarse alrededor de 2010 y la pandemia de COVID-19 provocó un retroceso adicional que aún no se ha recuperado por completo.
El especialista destacó que, en los últimos 50 años, la vacunación ha evitado 154 millones de muertes en el mundo, de las cuales 146 millones correspondieron a menores de cinco años.
Sin embargo, advirtió que estos avances pueden revertirse si disminuyen las coberturas y se deteriora la confianza.
Cuando aumenta la protección en una población, disminuye la circulación del agente causal y también se reduce el riesgo para las personas más vulnerables.
La vacunación más allá de la intervención clínica

Durante la sesión organizada por el Programa Universitario de Bioética, Rodríguez Álvarez explicó que la vacunación es también una práctica de salud pública y una responsabilidad colectiva.
Actualmente, recordó, se inmuniza contra un mayor número de enfermedades y durante distintas etapas de la vida.
Hace más de cuatro décadas, las campañas masivas se concentraban en alrededor de seis padecimientos, principalmente durante la infancia.
Actualmente, recordó, alrededor de 20 enfermedades pueden prevenirse de manera rutinaria mediante la vacunación.
El desafío, sostuvo, consiste en recuperar y ampliar las coberturas, pero también en construir condiciones para que las personas puedan acceder a los servicios y confíen en las recomendaciones sanitarias.
La comunicación clara y responsable forma parte de esa estrategia porque informar con transparencia sobre la evidencia y sus incertidumbres puede contribuir a fortalecer la confianza necesaria para proteger a la población.
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