En “Celestino”, la incertidumbre no es un recurso narrativo: es el lenguaje mismo de la película. Desde su estreno en el FICG, la obra de Hans Bryssinck propone un viaje donde las certezas se diluyen y la identidad deja de ser un territorio fijo.
El punto de partida parece sencillo —un extranjero que sigue el rastro de un escritor—, pero pronto se transforma en una exploración más profunda sobre lo que habita dentro de nosotros.
El nahualismo como grieta interna
Lejos de la representación tradicional del nahual, Bryssinck plantea una lectura más compleja y perturbadora.
“Lo que aprendí del nahualismo es justamente que una persona al mismo tiempo puede ser otro ser, cuando el nahual está ahí metido”, explica el director Hans Bryssinck.
En esa línea, profundiza en la idea central de la cinta: “Más allá de la transformación en animal… es cuando dentro del cuerpo de un ser se mete otro ser o alma… entonces, ¿todavía es uno o ya es otro?”.
La película no responde la pregunta; la deja suspendida.

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La mirada extranjera y el riesgo del exotismo
El personaje de Iván no solo es protagonista, es también un punto de tensión: el observador que irrumpe en un universo que no le pertenece. Esa condición fue clave para el propio director, quien reconoce el desafío de representar una cultura ajena:
“Hay un peligro… cómo no caer en exotizar… cómo realmente entrar en una relación más íntima con elementos culturales de acá”, señala Bryssinck.
La película, en ese sentido, apuesta por la ambigüedad antes que por la explicación.
Un universo femenino que resiste y observa
En contraste, la casa que recibe al extranjero está dominada por una lógica distinta. La primera actriz Evangelina Martínez describe ese encuentro como un juego de tensiones:
“Se encuentra con una familia… una madre con tres hijas… y ellas también tratan de inmiscuirse en él… ‘¿este hombre, este güero, qué trae?’”.
Su personaje no solo observa: confronta. Cuestiona la presencia del otro desde una intuición que no necesita explicación racional.
Sobre su decisión de integrarse al proyecto, Martínez añade:
“Me encantó… contar esta historia de misticismo envuelta en una atmósfera misteriosa y reconfortante”.LEER: Ataque en Teotihuacán fue planeado; agresor usó arma sin registro por su antigüedad
Tianguistengo: el tiempo detenido
El espacio donde ocurre la historia refuerza esa sensación de extrañeza. Tianguistengo aparece como un lugar suspendido, donde la neblina y la madera construyen un entorno casi onírico.
“Es un pueblo con mucha historia… un clima muy particular, muy misterioso”, afirma Bryssinck.
Martínez complementa esa visión desde lo sensorial: “Es un pueblo que se quedó en el tiempo… entra la neblina por las calles… todo eso le da un encanto”.
Una película que no se resuelve
“Celestino” no busca cerrar su relato. Al contrario, insiste en abrirlo. La ambigüedad es su apuesta formal y narrativa.
“Buscaba un tono retorcido y extraño… mantener la incertidumbre hasta el final”, concluye Bryssinck.
En ese gesto, la película se distancia del thriller convencional y se acerca más a una experiencia: una donde el espectador no encuentra respuestas, pero sí preguntas que permanecen.






