La vivienda sustentable ya es un modelo rentable para el sector inmobiliario, pero el principal desafío es ampliar su financiamiento para que más familias puedan acceder a hogares que consuman menos agua y energía, reduzcan su impacto ambiental y conserven su valor a largo plazo, coincidieron representantes de la Corporación Financiera Internacional (IFC), el Banco de Desarrollo de América del Norte (NADBank) y Grupo Vinte.
Durante el Urban Land Institute (ULI) Fall Meeting 2026, celebrado en Miami, los participantes analizaron cómo convertir la sustentabilidad en un modelo replicable para la industria inmobiliaria, sin que los costos de construcción representen una barrera para el acceso a la vivienda.
En este contexto, Grupo Vinte destacó que, al cierre de junio de 2026, el 73% de su deuda estaba clasificada como sustentable, vinculada a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) o a la certificación EDGE, mientras que la desarrolladora acumula más de 26 mil viviendas certificadas bajo ese estándar.
Vivienda sustentable: el reto es ampliar sus beneficios
Construir viviendas que consuman menos agua y energía, reduzcan su impacto ambiental y generen valor a largo plazo ya es una realidad. El verdadero desafío ahora es lograr que las desarrolladoras lleven estos beneficios a más familias sin que la sustentabilidad se convierta en un costo adicional que limite su acceso a una casa.
El director de Finanzas de Grupo Vinte, Domingo Valdés, comentó que la solución va más allá de que las empresas puedan conseguir tasas de interés preferenciales.
La clave está en asumir la sustentabilidad como un compromiso de largo plazo, respaldado por una combinación de capital y deuda que permita desarrollar comunidades y generar beneficios tanto para sus habitantes como para los inversionistas.
Esta fue una de las principales reflexiones durante el Urban Land Institute (ULI) Fall Meeting 2026 en Miami, en el que Grupo Vinte participó junto con representantes de la Corporación Financiera Internacional (IFC), del Banco Mundial, y el Banco de Desarrollo de América del Norte (NADBank), para analizar cómo convertir la sustentabilidad en un modelo replicable para el sector inmobiliario.
IFC destaca más de 26 mil viviendas certificadas de Grupo Vinte
Durante el encuentro, Joel Sánchez, de la Corporación Financiera Internacional (IFC), destacó que uno de los principales obstáculos es la percepción de que construir vivienda sustentable implica mayores costos y menor rentabilidad.
Sin embargo, señaló que existen casos que demuestran lo contrario, como Grupo Vinte, que acumula más de 26 mil viviendas certificadas bajo el estándar EDGE.
La relación entre ambas instituciones comenzó en 2008, cuando IFC, integrante del Banco Mundial, respaldó a la desarrolladora con capital y financiamiento de largo plazo, una apuesta que contribuyó a consolidar un modelo de negocio basado en criterios ambientales, sociales y de gobernanza.
Al cierre de junio de 2026, el 73% de la deuda de Grupo Vinte estaba clasificada como sustentable, vinculada a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) o a la certificación EDGE.
Financiamiento sustentable permitió crecimiento y adquisiciones
Valdés explicó que este modelo de financiamiento fue determinante para mantener el crecimiento de la compañía durante periodos de incertidumbre, como la crisis financiera global y la pandemia.
También permitió fortalecer su capacidad de inversión y concretar adquisiciones como las de Javer y Derex, con las que amplió su presencia en el mercado mexicano.
El directivo destacó particularmente el caso de Derex, una desarrolladora del noroeste del país que había construido un modelo de vivienda sustentable en una región marcada por la escasez de agua.
Su integración a Grupo Vinte, respaldada por el acceso a financiamiento institucional, mostró cómo las prácticas ambientales de empresas de menor tamaño pueden alcanzar una mayor escala, dijo.
NADBank plantea financiar infraestructura para mejorar la calidad de vida
Desde NADBank, la reflexión de Kari Bergman, directora asociada de Financiamiento de Infraestructura Ambiental, se centró en la importancia de financiar no solamente viviendas, sino también la infraestructura que sostiene su calidad de vida, como sistemas de agua, vialidades, escuelas y espacios públicos.
Asimismo, planteó que parte del desafío consiste en comunicar mejor estos beneficios al comprador, para que reconozca el valor de una vivienda sustentable en su patrimonio y vida cotidiana.
Por su parte, Joel Sánchez señaló que el siguiente paso será extender los incentivos hacia la resiliencia de los inmuebles. En Colombia, por ejemplo, se mencionó el caso de la aseguradora SURA, que comenzó a ofrecer tarifas especiales para edificaciones sustentables hace entre cinco y siete años y ahora avanza hacia esquemas que consideran su resiliencia.
IFC también cuenta con una herramienta, Building Resilience Index, que permite identificar riesgos y medidas para mitigarlos.
A futuro, este tipo de evaluaciones podría favorecer menores costos de aseguramiento y financiamiento, una posibilidad relevante para el mercado mexicano.
El desafío: que la vivienda eficiente llegue a más familias
El desafío es convertir estas experiencias en una práctica habitual del mercado, porque el verdadero avance de la vivienda sustentable no estará únicamente en cuántas casas obtengan una certificación, sino en cuántas familias puedan beneficiarse de una vivienda más eficiente, resiliente y capaz de conservar su valor con el tiempo.
La discusión formó parte del ULI Fall Meeting, uno de los encuentros internacionales más relevantes de la industria inmobiliaria, que reúne en Miami a más de cinco mil líderes del sector, entre desarrolladores, inversionistas, empresarios, urbanistas y representantes de gobierno, para analizar las tendencias que definirán el futuro de las ciudades y los mercados inmobiliarios.




