En México existen numerosas creencias alrededor del Día de Muertos y el camino que recorren las almas después de la muerte. Una de ellas recomienda no colocar una ofrenda a una persona que falleció hace menos de un año, pues, según la tradición, su espíritu todavía transita hacia el descanso eterno.
Esta creencia, transmitida por generaciones a través de los relatos de abuelos y abuelas, sostiene que el alma necesita un año para recorrer los nueve niveles del Mictlán, el inframundo de la cosmovisión mexica. Durante ese trayecto, asimila su partida y avanza hacia su destino final.
De acuerdo con esta tradición popular, colocar un altar antes del primer aniversario de su muerte podría interrumpir simbólicamente ese recorrido. Las flores de cempasúchil, el pan de muerto, las veladoras y los aromas de la ofrenda podrían atraer al espíritu hacia los recuerdos y el cariño de sus familiares.
Por esa razón, algunas familias prefieren esperar a que se cumpla el primer año del fallecimiento para dedicarle una ofrenda durante el Día de Muertos.
Sin embargo, esta creencia no significa olvidar a quienes ya partieron ni dejar de recordarlos. El cariño permanece a través de los recuerdos, las fotografías y las historias que mantienen viva su presencia entre sus seres queridos.
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Se trata de una creencia popular que no comparten todas las comunidades ni familias mexicanas. Las tradiciones del Día de Muertos cambian según la región y las costumbres de cada hogar.



