El ajolote conquista corazones, aparece en juguetes, ilustraciones y hasta campañas publicitarias, pero su imagen adorable contrasta la realidad alarmante que está en peligro crítico de extinción y su supervivencia depende de que Xochimilco recupere la salud de sus canales.
Frente a esta amenaza, la artista Caitlin Joanna Hutchins decidió convertir la preocupación en una aventura sobre el escenario con la obra “Aventura axolotl: ¡a la chinampa!”, un espectáculo familiar que combina danza, teatro y música para contar la historia de Chayote, un pequeño ajolote que necesita de todos para encontrar un nuevo hogar.
“Sin hábitat no hay ajolotes”, advierte su creadora en entrevista para AMEXI, al explicar por qué el cariño hacia esta especie debe transformarse en acciones concretas para protegerla.
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¿De qué trata “Aventura axolotl: ¡a la chinampa!”?
La propuesta sigue a Chayote, un ajolote nacido en un laboratorio que debe prepararse para dar el salto hacia una chinampa-refugio en Xochimilco.
Su viaje es también una invitación a conocer el trabajo de científicos y chinamperos que colaboran para recuperar las condiciones necesarias para que esta especie pueda sobrevivir.
“Sentí que esta moda de los ajolotes podía aprovecharse para bien: para educar, para animar a quienes defienden al ajolote y su hábitat y para crear un puente entre ellos y el público”, explicó.
La directora, dramaturga, coreógrafa y compositora consideró que la fascinación que despierta este anfibio debe ir más allá de su imagen entrañable, pues no basta con convertirlo en un emblema cultural si no existe un compromiso real con la conservación del territorio que le permite vivir.
“Todo el mundo está hablando de ajolotes, viendo ajolotes y ocupando los ajolotes, hasta en publicidad y productos. Estamos en un momento donde tenemos escasos meses para revertir esa crisis, o ya no los vamos a tener. Es necesario hacer un esfuerzo contundente, multisectorial y multidisciplinario. Por eso la obra es como un llamado de atención para decir: estas son las cosas que podemos hacer para rescatar a nuestro héroe nacional”, señaló.
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Chayote: un viaje del laboratorio a las chinampas de Xochimilco
La idea de llevar al ajolote al escenario nació cuando Hutchins conoció el trabajo del Laboratorio de Restauración Ecológica del Instituto de Biología de la UNAM.
A través de una familia vecina supo de las investigaciones y acciones que desarrolla este equipo en colaboración con productores chinamperos de Xochimilco.
El proyecto trabaja en la recuperación del hábitat mediante la creación de espacios de refugio para los ajolotes.
En canales pequeños conocidos como apantles se colocan biofiltros que ayudan a protegerlos de depredadores y contaminación y donde se busca generar condiciones para que ejemplares criados en laboratorio puedan ser trasladados a espacios controlados dentro de las chinampas.
La contaminación del agua, el aumento de su temperatura y la presencia de especies introducidas, como la tilapia y la carpa, son algunos de los factores que complican la supervivencia del ajolote en la vida silvestre.
Al conocer esta iniciativa, Hutchins encontró una historia que podía convertirse en una experiencia escénica y, al mismo tiempo, contribuir a difundir una alternativa concreta de conservación.
“Me conmovió mucho saber que estaban haciendo algo para restaurar todo el hábitat del ajolote, porque sin hábitat no hay especie. Es un rescate holístico, una colaboración entre ciencia y conocimiento ancestral, donde los productores chinamperos tienen el protagonismo principal”, contó.
Ese descubrimiento dio forma al personaje de Chayote, quien nace en un laboratorio y debe enfrentar el miedo a dejar el entorno que conoce para comenzar una nueva vida en una chinampa-refugio.
“Chayote tiene mucho miedo porque desconoce ese mundo. Durante la obra conoce a científicos, vecinos, otros animalitos y ajolotes, además de un chinampero donde va a llegar a habitar. Todo el espectáculo es acompañarlo en esa gran mudanza, hasta que comprende que no está solo y que necesita de todos nosotros”, explicó la creadora.
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“La herramienta más eficaz de la pedagogía es la diversión”
“Aventura axolotl: ¡a la chinampa!” reúne a 10 intérpretes que cantan, bailan y actúan durante la función e incorpora 15 canciones originales y música en vivo con batería, teclado y bajo eléctrico, además de danza contemporánea, teatro y narración.
Para Hutchins, transformar los datos científicos en una historia para niñas, niños y adultos no fue una obligación didáctica, sino un proceso creativo que le permitió encontrar distintas maneras de comunicar información compleja.
“Yo creo que no se sintió como un reto, se sintió como un rompecabezas. Para mí, ese es uno de mis mayores gozos como artista: descifrar cuál es la mejor forma, los mejores vehículos y las mejores técnicas para hacer llegar esta información. Empiezas leyendo mucho, entrevistando a los científicos, pero después vas descubriendo quién y cómo puede comunicar ese mensaje”, relató.
La respuesta fue recurrir al humor, el movimiento y la música como herramientas para acercar al público a una problemática ambiental que puede resultar difícil de comprender o incluso generar desesperanza.
“Me quedó claro que tenía que ser a través de la diversión, porque la herramienta más eficaz de la pedagogía es la diversión. Entonces, música divertida, movimiento divertido, personajes memorables y situaciones que permitan abordar temas complejos y pesados de una manera lúdica”, agregó.
La obra no busca que los espectadores reciban una lección sobre el ajolote, sino que descubran por medio de la experiencia escénica por qué su supervivencia depende de la salud de todo un ecosistema.
La ciencia detrás de la historia
La investigación fue una parte fundamental del proceso creativo, pues Hutchins contó con el acompañamiento de Vania Mendoza, Ilana Villanueva y el doctor Luis Zambrano, integrantes vinculados al Laboratorio de Restauración Ecológica de la UNAM, quienes revisaron información, guion, letras y ensayos para contribuir a que el contenido científico fuera preciso.
La directora también recordó la participación de especialistas del Museo Anfibio de Chapultepec, quienes asistieron a un ensayo general e hicieron observaciones para precisar algunos datos.
“Les debo mucho a Vania Mendoza, Ilana Villanueva y al director del laboratorio, el doctor Zambrano. Al presentarles el guion, las letras y la música, escucharon, vieron ensayos y comentaron el trabajo para hacerlo mucho más contundente, concreto y correcto, para que la información fuera verídica y estuviera claramente presentada. Realmente fue un esfuerzo grupal”, destacó.
Ese diálogo entre artistas y especialistas también permitió que la obra se concibiera como un proyecto vivo, capaz de incorporar nuevas precisiones conforme avance el conocimiento sobre la especie y su entorno.
Además, la producción cuenta con una página web https://www.aventuraaxolotl.com que funciona como una extensión de la experiencia teatral, ya que el público puede encontrar información sobre el proyecto, escuchar canciones, consultar lecturas recomendadas y conocer iniciativas relacionadas con la protección de Xochimilco.
Entre ellas se encuentra una petición vinculada con el reglamento de la zona, cuyo objetivo es contribuir a garantizar la calidad del agua que llega a las chinampas.
También se difunde el proyecto “Adopta Xolotl”, mediante el cual las personas pueden realizar aportaciones para apoyar el programa de Chinampa Refugio y favorecer la creación de más espacios seguros para los ajolotes.
“Sin hábitat no hay ajolotes”: el mensaje que atraviesa la obra
Aunque la historia tiene como protagonista a un anfibio, el propósito de Hutchins es que el público comprenda que la conservación no puede concentrarse únicamente en una especie.
Durante la entrevista, la creadora identificó dos frases que resumen el sentido de la puesta en escena: “Sin hábitat no hay ajolotes” y “Juntos, juntos no nos desanimamos”.
La primera recuerda que la recuperación de la especie depende de atender las condiciones ambientales de Xochimilco, mientras que la segunda plantea que la solución requiere la participación de distintos sectores de la sociedad, desde investigadores y productores hasta familias, autoridades y habitantes de la ciudad.
La obra termina con la canción “Equipo Ajolote”, una invitación a reconocer que las personas también forman parte de ese esfuerzo colectivo.
“Es decir que todos podemos formar parte de ese equipo ajolote y lo creo verdaderamente: hay pequeñas acciones que todos podemos tomar para mover esta situación”, afirmó.
La directora también mencionó las movilizaciones de habitantes de San Gregorio, en Xochimilco, para defender la calidad del agua que llega a sus cultivos.
En ese sentido, consideró que escuchar y respaldar las demandas de los pueblos originarios es una manera de involucrarse en la protección del territorio.
“Podemos sumarnos a las voces de los originarios de la zona, que son pueblos originarios defendiendo agua y tierra para el bien de todos. En la medida en que podemos apoyar sus causas, podemos hacer bien para nuestra ciudad, para nuestra agua y nuestro aire y, por ende, para el ajolote”, sostuvo.
Xochimilco, un ecosistema del que también depende la ciudad
Para Hutchins, el mensaje ambiental de la obra no se limita a la supervivencia de un animal emblemático, pues Xochimilco tiene una importancia ecológica, cultural y alimentaria que repercute en el bienestar de toda la zona metropolitana.
La creadora destacó el valor de la chinampería como un sistema de producción agrícola ancestral y eficiente, cuyo potencial consideró que todavía no se aprovecha plenamente, pues los chinamperos le hicieron saber que si se cultivara el 100 por ciento de las chinampas se tendría la capacidad de dar alimento a todo el Valle de México.
“Lo que más aprendo acerca de Xochimilco, más me sorprende y más urgente veo atender sus necesidades, no solo por el ajolote, sino por el bien de los seres humanos. Necesitamos de Xochimilco para estar sanos nosotros”, expresa.
En ese sentido, la puesta en escena propone mirar las chinampas más allá de su atractivo turístico, pues son parte de un territorio productivo, de una tradición de conocimiento y de un ecosistema que necesita condiciones adecuadas para mantenerse.
Una obra que busca llegar a escuelas y comunidades
“Aventura axolotl: ¡a la chinampa!” comenzó su temporada de estreno con una presentación de entrada libre en el Jardín Botánico del Instituto de Biología de la UNAM, un espacio que Hutchins consideró especialmente significativo por su relación con la biodiversidad y por la cercanía con el trabajo del laboratorio que inspiró el proyecto.
La intención de la compañía es que la puesta en escena no se limite a una temporada, sino que pueda circular por distintos espacios de la ciudad, especialmente aquellos donde su mensaje tenga mayor impacto.
“Estamos en nuestra temporada de estreno, con el apoyo de EFIARTES. Tenemos programadas las primeras funciones y estamos gestionando otras dos. Justamente buscamos zonas muy transitadas y relevantes para la obra. Estamos en conversaciones con el laboratorio y con autoridades para ver dónde podemos tener más impacto y, ojalá, presentarnos en formato de entrada libre”, comentó.
Y añadió que “la idea es que, a partir de nuestra temporada, la obra esté a disposición y al servicio de nuestra ciudad. Como elenco queremos crear arte relevante, útil y que eleve el discurso público. Realmente es una ofrenda a nuestra sociedad”.
¿Dónde ver “Aventura axolotl: ¡a la chinampa!”?
La producción tendrá cuatro funciones en 2026 en Bambudésica, dentro de Huerto Roma Verde, un espacio dedicado a proyectos ambientales y comunitarios en la Ciudad de México.
Las presentaciones serán el sábado 24 y domingo 25 de octubre, a las 13:00 y 16:00 horas. El foro, un domo de bambú con capacidad aproximada para 80 personas, permitirá una experiencia cercana entre los intérpretes y el público.
Las funciones forman parte de un festival de cempasúchil organizado en el huerto, que incluirá una ofrenda y talleres, por lo que la visita también puede convertirse en una actividad familiar de fin de semana.
La entrada tiene un costo de 250 pesos y los boletos se pueden adquirir a través de Passline. La producción está dirigida a público familiar y tiene una duración aproximada de 70 minutos, sin intermedio.
Para Caitlin Joanna Hutchins, el propósito final es que la historia de Chayote no termine cuando se apagan las luces del escenario, pues su deseo es que los espectadores comprendan que el destino del ajolote está ligado al de Xochimilco y que su conservación necesita de la participación de todos.
En los últimos minutos de la obra, Chayote expresa que necesita a las niñas y los niños, pero también a los adultos que trabajan en oficinas, en el campo, a agricultores, madres, padres y autoridades.
“Él nos necesita a todos para cambiar esta situación. Esta es nuestra petición final: que los adultos se apunten a tomar acciones concretas para revertir lo que está sucediendo en Xochimilco”, concluyó.
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