Alex Fernández, hijo de Alejandro Fernández y nieto de Vicente Fernández debutó este 31 de octubre en el Teatro Metropolitan de CDMX con un espectáculo que recorrió sus influencias, rindió homenaje a su familia y mostró su intención de abrirse camino con nombre propio.
Su llegada a este recinto fue acompañado de mariachi, banda, ballet folclórico y un repertorio que combinó temas propios con canciones que marcaron a su familia y a otros intérpretes.
El recinto recibió al cantante con una asistencia que ocupó parcialmente sus localidades. Sin embargo, la noche representó un paso importante en su camino. Aunque ya suma experiencia sobre los escenarios y participó en el programa Juego de voces, de TelevisaUnivision, Alex todavía atraviesa una etapa de descubrimiento ante buena parte del público. Esta presentación le permitió mostrar qué puede ofrecer más allá de su apellido.
Entre los asistentes estuvieron familiares, amigos y su mamá, América Guinart, quienes acompañaron al intérprete en esta presentación especial. Alex salió al escenario con traje negro de charro, mientras el mariachi abrió el espectáculo con clásicos de la música mexicana. Un ballet folclórico completó la primera estampa de la noche.

El cantante comenzó con “Qué bonita es esta vida” y continuó con “Peca de bonita”, “Buscando el olvido”, “Cuéntame”, “Le hace falta un beso”, “Disculpe usted” y “Bohemio de afición”. Desde el primer bloque dejó clara su apuesta: la música regional mexicana como punto de partida, pero también como un espacio para mostrar su propia voz.
Después llegó “Te amaré”, antes de dar paso a una selección de canciones que conectaron con distintas generaciones. Con “Sentimental”, “La diferencia” y “Mujeres divinas”, Alex recorrió parte del repertorio que ha acompañado a la música ranchera y que forma parte de la identidad musical de los Fernández.
Un homenaje a Vicente Fernández y al legado familiar
Uno de los momentos centrales llegó con el bloque dedicado a su abuelo. Antes de interpretarlo, una pieza audiovisual recuperó imágenes de Vicente Fernández. En ellas, el cantante agradecía el apoyo de sus hijos sobre el escenario y también dedicaba palabras a su “pollito”, como llamaba cariñosamente a Alex durante sus primeros pasos en la música.
La proyección dio paso a un momento personal. Alex tomó el micrófono y expresó: “Esta es mi manera de decirte gracias, abuelo, por tu ejemplo, por tu voz, por tu amor a la música. Hoy cantamos por ti y para ti”.
Entonces interpretó “Las llaves de mi alma” y continuó con “Volver, volver”. En esta última canción, la voz de su abuelo se hizo presente mediante un dueto audiovisual. La secuencia convirtió el homenaje en uno de los pasajes más emotivos de la presentación.
Después, Alex regresó con otro vestuario y el rostro maquillado para sumarse a la celebración del Día de Muertos. El cambio de imagen marcó una nueva etapa del concierto, que amplió su recorrido musical.
Con “Sabor a ti” y “El privilegio de amar”, el cantante mostró otra faceta de su repertorio. Luego presentó “Pídeme”, canción con la que rindió homenaje a Diego Verdaguer y compartió una anécdota sobre su relación con el tema.
“Esta canción siempre fue mi favorita de Diego. Siempre tuve ganas de grabarla y un día me habló y me dijo que por qué no la grababa, porque le gustaría escucharla conmigo. Acepté porque para mí es un honor. La grabamos y hasta la fecha es de mis canciones favoritas. Con todo respeto para el maestro”, contó.
La interpretación dio paso a “El tiempo no perdona”, “Loco por volverte a ver”, “Caballo de palo”, “Nada es normal”, “Hijo de la Luna” y “Elvis”. Con este bloque, Alex amplió el recorrido más allá de la música ranchera y mostró las distintas referencias que forman parte de su propuesta.
Una noche para dar el siguiente paso
El concierto tuvo un falso final antes de que el cantante regresara para el último bloque. La respuesta del público acompañó el cierre con canciones que forman parte de la historia musical de su padre y de su propia identidad artística.
Alex interpretó “Mátalas”, “Como quien pierde una estrella” y “El rey”. Finalmente, retomó “Qué bonita es esta vida” para despedirse con una coda que conectó el cierre con el inicio del espectáculo.
La presentación en el Metropolitan no fue una celebración de una carrera consolidada ni una demostración de convocatoria masiva. Fue una oportunidad para que Alex Fernández se presentara ante un público que todavía está descubriendo su propuesta.
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Su voz, el acompañamiento del mariachi y los homenajes a Vicente Fernández y Diego Verdaguer mostraron las raíces musicales que lo acompañan. Pero también dejaron ver su intención de construir un camino propio.
El apellido abre una puerta y representa una responsabilidad. Alex Fernández comienza a cruzarla con sus propias canciones, su interpretación y una presencia escénica que busca ganarse un lugar por mérito propio.



